Este es un foro dedicado a las Fuerzas Armadas Mexicanas así como de los diferentes Cuerpos de Policía y demás entes que se dedican a la Seguridad interna de México.


López de Santa Anna, Antonio (1794-1876)

Comparte
avatar
Mexwarrior
Guardiamarina
Guardiamarina

Mensajes : 650
Masculino

López de Santa Anna, Antonio (1794-1876)

Mensaje por Mexwarrior el 24/6/2012, 10:44 pm















(Continuará...)


Última edición por Mexwarrior el 25/6/2012, 10:35 am, editado 2 veces
avatar
Mexwarrior
Guardiamarina
Guardiamarina

Mensajes : 650
Masculino

Re: López de Santa Anna, Antonio (1794-1876)

Mensaje por Mexwarrior el 24/6/2012, 10:47 pm

NI AMIGO NI ENEMIGO:

SOLO DIGO LA VERDAD,

Ó SEA

EL GENERAL SANTA-ANNA

ACUSADO POR LOS DESCONTENTOS.


HA llegado un precioso momento para los enemigos
del general Santa-Anna: hoy, ahora que acaba de sufrir
un descalabro, es el caso de acusarlo de inepto, de
ligero, de traidor, de cuanto se quiera; ¿qué importa
que no se tengá en el corazón tal convicción? Es el momento
de alucinar: y los egoistas, aquellos; que desean
que se haga todo sin que ellos sufran nada; los censo-
res de gabinete, aquellos para quienes una reputación
es una cosa ficticia; la muchedumbre; que no aprecia sino
los resultados, dará oído á las pomposas palabras,
á los engañosos discursos, hijos solos de la venganza
y de la cobardía. Una voz técnica tontamente
-- ( 2 ) --

aplicada, una máxima militar manoseada hasta de fastidio
y audacia, en el decir, harán pasar ante el vulgo
á los enemigos del general Santa-Anna por consumados
militares, por hombres del arte, y por dignos jueces
del general del ejército.

Con tan bellas disposiciones, sabiendo tanto en el
arte de la guerra estos patriotas de sofá, ¿no son unos
traidores á su pais con no prestar sus servicios en obsequio
de la independencia que se pierde?

Con tales generalísimos ¿no habríamos evitado las
desgracias de la Resaca, Monterey, Veracruz y Cerro-
gordo? ¿No habríamos triunfado en Palo alto y consumado
la victoria en la Angostura? ¿Dónde estaban
estos censores que no solicitaban del gobierno el
mando del ejército, dando la seguridad de triunfar?
¿Estos calificadores han acaso, como el general Santa-
Anna, sacrificado su fortuna, dejado su descanso por
la guerra, abandonado una joven y apreciable familia
por las penalidades de la campaña? ¿Tienen y han
demostrado su genio, su actividad, su energia; están, en
fin, en esos restos del ejército, que sin descanso, sin elementos,
sin probabilidad ninguna de triumfo, se han
presentado siempre al enemigo, si no para triumfar, sí
para combatir y morir por su pais? Que publiquen sus
nombres los señores descontentos que es á quienes nos
dirigimos, y verá México que no son sino enemigos miserables
y rastreros del general Santa-Anna, y de ninguna
manera hombres á quienes la nación y su independencia
les deba un solo servicio.

¿Han acompañado estos señores acaso al general que
juzgan, en sus campañas nacionales de Tampico, Veracruz,
Tejas y la actual contra el Norte América? ¿Estos
sabios patriotas después de la capitulación de Mon-
-- ( 3 ) --
terey, y cuando la campaña parecía concluida, pues no
quedaba al pais sino unos centenares de hombres faltos
de todo, ¿ayudaron al general Santa-Anna á la improvisación
de un ejército, que solo él formó, sin recursos
ni auxilio alguno del gobierno de aquella época, y
del que aun quedan en San Luis siete ú ocho mil hombres?
Si no se presentaron personalmente, ¿mandaron
algún auxilio pecuniario ó de armas á aquellos beneméritos
soldados? Provocamos de nuevo á esos señores
á que publiquen su nombre y lo haremos nosotros,
que ni aduladores ni criaturas del general Santa-Anna,
salimos hoy á su defensa, y México juzgará. Hipócritas
y aun traidores, con pretesto de acusar al general
Santa-Anna, desacreditan las armas de la nación publicando
que el combatedeCerro-gordo no era desigual,
pues casi y sin casi, había igual número de combatientes,
siendo nuestra la ventaja de las posiciones. ¿Concurrieron
acaso estos señores á esa jornada desgraciada, ó tuvieron
en su casa el parte de las fuerzas y operaciones del
enemigo, dado por el mismo para que asilo asienten?
En ninguna parte, escepto en la Angostura, han peleado
nuestras tropas con superioridad ni aun con igualdad
de fuerzas.

En Cerro-gordo fueron derrotadas nuestras tropas,
como lo fueron antes en las otras acciones, como aun lo
pueden ser tal vez, por la superioridad de elementos
del enemigo, por la muillilud de egoístas que entre nosotros
existen, por la falta de espíritu público que no
hace levantar á esos mismos censores, y que supuesto
que solo ellos conocen el arte de la guerra y tienen la
ciencia de la victoria, no corren al campo de batalla, y
remedian con su presencíalos desaciertos que juzgan
desde su casa.
-- ( 4 ) --

Ignorantes, pero atrevidos, no conocen de lo que escriben;
pero aglomeran palabras, acumulan disparates
y alucinan á los necios. Los señores descontentos
dicen, criticando la posición de nuestra caballería en
Cerro-gordo, que reservada es la nueva estrategia al ingenio
perspicaz de nuestro general Santa-Anna, etc.
¡Y que esto
escriban los críticos del general Santa-Anna! ¿Es la estrategia
acaso la ciencia de situar las tropas en el campo
de batalla? Saben ellos con semejante disparate lo
que critican? ¿Conocen el terreno, los recursos del general,
han apreciado la calidad de nuestros combatientes,
ó siquiera el punto táctico en que nuestra caballería
estaba situada?

¿No saben estos señores que una batería y mil y pico
de infantes de Puebla á las órdenes del Sr. Arteaga
estaban en este terreno, que era la retaguardia y que
se apoyaban mutuamente? ¿No saben que esta infantería
ni disparó su arma? Pero supuesto que el general
Santa-Anna calla sobre el detall de esa función de
armas, á pesar que seria para su defensa, callemos
también nosotros, y digamos como él, á pesar de los descontentos,
su inesperiencia nos fué funesta.

No hay hoy guien ignore que el general Santa-Anna tenia
en su posición de 10 á 12 mil hombres, y que la mayor
parte de ellos eran permanentes y activos
, dicen los descontentos;
pues nosotros lo ignoramos, lo ignoran todos
los que estuvieron en Cerro-gordo, lo ignora el general
Santa-Anna, lo ignora su gefe de estado mayor, y
solo lo saben los descontentos. Nosotros sabemos que
de la sección de Veracruz, á las órdenes del Sr. gene-
ral Canalizo y Vega, hubo baja tan escandalosa, que
del batallón de Jalapa que eran 600 hombres, quedaron
60; sabemos que mas ó menos sucedía lo mismo

-- ( 5 ) --
en los otros cuerpos, escepto, parece, en el batallón de
la Libertad; sabemos que aun los cuerpos ligeros y de
línea estaban reemplazados hacia un mes, y que cuerpos
enteros como el 6.° y Granaderos, eran tan nuevos
como la Guardia Nacional. Pero esto no importa,
el valor no falla al soldado mexicano, sea cívico, sea
permanente; pero con solo valor no se triunfa, sino
con la esperiencia y educación militar.

¡Critican y hablan estos señores de los conocimientos
tácticos y logísticos del general Santa-Amia, y preguntan
magistralmente: ¿En qué logística ha aprendido
el general Santa-Ánna que á la tropa bisoña se le coloca en
el punto demás riesgol etc
. Basta el modo bárbaro de
hacer tal pregunta, para conocer la ignorancia en el
arte del señor descontento. Mucha boga ha dado á
la logística el folleto titulado Rápida ojeada, y estamos
ciertos que aun con el Jomini y teniendo delante sus
diez y ocho aplicaciones de esta ciencia, no nos dice
el descontento las faltas respecto á ella cometidas en
Cerro-gordo.

Resumamos por fin que el descontento ó los descontentos
han criticado lo que ni entienden ni saben calificar;
que acusan sin conocer las circunstancias, ni la
situación, ni los elementos con que se encontraron en
Cerrro-gordo uno y otro ejército, uno y otro general;
que dominados por la pasión, forman cargos dictados
por el encono y la venganza, tal,vez por la malicia y la
traición, teniendo la intención de despertar odios, hoy
que el paisnecesita prudencia, unión y firmeza. ¡Quie'n
sabe hasta donde llevarán sus intereses los señores
descontentos! La nación debe precaverse mucho de estos
hombres que con el anónimo y con la máscara del
bien, quieren dividirnos, nulificar á nuestros hombres
-- ( 6 ) --
que, únicos servidores de ella, se presentan en el riesgo,
y que sin ciencia ó con ella, con medios para la victoria
ó sin ellos, son los únicos, como el general Santa-Anna,
que se hallan al frente del enemigo, los únicos que
combaten, y los únicos que esponen su existencia.

El pais va á tocar á su último estremo; cada ciudadano
va á ser soldado, y entonces los egoístas, los traidores,
esos censores que nada harán, quedarán en espectáculo
y se darán á conocer. No lo dudamos: allí
entre los indiferentes, entre esos hombres que tal vez
rodearán y adularán al enemigo, prosternándose ante
la voluntad del conquistador, encontraremos á los descontentos;
pero nunca en el campo de batalla, nunca en
el combate perdido ó ganado, no importa; pero donde
debe encontrarse el verdadero mexicano, el amante de
la independencia y la libertad, el enemigo del invasor.

Si esta clase de hombres obran de buena fe, si su
crítica es hija del amor al pais, ¿por qué no se acercan
al general Santa-Anna y le dicen: «Colócame, yo seré
tu segundo, seré tu gefe de estado mayor, permanece-
rá á tu lado en la campaña? ¿por qué no escriben sus
reflexiones, corrigen los desaciertos, y notan y manifiestan
sus ideas al general, que oye siempre y siempre
lee cuanto le mandan?

En fin, estamos en la crisis: el pueblo va á conocer
á sus defensores, y sabrá amarlos; va á conocer á los
egoístas y traidores, y sabrá castigarlos: para ese momento,
para mañana tal vez, emplazamos á los descontentos
del general Santa-Anna.

Antes de concluir, completará esta ligera defensa la
inserción departe de una carta del mismo señor Santa-
Anna á un amigo suyo de esta capital, fecha en
Orizava el 28 del que espira; dice así: "No pierdo la

-- ( 7 ) --
energía que siempre ha formado mi carácter, y los reveses
solo producen en mí el vivo y ardiente deseo de
repararlos. Mi patriotismo está acreditado, y constantemente
daré nuevas pruebas de él, aun cuando solo
quedase un solo soldado á mis órdenes."

Aqui habla el autor de la carta con su corazón, y
sus hechos justifican sus palabras: él nunca desmaya,
nunca se acobarda, nunca abandona la empresa, una
vez comenzada. Ahora mismo, después de la desgracia
de Cerro-gordo, enfermo, estropeado, viéndose
desasistido de la mayor parte de los gefes y oficiales
que debieron permanecer á su lado, no se vino á la
capital, ni aun á Puebla, como pudiera haberlo hecho:
no buscó el descanso ni la seguridad: se queda por
donde pueda continuar haciendo la guerra; y nada
omite para , llevar al cabo su noble designio. No
hay que cansarse: impútense al general Santa-Anna
cuantos errores se quiera; jamas se le podrá negar su
acendrado patriotismo, su constancia y su valor. La
posteridad, juzgando imparcialmente, le hará la justicia
que hoy le niegan algunos de sus contemporáneos.

México, Abril 29 de 1847.

Un Imparcial.

MÉXICO:
______________
IMPRENTA DE MARIANO AREVALO, CALLE DEL PUENTE DE
San Dimas n°. 12.

    Fecha y hora actual: 21/8/2017, 6:28 pm