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Por la patria: el Batallón de San Blas durante la defensa de Chapultepec, por Norberto Nava Bonilla

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Xicoténcatl
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Por la patria: el Batallón de San Blas durante la defensa de Chapultepec, por Norberto Nava Bonilla

Mensaje por Xicoténcatl el 17/4/2012, 1:33 pm

Después de las acciones de Molino del Rey y Casa Mata el 8 de septiembre de 1847, el ejército estadunidense analizaba los posibles sitios hacia los que dirigiría su siguiente ataque para tomar la Ciudad de México. Una posibilidad era entrar por el sur a través de la garita de San Antonio Abad, lugar poco fortificado que, una vez ocupado, permitiría la entrada a la ciudad sin encontrar otro punto en que los mexicanos pudieran ofrecer resistencia.




Otra opción era el Castillo de Chapultepec, sede del Colegio Militar, que estaba resguardado por el general Nicolás Bravo con algunos soldados y 10 piezas de artillería, que de ser tomado provocaría la rendición de la garita de Belén y todo el rumbo de San Cosme hasta la Ciudadela. Winfield Scott, general en jefe del ejército estadunidense se decidió por la segunda opción.




El Castillo de Chapultepec carecía de la solidez necesaria para resistir un bombardeo constante, pues este edificio no había sido construido para fortaleza, sino como una casa de recreo destinada a los virreyes; además, no poseía piezas de artillería para contrarrestar el fuego de las baterías estadunidenses.




Los primeros movimientos de Scott fueron para confundir al ejército mexicano; atacó la garita de San Antonio Abad y la de Niño Perdido los días 10 y 11, y colocó, además, un pequeño número de hombres para su resguardo. Su verdadera intención era concentrar el mayor número de soldados en Chapultepec para su bombardeo y ocupación. Las acciones iniciaron a las 6 de la mañana del día 12.




Las baterías improvisadas del castillo contestaron el ataque enemigo, mientras que el presidente Antonio López de Santa Anna, general en jefe del ejército mexicano, movía algunas fuerzas hacia el puente de Chapultepec, reforzando él mismo aquella posición. El fuego duró desde las 6 de la mañana hasta las 7 de la noche.




Antes del día 12, Santa Anna le había ordenado a Nicolás Bravo que devolviera al General D. Simeón Ramírez los cuerpos militares que pertenecían a su brigada. Bravo le contestó que de hacer eso, el castillo quedaría gravemente desprotegido. Por el contrario, pidió cuando menos dos batallones que defendieran este punto. Santa Anna le mandó a mediodía al Batallón Activo de San Blas con 400 efectivos bajo las órdenes de su jefe, el teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl. Este contingente castrense tenía una larga historia y no era la primera batalla que protagonizaba contra los estadunidenses.




El batallón pasó revista por primera vez el 1 de febrero de 1825 en la ciudad de Tepic. Comenzó como un cuerpo de guardacostac acantonado en el puerto de Mazatlán e intervino en diversos levantamientos armados durante nuestros primeros años de vida independiente.




El 30 de marzo de 1846, el presidente interino de la República, general Mariano Paredes y Arrillaga, reformó al batallón para transformarlo en una corporación denominada Tercero de Línea, que acudió a la defensa de Monterrey en septiembre de aquel año. Al caer dicha ciudad, las Guardias Nacionales y el Ejército fueron retirándose hacia el centro de la República, es así como los miembros del Batallón de San Blas lucharon en la batalla de Cerro Gordo, Veracruz, contra el invasor estadunidense el 17 de abril de 1847.




El 1 de julio siguiente, Santa Anna, con el cargo de presidente interino de la República, restableció al Batallón Activo de Guardacostas de San Blas. En el decreto respectivo se indicaba que dicha compañía se había extinguido por haberse veteranizado, cambiando su nombre por el de Tercer Regimiento de Infantería, sin embargo, a partir de ese momento, éste conservaría su antigua organización y forma. El 6 del mismo mes, se nombró al teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl comandante en jefe de las cuatro compañías del batallón.




Poco se sabe del nacimiento de este héroe. El libro: El Coronel Felipe Santiago Xicoténcatl y la batalla de Chapultepec, 1847-1947, afirma que fue en Panotla, Tlaxcala, en 1805; se presume, además, que provenía de una familia descendiente del héroe tlaxcalteca Xicohténcatl Axayacatzin. Inició su carrera militar en la Guardia Nacional, seguramente en el Batallón de Tlaxcala que tomó parte en la guerra de Independencia. El 9 de octubre de 1829, el entonces presidente Vicente Guerrero, lo nombró teniente de infantería del Ejército. Después ascendió a capitán permanente en 1832 y a teniente coronel en 1833.




Sobre su trayectoria, el libro citado explica que: “La carrera militar de Xicoténcatl siempre se desarrolló con un mando de tropas, y se manifestó esplendente por un completo apego al deber y por la continuación de acciones distinguidas que le valieron prestigio y el honor de que frecuentemente fuera citado como ejemplo por sus superiores”.




Desde 1832 peleó en el ejército bajo las órdenes de Santa Anna. Se mantuvo fiel al gobierno. Tomó parte importante en la pacificación de los Departamentos de Yucatán y Tabasco durante sus guerras intestinas. Fue el primer ayudante del Batallón Activo de Oaxaca y del Batallón Activo de Lagos, para finalmente ser nombrado en 1847 jefe del Batallón Activo de San Blas, puesto que ocupó hasta su muerte.




Regresando al 12 de septiembre de 1847, en Chapultepec, los cuerpos de defensa recibieron al atardecer una orden de retirada. Al respecto, el general Santa Anna cometió un error de táctica, pues giró la orden sin dar aviso al Comandante en Jefe de Chapultepec y al Jefe del punto a cuyas órdenes habían sido puestos.




Al finalizar el día, después del bombardeo de 13 horas, el castillo y sus fortificaciones estaban altamente deteriorados por la artillería estadunidense. Sólo lo resguardaban 215 hombres ubicados en el bosque, 374 en la glorieta y demás puntos bajos y avanzados, y 243 en el interior del edificio.




El día 13 se reanudó el ataque a las 8 de la mañana. El ejército estadunidense formado en tres columnas, no tardó en ocupar el bosque y en trepar las laderas del cerro.




José María Roa Bárcena, en su obra Recuerdos de la invasión norteamericana, narra que el general Scott lanzó las compañías del mayor general Pillow al Poniente, partiendo de los Molinos y sostenidas por todas las fuerzas de la división de Worth. Por el Sur envió a la división del general Quitman, apoyada con la brigada Smith de la división Twiggs. La columna de asalto del capitán Mackenzie se había unido desde temprano a Pillow.




Frente a estas columnas que avanzaban sobre Chapultepec, el general Bravo pidió refuerzos al Ministerio de Guerra, al general Santa Anna y a los generales Rangel, Peña y Barragán, permaneciendo éstos inactivos en las calzadas inmediatas. La falta de órdenes del presidente hizo que aquellos generales no se atrevieran a obrar por iniciativa propia.




Vista la desorganización durante los primeros momentos de lucha, Santa Anna le ordenó a Xicoténcatl, junto con el Batallón de San Blas, menos una compañía, que acudiera al castillo para ayudar al general Bravo. Sin embargo, no pudieron llegar a la cima y el batallón se batió con el enemigo en la falda y en la pendiente del cerro; eran 400 mexicanos contra 1000 estadunidenses al mando de Pillow; no obstante, por momentos colocaron en aprietos a Pillow, quien tuvo que solicitar refuerzos a Worth.




El Batallón de San Blas luchó hasta desaparecer casi por completo. Sólo 20 soldados sobrevivieron, sin jefe, sin oficiales y sin municiones. El coronel Xicoténcatl fue herido por 14 balas cuando se dirigía a salvar la bandera de su batallón; después, fue recogido por algunos soldados. Hasta hoy se conserva el lábaro impregnado con su sangre.




Chapultepec se perdió y la Ciudad de México cayó en manos extranjeras. Sólo el recuerdo de los héroes batidos en combate quedó en la memoria de los sobrevivientes. En 1853, cuando Santa Anna volvió a ocupar la presidencia, dedicó un homenaje a la memoria del Batallón de San Blas, elevando de grado a Felipe Santiago Xicoténcatl, de teniente coronel a coronel por sus heroicas muestras de valor en su último combate.





El Batallón de San Blas fue disuelto por decreto oficial el 23 de octubre de 1855.

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