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DECLARACIÓN DEL GENERAL MARIANO MONTERDE SOBRE LA DEFENSA DEL CASTILLO DE CHAPULTEPEC

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Xicoténcatl
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DECLARACIÓN DEL GENERAL MARIANO MONTERDE SOBRE LA DEFENSA DEL CASTILLO DE CHAPULTEPEC

Mensaje por Xicoténcatl el 17/4/2012, 1:29 pm

Tomada del libro Documentos históricos sobre la defensa de Chapultepec. 13 de septiembre de 1847, Comisión Organizadora de los Homenajes del CL Aniversario de los Niños Héroes, México, Secretaría de Gobernación, Archivo General de la Nación, 1997, p. 45-57. El original se localiza en el Archivo General de la Nación, Archivo de Guerra, Vol. 273, fs. 39-41v.

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DIRECCIÓN DEL

Colegio Militar

y

ESCUELA DE APLICACIÓN




Tengo el honor de contestar al oficio de Vuestra Señoría fecha 11. del presente, informandole, según mí clase, de los acontecimientos havidos en la rendición de Chapultepec el 13. de Septiembre del año pasado por las tropas Americanas y demás á que se refiere su citada nota muy particularmente sobre la conducta que observo el Excelentísimo Señor General de División Benemérito de la Patria Don Nicolas Brabo Gefe que fue de aquel punto y de quien por razon de mi antigüedad fui nombrado su 2° en dicha funcion de armas, y es como sigue.




Habiendoseme prevenido la noche del 12 Septiembre dicho, que de orden suprema marchase á Chapultepec para ser empleado en la defensa de aquel punto, partí de luego en union del Señor General Don Juan Dosamantes quien llevaba el mismo destino, así el Señor General Don Luis Noriega; que después de presentados los tres á Su Excelencia el Señor General Brabo nos dirijimos á reconocer el perimetro de la fortificación alta que circunda al antigüo Palacio de los Vireyes, en la que observe descansaba al pie del parapeto una fuerza como de doscientos hombres de infanteria repartida en pequeños grupos distantes unos de otros: que respecto de la Artillería allé que dos piezas de á 24. estaban inutilizadas, una por haverse reventado y la otra por estar rotos los afustes, por lo que solo quedaban disponibles dos del mismo calibre, una de á 8, tres de á 4, un obus de á 68, otro de á 24 y dos de montaña de á 4: que los proyectiles del enemigo havían hecho grandes estragos en lo interior del edificio que nadie havitaba, siendo de notar que aun se havía quitado la madera que yo havía hecho colocar dias antes en dos claros de las ventanas, para hacer transitable sin riesgo, el paso de la tropa á la asotea, la que no habiendo sido cubierta en su totalidad con al blinda necesaria en todo el techo hacía inseguro aun el piso bajo por el desenso de las vombas: que en las piezas del mirador destinado para Hospital de Sangre se hallaban mesclados los cadaveres ya corruptos con los heridos y los Alumnos del Colegio, presentando aquello el cuadro mas triste, pues se carecía aun de los facultativos y botiquin destinados á aquel punto el que cubierto todo de escombros y amenazando ruina por el fuego, que havía sufrido, anunciaba de luego el dia que debía esperarse, por los ningunos aprestos con que se contaba, pues queriendo aprovechar cinco horas que faltaban para amanecer, busque madera, sacos á tierra, cordeles y gente que trabajase en reparar lo arruinado y presentarce el enemigo nuevos el enemigo nuevos obstaculos con los atrincheramientos que es lo que en casos tales está prescrípto para la defensa de un punto fortificado, y que tanto alienta al defensor como hace desmayar al que ataca; mas todo fue inutil, por que nada encontre.




En este estado miserable y de aislamiento amanecio el funesto dia 13, y á las cinco y cuarto de la mañana, el enemigo comenzo su ataque por vombardeo, causando á cosa de dos horas, la muerte al Señor General Don Juan N. Perez, 2° que fue de la Brigada del Señor General Leon. El estrago de los proyectiles intimidaba á la tropa; pero el al Señor General Brabo con su espada desnuda lo vi alentarla y obligarla á que permaneciere en el lugar que s ele había señalado.




Su Excelencia había tenido la voluntad de manifestarse que el Excelentísimo Señor General Presidente Benemerito de la Patria Don Antonio Lopez de Santa Anna al pedido que la noche antes le havía hecho de tropa, le havía contestado que la tendría al amanecer, y cuyo pedido había pedido de Oficio.




Llegada la hora del asalto, emprendido como era natural por la parte del Oeste por ser la mas accesible, en la que con anterioridad me havía cituado con la sección de Ingenieros al pie del llamado Caballero Alto, y á donde el Señor General Brabo venia con continuacion, por que sin cesar recorria todo el perímetro de la fortificacion y observava con serenidad los movimientos del enemigo, vino pués a dicho punto á dar sus ordenes para que el oficial que devia dar fuego á las fogatas estubiese listo pues se aproximaba el momento de volar el terreno por donde debia asaltar el enemigo que á poco se poseciono de el. En este instante adverti que alguna tropa del Batallon de San Blas llegaba de fuera, la que solo pudo subir hasta el termino de la primera rampa donde se vatio con el enemigo pereciendo con su valiente Gefe Xicotencatl,i esto sucedia á cosa de las 9 ½ de la mañana y el Señor General Brabo presenciándolo todo vino hacia mi para advertirme que el fuego que con actividad se hacía sobre el enemigo no dañase á la tropa dicha que subia, mas satisfice á Su Excelencia con que la direccion en que se apuntaba sostenia nada menos que los fuegos de los de San Blas que todos havíamos visto: firme dicho Señor General Brabo en aquel punto de mayor peligro en que solo havía unos veinte y sinco hombres á las ordenes del Señor General Don Juan Dosamantes, quien recibio en el pecho una legera herida de vala, mando armar al bayoneta á aquel piquete para resibir al enemigo y este dado el asalto, perdi de vista en al refriega al referido Señor General Brabo á quien tube por muerto. En tal estado pude reunir unos diez hombres y subiendo á lo alto del edificio los coloqué en los balcones, en cuya operación se empleo igualmente el Señor General Saldaña; pero subiendo el enemigo á pocos instantes fuimos ambos hechos pricioneros y conducidos por un oficial á una pieza baja, destinada antes del Oratorio á los Alumnos, donde estaban ya presos otros compañeros de desgracia.




La idea que tenia de que el Señor Brabo habia parecido me la avivo por un momento el triste espectaculo de traer á mi presencia en una manta al Teniente Coronel Don Juan Cano que moribundo se hallaba atrabesado por los costados por bala de rifle y quien murió a las 9. de aquella noche.




Pasadas algunas horas solicite del Señor General Pillorr se nos llebase á los Generales y Gefes á donde se hallaba el Señor General Brabo y conseguido esto al vernos revosó en nuestros semblantes aquel placer grato á al ves que doloroso por lo que nos havía pasado.




El punto de Chapultepec se ha defendido con entusiasmo y con valor con un puñado de hombres, sus obras requerian la fuerza necesaria para cubrirlas y las vocas de fuego para alejar al enemigo. Las alturas y las asoteas que debieron estar cubiertas con infantería para sostener el fuego de Artillería del Oeste no hubo disponible un solo soldado que destinar á aquel lugar que habria sido tan conveniente por la relacion que guardaba esta dominacion con lo general de la defensa. Esta falta de tropa hiso que no se cubriesen las obras del cerro. Basta calcular el perimetro del parapeto principal que es de uan ochocientas varas, para convenir que con doscientos hombres solo podia acudirse en fracciones pequeñas á los puntos más importantes, que todos lo heran, y por consiguiente lo mas estaba descubierto, pues se necesitaban de mil seiscientos hombres para dicho parapeto, y para la asotea lo menos trescientos á mas de una pequeña reserva, esto es respecto de la altura, pues que las obras esteriores é interiores del vosque pedian mayor numero de tropa.




Chapultepec no es ni ha podido ser una fortaleza sino una quinta ó citio de recreo de los Vireyes, por consiguiente ni su forma, ni su rovustes son para resistir un ataque en regla, y mucho menos siendo accesible en todas direcciones á la ves que aislado, por lo que carece de las defensas de flanco, que es el ser de toda obra de fortificacion. El arte tubo que suplir la rovustes, cubriendo sus techos con blindas que recistiesen el desenso de los proyectiles: la falta de vovedas para poner á cubierto la tropa durante el vonvardeo se quizo suplir con otra blinda inclinada que rodease todo el edificio, la que quedo incompleta así la de los techos y claros de las ventanas, esto es devido á la fatalidad que nos persigue, más el Excelentísimo Señor General Brabo llevo sus deveres mas alla de lo que previene la ordenanza: ella declara por acciones distingüidas al vatirse con un tercio menos de gente en ataque ó reterida, el defender un fuerte hasta perder entre muertos y heridos la mitad de la gente. ¿Que calificacion no merecera el servicio de este Señor General que no teniendo con que recistir á un ejercito respetable, y perdiendo lo poco que le dejan, se sontiene al ultimo con solo veinticinco hombres y ni capitula, ni pone una enseña de que se rinde, si no que impavido espera la muerte despues de sufrir un fuego de cinco horas? No hay Ley que obligue a un militar á tanto y este caso estraordinario en los anales de la guerra, no puede menos que llamarse heroico.




Mi dicho en este particular pudiera tenerse por principal por que al fin como actor en esta escena debe ser participe de las maldiciones, ó del elogio y aprecio de mis conciudadanos; mas yo apelo al honrroso saludo de los Señores General Escottii y Pilloriii dirijido al Señor General Brabo y á los que tubimos el honor de estar á sus ordenes, cuyas palabras honorificas no las prodigan tales personas á los cobardes, ni menos les dispensan tantas consideraciones, las que son devidas precisamente al honor y al valor, de manera que el repetido Excelentísimo Señor General Brabo en la defenza de Chapultepec, puede decir con Francisco 1° “Todo lo hemos perdido, menos el honor” .




Es cuando puedo decir á Vuestra Señoría en contestacion al interrogatorio que antes he espresado, reiterandole á la vez las concidenraciones de mi aprecio.




Dios y Libertad. Mejico, Marzo 24 de 1848.

Mariano Monterde Rúbrica




Señor General Don Antonio Diez Bonilla
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