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Amenazaron con matarlo por ser un policía honesto: Alfredo Castillo

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Sniper
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Amenazaron con matarlo por ser un policía honesto: Alfredo Castillo

Mensaje por Sniper el 12/2/2012, 6:41 pm

Un director de seguridad pública municipal se niega a colaborar con una peligrosa banda de asaltantes y homicidas. El grupo delincuencial para intimidarlo lo amenaza de muerte
Una vez más muchas gracias por sus comentarios. Observo que varios de éstos fueron sobre el desasosiego que genera el saber que quienes deberían cuidarnos, son los que en muchas ocasiones nos traicionan.

Si bien es cierto en varias columnas he tratado el tema de la corrupción en los cuerpos policiacos, también lo es que su final nunca es halagador. Es importante que ellos también sepan, que al igual que los delincuentes, su carrera es efímera y que no sólo la sociedad paga por su traición, sino también sus familias que deben vivir con la ve#$%&/üenza de que el dinero que llegó a casa fue producto de un secuestro, de un robo, de un homicidio.

Algunos dirán que su explicación está en los bajos salarios. Yo diría que se queda en el mundo de las razones, pero jamás será argumento que lo justifique. Es preferible que mejor se marchen a buscar mejores opciones laborales. Pero disculparlos por el bajo salario, es tanto como permitir que todo aquel que no le alcance con su sueldo esté legitimado a robar a su patrón y eso no es correcto. Más que un asunto de ingresos, es de valores.

En la columna de esta semana vamos a tratar el caso contrario. Un director de seguridad pública municipal se niega a colaborar con una peligrosa banda de asaltantes y homicidas. El grupo delincuencial para intimidarlo lo amenaza de muerte. Su recado, son dos cabezas en una hielera.

De un día para otro el temor y la incertidumbre se apoderaron de un pequeño municipio. Teníamos que actuar rápido y de manera contundente antes de que los homicidas cumplieran su amenaza o el propio director fuera despedido ante las dudas de su honorabilidad. Fue una semana en donde más de un policía se jugó la vida para resolver este caso. Ésta es la historia:

Amenazaron con matarlo por ser honesto

Hay días que amanecen con lluvia y sabes que el sol no va a salir. Son de esos en donde no quisieras salir de tu casa. Con la obscuridad de la noche y la llovizna que se escucha en las ventanas, sólo quieres saber que ya todos están en casa para que puedas cerrar todo y esperar una mejor mañana al otro día.

Así era ese sábado. Cerca de las once de la noche recibí una llamada. Era el director de seguridad pública de un municipio de mi región quien me solicitaba apoyo, ya que en su central de radio acababan de recibir varias llamadas en donde les decían que si no abandonaban el resguardo de una bodega que estaban custodiando, iban a matar a los policías que estuvieran ahí.

Un día antes, nosotros habíamos asegurado una enorme bodega que tenía una gran cantidad de mercancía robada, incluyendo tres contenedores y varias cajas de tráiler. El operativo nos había permitido detener a cinco personas cuando estaban descargando el producto.

El procedimiento indicaba que al asegurar la bodega se debía solicitar a la policía estatal o municipal que resguardara la instalación para evitar que se sustrajera la mercancía que ya estaba puesta a disposición del Ministerio Público.

Con el director de la policía municipal teníamos buena coordinación e inclusive se había generado una buena relación entre él y nosotros como subprocuraduría. Por tanto, era común que frecuentemente nos pidiera apoyo. Sin embargo, en esta ocasión, su llamada expresaba cierta preocupación y temor.

Al preguntarle por el número de policías que tenía en este momento resguardando la bodega me dijo que tenía una patrulla con dos elementos, pero que ya había pedido el apoyo de una patrulla adicional.

Cuando a ti como autoridad te notifican una amenaza de ese tipo, eres ya corresponsable. Es como las llamadas anónimas en donde refieren que hay una bomba en algún lugar. Aunque el 99% son falsas, éstas obligado a atender la amenaza.

Ya que si ésta llegara a ser efectiva y se acredita que tú como autoridad sabías y no hiciste nada, eres responsable por omisión. Por tanto, no tienes otra opción que atenderla y actuar como si fuera real e inminente el peligro.

Ante tal situación, le llamé a mi secretario particular para pedirle que solicitara el apoyo de la policía estatal para hacer algunos recorridos. Sin embargo, el coordinador operativo de la estatal en la región nos salió con la “puntada” de que si no tenía un oficio del Ministerio Público fundando y motivando el porqué de dicha solicitud no iba a enviar a nadie.

No habían pasado ni cinco minutos cuando nuevamente me llamó el director de la policía municipal para decirme que le estaban reportando vehículos sospechosos a unas cuadras de la bodega asegurada. ¿A qué se refiere con vehículos sospechosos? pregunté. Tres camionetas con varios sujetos a bordo y posiblemente armados, contestó.

Ante eso, mandé pedir veinticinco elementos del grupo táctico. El problema era que por la hora y el lugar, tardarían unos cuarenta minutos en llegar. Era mucho tiempo. Había que buscar alternativas.

Por lo anterior le pregunté al director de la policía municipal cuántos accesos había para llegar a la bodega. Me dijo que había dos, uno en la avenida principal y otro en una vía paralela, ya que era un municipio pequeño. Ante eso, le sugerí colocar dos retenes en cada uno de las avenidas y colocar francotiradores en las azoteas en lo que llegaban los apoyos.

El director me dijo que no tenía francotiradores. “No importa, yo creo que ni con luz le atinan, pero si yo no lo se, a lo mejor ellos tampoco, aquí lo importante es la presencia y la percepción de que están preparados para un ataque” le comenté.

Menos de diez minutos después, el director me volvió a llamar para decirme que las llamadas de amenaza continuaban y que le seguían reportando el movimiento de las camionetas sospechosas.

Ante eso le pedí a mi jefe de escoltas y a mi secretario particular que se trasladaran al lugar, ya que ellos vivían muy cerca de ahí. “No quiero que intenten detener a nadie ni mucho menos. Sólo quiero que entren como habitantes del municipio y me digan si llegan a detectar las supuestas camionetas sospechosas”, le comenté a ambos.

Por supuesto que no dudaba de la palabra del director, pero él propiamente no las había visto, sólo se las habían reportado, y curiosamente siempre con el dicho de que estaban cerca del lugar. Ante esto, lo que yo temía es que su gente pudiera estar exagerando los hechos por las llamadas de amenaza.

A la siguiente llamada del director le pregunté: ¿Puedes detener las camionetas o sientes que es un riesgo muy alto? “Los muchachos no quieren un enfrentamiento. No saben qué tan armados puedan estar los posibles agresores y temen represalias. Al final, ellos y sus familias viven en el municipio”, me contestó.

Si eran tres camionetas, era claro que podía ser un contingente importante. A lo mejor con armas largas o granadas. Era un riesgo alto que podía generar la pérdida de vidas humanas.

Después de diez minutos mi secretario particular me llamó para decirme que estaban ingresando al municipio. Conforme avanzaban, la tensión iba en aumento. Mi particular me dijo que la neblina y la lluvia impedían la visibilidad a lo lejos.

Al acercarse a la avenida donde estaba la bodega me comentó que había un retén de la policía municipal con ocho agentes y en las azoteas observaba más policías. Sin embargo, él no había observado las supuestas camionetas.

¿Crees que nos hayan mentido o exagerado?, le pregunté. “No sé amigo, pero la verdad sí se siente tensión. Todo está en silencio, no ves absolutamente a nadie en la calle, parece un pueblo fantasma.”

Le dije que se retirara. Yo no le quería decir esto al director de la policía porque iba a pensar que dudaba de su palabra. Simplemente era para mí un diagnóstico o panorama de qué tan alto podía ser el riesgo.

Cuando estaba por meterme de nuevo a la cama, casi a la una de la madrugada, me llamó de nuevo mi particular y me dijo: “Fredo, no sé si sea uno de los vehículos sospechosos que nos decía el director de la policía, pero a la salida del municipio está parada una camioneta junto a una gasolinera y tiene vidrios polarizados. No se si haya gente adentro.”

Con vidrios polarizados no había forma de validar la información, a menos que bajaran los cristales. El riesgo era muy alto. Más para mi particular que ya iba solo y sin arma. Le dije que solamente apuntara las placas y si podía detectar algún otro sello distintivo del vehículo.

Cuando llegó el grupo táctico, los mandamos a esa gasolinera. Sin embargo, ya no estaba ahí. En los recorridos tampoco se detectó ni esa camioneta ni ninguna otra que pudiera ser sospechosa.

Todo quedó en las supuestas llamadas de amenaza. Al final no hubo enfrentamiento, ni algún intento de recuperar la mercancía de la bodega. La mañana llegó y con luz de día, todo volvió a la normalidad. Dejó de llover, la gente salió a las calles y se volvió a respirar un ambiente de paz y tranquilidad. Así transcurrió todo el domingo.

El lunes, ya en la oficina, todo había quedado en anécdota. Estábamos dedicados a otra investigación cuando entró mi coordinadora de ministerios públicos para decirme que a unas cuadras de donde estaba la bodega asegurada, le estaban reportando un vehículo abandonado.

El vehículo reportado tenía en su interior, del lado del copiloto, una hielera. En el parabrisas había un cartulina de amenaza de muerte para el director de la policía municipal. En el lugar había un gran número de policías municipales y los curiosos se empezaban a hacer presentes. Había que actuar rápido antes de que se hiciera un escándalo.

Inmediatamente pedimos una grúa con plataforma. Lo último que queríamos era abrir una hielera enfrente de cien personas. Todo apuntaba a que eran dos cabezas humanas ya que la hielera no estaba bien cerrada.

Se acordonó la zona. En menos de diez minutos ya estaban varios fotógrafos de los medios de comunicación. Cuando llegó la grúa, se hizo un contingente de motociclistas y patrullas siguiendo el vehículo al centro de justicia. Al llegar, colocamos una gran manta para impedir que se pudieran tomar fotografías al sacar la hielera.

Ya en el servicio médico forense se abrió la hielera y efectivamente eran dos cabezas humanas. Ahora había que encontrar los cuerpos. Una sospecha era que pudieran estar en la cajuela. Al abrirla, ahí estaban dos cuerpos sin cabeza, amordazados de pies y manos.

A los quince minutos había gente de otras instancias oficiales pidiendo entrar a tomar fotografías. A nadie le permití el acceso. En cierto momento subió mi coordinadora de ministerios públicos para decirme que había molestia por ese hecho.

Como subprocurador regional era la primera vez que me tocaba un asunto así. Estoy hablando de hace tres años. En aquel entonces todavía las dejaban en hieleras, no en toldos o parabrisas como lo hacen ahora. Y no teníamos ningún antecedente de decapitados. El modus operandi de aquel entonces era que aparecieran en algún canal de aguas negras o paraje solitario.

A manera de corolario debo decir que al otro día ningún periódico publicó las fotos de las cabezas y en varios hubo silencio en relación a los cuerpos encontrados en las cajuelas. A la vez, varios medios publicaron que yo como subprocurador había bloqueado o impedido el desarrollo de su labor periodística.

Nunca he entendido la utilidad social de publicar el contenido de las cartulinas o el mostrar las cabezas. Para mí es una especie de “terrorismo” en cuanto se infunde temor a través de esas imágenes o comunicados. Sólo beneficiamos a los delincuentes quienes han optado por comunicarse así entre ellos.

Después de unos minutos, el director de seguridad pública amenazado hizo su aparición. Al verme me dijo “Ya ve, y usted no me hacía caso de que nos estaban amenazando. Ahora qué vamos a hacer”. “Agarrarlos”, le contesté.

Además de la amenaza de muerte, al director de la policía municipal lo tenía preocupado el hecho de que se llegara a pensar que esa amenaza obedecía a algún posible vínculo con el crimen organizado. “El presidente municipal ya me dijo que no quiere que esto afecte sus aspiraciones políticas. Lo más seguro es que le llame para preguntarle si me debe de cambiar”, me dijo afligido.

Ante su genuina preocupación le dije que yo sería el primero en exhortar al presidente municipal de que ahora más que nunca debía darle su apoyo incondicional. “Lo importante es poder resolver este caso lo más rápido posible antes de que tu presidente municipal se deje presionar o te empiecen a grillar”, le comenté.

En lo que los médicos legistas hacían la necropsia, mi secretario particular y mi coordinadora de ministerios públicos entraron a mi oficina para preguntarme si el tema de la amenaza sería también para nosotros por el hecho de haber asegurado la bodega y la mercancía.

“No lo sé, pero debemos estar preparados. Por eso creo que debemos agarrarlos lo más rápido posible. No quiero que esto se haga una bola de nieve y al rato tengamos más casos de amenazas en hieleras con cabezas. La mejor manera de inhibirlos es una respuesta inmediata y contundente”, les dije.

En eso estábamos cuando me llamó el procurador de aquel entonces para preguntarme sobre los cuerpos.

“Alfred, ¿Ya están identificados? ¿Tienen tatuajes? ¿De qué edad aproximada son? ¿Cómo estaban vestidos?”, Cada cuestionamiento que me hacía, a su vez, yo tenía que preguntar y esperar una respuesta, lo cual desesperó al entonces procurador.

Por tanto, decidí ir personalmente a donde estaban los cuerpos. Al bajar las escaleras, me alcanzó el director de la policía municipal y me preguntó a dónde iba. “Ven, acompáñame al servicio médico forense, vamos a que veas como te quieren dejar”, le solté con un humor negro que sólo los que estamos en esto llegamos a entender a veces.

Después de ver su sonrisa nerviosa, inmediatamente lo abracé y le dije que no estaba solo, que éramos amigos, que sabíamos de su honestidad y de su trabajo, y que en ese momento resolver su caso era nuestra máxima prioridad.

Con 32 años en aquel entonces, jamás pensé observar dos cuerpos sin cabeza en lo que el médico legista nos explicaba que los habían degollado vivos por la manera en cómo apretaban los dientes y por la forma de expresión en sus ojos.

Lo que tampoco pensé es que tres años después iba a ser ahora yo el objeto de amenazas con cartulinas en donde se escribiría mi nombre junto a cuerpos sin cabeza, totalmente destazados, incluso alguno colgado de un puente en una de las avenidas más representativas del Estado de México.

Para poder resolver un caso de homicidio, la fuente principal de información proviene del reconocimiento de los cuerpos. Ahí obtienes la respuesta de cuándo desaparecieron, de qué forma, qué problemas tenían, a que se dedicaban, y otro tipo de datos que al final son muy importantes para la investigación.

Dos días después los cuerpos fueron identificados. Eran distribuidores de droga de un municipio vecino. Al hacer la inspección ministerial en su domicilio, el mismo estaba totalmente acondicionado para la venta de droga.

En la hielera donde estaban las cabezas, se detectaron fragmentos capilares que correspondían a otras personas diferentes a los degollados. También una huella dactilar.

Había que empezar a investigar. En uno de los interrogatorios a los familiares de los occisos se les preguntó de qué forma habían sido privados de la libertad. En ambos casos los habían sacado por la fuerza de sus domicilios unos sujetos vestidos de negro, los cuales habían llegado en camionetas. El motivo, por no pagar a tiempo y el total de la droga que les dejaban para vender. En ambos casos habían utilizado camionetas para el traslado.

Si los agresores monitoreaban las tienditas de droga y la casa de los occisos era una de ellas, era lógico que alguien tendría que cubrir esa zona. Ante eso, personal de la fiscalía de homicidios y narcomenudeo colocaron vigilancias en diferentes puntos con el objeto de poder detectar alguna camioneta que pudiera ser sospechosa.

Para ello, una vez más se le preguntó a los familiares de los occisos los días en qué el grupo criminal pasaba a cobrar la cuota o a entregar la mercancía. Ya con esta información, “infiltramos” a unos agentes disfrazados de adictos para que nos avisaran en caso de que pasara alguna camioneta que pudiera corresponder a las descritas por los familiares.

Cerca de la casa de los occisos, colocamos cuatro células del grupo táctico para que una vez que tuviéramos la ubicación de algún vehículo sospechoso se instrumentara el operativo para detener a los tripulantes.

El viernes, día en que pasaban a recoger la cuota a los distribuidores de droga, según los familiares de los occisos, ya teníamos todo listo.

A las seis de la tarde todos estaban en sus puestos. Los minutos y las horas pasaban y no se advertía nada anormal. A las once de la noche, dos agentes fueron por algo de comer para los demás policías por si había que estar hasta la madrugada.

Cuando los dos agentes entraron a una taquería localizada a unas diez cuadras del objetivo, se percataron que en una de las mesas comían varios sujetos. Dos de ellos estaban tatuados y encima de la mesa tenían varios celulares y radios. Los agentes decidieron sentarse cerca de su mesa para monitorear sus movimientos.

Mientras los sujetos terminaban de comer, los agentes pidieron que dos células montaran una vigilancia perimetral para hacer el seguimiento de estos tipos. Cuando pidieron la cuenta, ya estaban todos preparados.

Cuando los sujetos se subieron a sus vehículos, eran dos camionetas, una de ellas coincidía con la que mi secretario particular había visto en la gasolinera aquel sábado de las amenazas anónimas.

Ya en el seguimiento, las camionetas se dirigieron por un camino de terracería. Después de algunos minutos, lo que era una vigilancia móvil se convirtió en una emboscada, cuando los agentes fueron recibidos a balazos por una camioneta que salió de la nada.

El vehículo de los agentes de la procuraduría recibió más de cuarenta impactos de bala. Afortunadamente el blindaje de los vidrios les salvó la vida. Lo que siguió a continuación fue una persecución en donde se añadieron las células del táctico de la procuraduría.

El enfrentamiento duró más de veinte minutos. En el mismo, murieron dos delincuentes, los mismos que estaban tatuados en la taquería. Ningún policía resultó herido. El operativo le permitió a la fiscalía de homicidios y de combate al narcomenudeo detener a once sujetos.

Ya en el centro de justicia, los detenidos proporcionaron las casas de seguridad que utilizaban para secuestrar y matar, así como para almacenar armas y droga. De manera inmediata se pidieron los cateos correspondientes.

A las cuatro de la madrugada se catearon ocho domicilios de manera simultánea. En uno de ellos, había un hacha ensangrentada y toallas llenas de sangre. A dos metros de distancia había una cartulina con tachones que contenía la misma leyenda que le habían dejado al director de seguridad pública municipal cuando aparecieron las dos cabezas en la hielera.

Ahí, en ese domicilio, habían degollado a los dos distribuidores de droga. Los peritos tomaron muestras capilares (pelo) las cuales posteriormente tuvieron correspondencia con las cabezas encontradas en las hielera.

En otros domicilios se encontraron armas largas, pasamontañas, cinta canela y uniformes falsos de corporaciones policiacas.

En el interrogatorio, los detenidos señalaron que la bodega que nosotros habíamos asegurado una semana antes, junto con otras más, pertenecían a la organización criminal y que ahí almacenaban lo que obtenían producto del robo al transporte de mercancía.

También declararon que ellos habían hecho las llamadas de amenaza a la dirección de seguridad pública del municipio. Su idea era intimidar a los policías municipales.

Como en aquella ocasión solo obtuvieron como resultado el que se reforzaran las medidas de seguridad, es que optaron ahora por dejar las cabezas de dos distribuidores de droga que no habían pagado su cuota, para amenazar al director de seguridad pública municipal.

Su plan era cooptarlo u obligarlo a renunciar para que pudieran seguir utilizando las bodegas que tenían en el municipio para meter y sacar mercancía. Para ello le iban a seguir dejando cuerpos decapitados hasta lograr alguno de esos dos objetivos.

Afortunadamente en menos de una semana se pudo capturar a una organización dedicada a la venta de droga y al robo de mercancía. Para lograr sus fines mataron a más de quince personas en un lapso de cuatro meses.

Al final, el director de seguridad pública municipal continuó en su puesto hasta que su presidente municipal se fue de diputado. Un ejemplo de que también hay servidores públicos honestos y comprometidos con su trabajo.

Y así como he señalado que los delincuentes se pueden esconder de la autoridad pero nunca de la sociedad; también diré que no hay zona geográfica en donde el compromiso inquebrantable de un policía comprometido sea un verdadero obstáculo para la operación de la delincuencia. Hasta la próxima columna.
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Sun Tzu
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Re: Amenazaron con matarlo por ser un policía honesto: Alfredo Castillo

Mensaje por Sun Tzu el 12/2/2012, 6:46 pm

semejantes hijos de put.... estos mal paridos alguna vez se pondran a pensar en la porqueria de mundo que ellos msmos estan generando para sus hijos ?, o por lo menos tendran la desencia de no procrear mas basura como ellos.


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