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Ustedes pónganle el nombre... (Aporte Dominical)

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Soldaomalamañao
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27112011

Ustedes pónganle el nombre... (Aporte Dominical)

Mensaje por Soldaomalamañao

Se ha perdido la cuenta del tiempo y la cantidad de veces que el país ha sido convocado a la unidad, a la convergencia de esfuerzos y voluntades para la construcción de un mejor futuro, etc. No son temas nuevos, ni tampoco corresponden a cuestiones que se hayan generado en las circunstancias recientes, según la historia oficial y no oficial, inmediatamente después del movimiento que llevó al país a independizarse de España, se vio envuelto ya en las pugnas por el poder, así a secas, el mismo Vicente Guerrero le propuso a Poincet erigirse como emperador del país, más tarde, aunque dentro del mismo periodo conocido como del México Independiente, en 1836, los asuntos políticos ponían de cabeza a a una sociedad totalmente desorientada, sin identidad definida, avergonzada de que se llamara indígena y a la vez indignada al considerársele española. Todas esas actitudes fueron capitalizadas por quienes decidieron colocarse al frente de la política, no por solucionar un asunto que forjaría una nación, sino por la simple promoción de intereses que, dentro de la política, son del todo ajenas a la construcción de una nación; el discurso no ha variado desde entonces y siguen siendo los asuntos recurrentes de la lucha por el poder. Asuntos que a fuerza de tanto repetirlos se han agrupado por sí solos en el significado de la demagogia en su peor concepción. Manuel Bartlett Díaz, convocaba al priísmo nacional en el discurso con que arrancaba la campaña interna para la precandidatura a la presidencia de la república, en 1999, usaba en esa convocatoria las frases y conceptos que de un modo u otro ya habían sido digeridas en el hartazgo social, provocado por décadas de política que, más tarde, Carlos Salinas de Gortari definiría como política de ficción, al referirse a la reunión perversa del juego de poder entre Fernández de Cevallos y Carlos Ahumada, para denostar y sacar a relucir la inexperta corrupción de la izquierda, exponiendo el caso de Bejarano, el famoso portafolio y las ligas, además de la afición por el juego en casinos de la Vegas de otro funcionario de apellido Ponce, que en nada es diferente a la costumbre del actual secretario de seguridad pública del Distrito Federal. En materia política, el pueblo sigue siendo el mismo, si acaso con un desdén inconsciente que lo ha llevado a una práctica abstencionista que deja en entre dicho la función y validez de las instituciones y tribunales electorales, que únicamente han servido para justificar y dar el aval a los acomodos políticos de acuerdo a intereses promovidos en la élite del poder (que no logra superar el nivel de criminales al atentar contra los intereses ciudadanos y sus bienes) y dejar al pueblo atado a compromisos que le son ajenos en cuanto a desarrollo, justicia y equidad.
La oferta política pretende usar un rostro para esconder la intención, pero además agrega un discurso no solo engañoso y proclive al enfado, sino contrastante con la realidad, ilógico y en la mayoría de los casos contradictorio a la actuación de sus promotores –el caso de Santiago Creel, queda como una excelente muestra–. El significado del discurso político en ciernes, se pierde en la intención de la convocatoria nacional, pues la sociedad se tiene que enfrentar a un conjunto de distractores, necesidades y una total pérdida de confianza hacia las instituciones, lo que la hace tomar distancias considerables del juego del poder en que se enrolan las ambiciones de quienes tienen el recurso para apostar en ése juego que nunca ha sido limpio en el país y que, según se puede observar, tal parece ha permeado al resto de las naciones hasta hace un año consideradas estables y de alta responsabilidad política. Socialmente nos ha tocado lidiar –en mi caso son seis generaciones– con serios descalabros ocasionados desde los lugares ocultos de los juegos del poder, pues las malas decisiones, traiciones y complicidades tras las bambalinas del pernicioso juego, únicamente nos llegan con el efecto más negativo, representado por las consecuencias de la traición con las que debemos sortear la existencia cotidiana, resultando dudoso que a eso se le pueda llamar función o ejercicio político. Después de tanto tiempo de sufrir esas consecuencias del mal ejercicio del poder, es necesario preguntarnos cómo nos hemos acercado a la participación política, qué tanto valoramos el voto en el papel de ciudadanos libres, conocemos las leyes bajo las cuales se debe demandar el trabajo de los políticos y de los funcionarios dentro de las instituciones. Si como sociedad no se está a la altura de dichos planteamientos, entonces hemos perdido los valores nacionales. Recordé el discurso del Sr. Manuel Bartlett disertado cuando inició su campaña a la precandidatura presidencial en 1999, no porque sea el mejor o se distinga por un alto contenido de verdad, sino porque ése es el hilo con el que se ha tejido el juego del poder y no es nada diferente al discurso político de hoy en día, sin distinción de partidos ni de políticos, que solo dan muestra de la ambición y el modo de vida que les otorga lujos y un sinnúmero de comodidades que de otra forma no tendrían, todo a costa del pueblo.
Es la sociedad la que debe señalar las reglas de la política, es la sociedad la que debe comprometerse en construirse a sí misma en un ente democrático; por muy rimbombante o rebuscado que sea el discurso, simplemente no tiene validez, ni es verdadero, ni tiene intenciones de cumplir siquiera parcialmente lo que propone, cuando proviene de políticos y de partidos. Los políticos son los actores del teatro de las complicidades, de las trampas y de las expoliaciones de los bienes nacionales. Todo es una mentira, que descrita en modo de trama conduce de la farsa a la tragedia; ésta última que sí le corresponde sufrir al pueblo en su pluralidad. En el discurso político actual las palabras van como pelotas de ping pong, que rebotan sin dirección, y cualquiera, dentro del juego del poder, las dice a diestra y siniestra sin que una sola de ellas sea demostrable. La regla de ese juego perverso, tiene muy en cuenta la ignorancia y desdén de la sociedad, que no reacciona, que se pierde en la estupidez de ilusos que pagan muy caro por la idea del “ahora sí va a ser diferente”; sin embargo, el juego del poder le asesta un revés cada tiempo político a la propia sociedad. Un precandidato renuncia a sus aspiraciones y todos celebran que ha sido resultado de un verdadero espíritu democrático dentro del partido, siendo que detrás de ése evento hay un acuerdo, un cochupo que solamente colocará en mejor posición de poder al protagonista de tal efecto. Lo digo por la reciente separación del senador Beltrones, de la contienda por la candidatura a la presidencia. Sí hay arreglos, sí hay trampas, sí seguirá el senador haciendo de sus trampas sus modos de vida tan cómodos, que ya llevan más de una década y la mayoría sin ser objeto de elección popular. Pero el juego del poder no es diferente en los otros partidos, ni siquiera en sus discursos, donde campea el dedazo y una complicidad tan expuesta como ridícula, el caso del sr. Cordero puede analizarse desde distintas perspectivas y todas nos llevarán al panorama del amiguismo, de la improvisación y una total carencia de criterios para crear un programa político. Ningún político es dado a conocer y estudiar programas de trabajo que lo comprometan con una ideología; la realidad que se ha demostrado recientemente, dice que el programa en realidad es un conjunto de compromisos y acuerdos con intereses que están muy lejos de la mayoría de los habitantes de éste país. Una muestra de ello es la actual situación que manejan los “equipos transexenales”, en el que destaca el conformado por los intereses de las telecomunicaciones, integrado por personalidades oscuras y perniciosas como Javier Lozano, Molinar Horcasitas, Luis Tellez y varios funcionarios que hoy día se desempeñan en las distintas secretarías de estado. Las llamadas telefónicas entre éste grupo de personas (que más bien parece una gavilla de maleantes) un día antes del accidente del ex secretario de gobernación Blake Mora, los puso como sospechosos en primer término, ya que trataron asuntos que los incriminan con sus intenciones de llevar a las empresas nacionales a la quiebra, como es el caso de Mexicana, cuya encomienda está en manos de un funcionario de apellido Henkel y que claramente se le plantea el objetivo de obstaculizar de todas las formas posibles la capitalización que lleve a la reactivación de la empresa. En cambio, la sociedad recibe solo un discurso tramposo, de abogados arribistas que declaran públicamente conocer la ley de sobra, de tal suerte que ellos mismo crean los procedimientos jurídicos y las trampas para sortear las mismas normas jurídicas que en determinado momento protegen la integridad y soberanía nacional. Con éstos políticos y el juego de poder en ciernes, la corrupción y la traición es solo cuestión de fechas, como lo dijo por ahí alguien.
Una sociedad con rasgos de identidad verdaderos, no se dejaría llevar por éste tipo de asuntos, sobre todo cuando se ha sido defraudado una y otra vez, por los efectos perniciosos de la política en manos de criminales con fuero (que en nada son diferentes a los cárteles de las drogas). Cuál es la vadera de la unidad, entonces? No la hay en tanto no la proponga la sociedad misma, y no se vislumbra un diseño inmediato, ni académico, ni dentro del colectivo de la fuerza pública civil; en reiteradas ocasiones lo he dicho, ése ha sido el objetivo a lo largo de los años de los países que controlan o pretenden controlar al mundo, en cuyo caso queda a la cabeza el vecino del norte. El movimiento de izquierda, tampoco ha ofrecido ni mucho menos materializado las soluciones que demanda la condición social vigente. La República Democrática se va desgarrando por sí misma, ante el escaso resultado del ejercicio político de izquierda, en las oportunidades que ha tenido ha caído en el juego perverso de la corrupción, cediendo los valores de la ética de funciones a las trampas de los intereses ajenos al bien común. La culpa es de la sociedad misma, de su desdén por conocer y entender las leyes y el papel que les corresponde desempeñar, por eso mi dicho que la situación sigue igual a 1821, socialmente. Si bien es cierta que la falta de soluciones por parte de la autoridad se ha desbordado en un alto nivel de violencia, también es cierto que esas causas y sus efectos son capitalizados por los grandes poderes mundiales. Hoy tenemos que las acusaciones van de un lado a otro, incriminándose de manera probada y dentro de los marcos jurídicos correspondientes, como el caso del negocio de las armas en Estados Unidos de Norteamérica, así como el tráfico de drogas que ya comienzan a ver con buenos ojos y componendas entre las mismas autoridades del país con los niveles más altos del consumo, el mismo que juzga y califica a los países latinoamericanos según sus acciones contra el narcotráfico. Vicente Zambada Niebla, puede tomarse como muestra de que para el poder político no existe la palabra de honor, los capos que han pactado con las autoridades policiacas y de justicia norteamericanas, siguen y seguirán siendo enjuiciados y condenados a pesar de los compromisos que traigan los arreglos con esas autoridades. A nuestro país le toca padecer la violencia y sufrir las muertes, mientras la sociedad culpa al gobierno en turno y, más aventurado aún, sobre todo al responsable de la administración federal. La corte penal internacional, ha recibido un sinnúmero de demandas contra el gobierno, sus representantes y actores, y son parciales en la acusación, como la recientemente presentada por el tal abogado Etzai, que acusa al gobierno al igual que al cártel de Sinaloa, sin mencionar a los zetas, familia michoacana, cártel del golfo y demás escorias; esto da la apariencia que tales defensores de derechos humanos, reciben dinero o están coludidos con los cárteles no mencionados en las demandas. Mientras, la sociedad queda desorientada, esperando el desenlace final del acto teatral a dónde solo acude como espectadora para o bien otorgar el aplauso o bien proferir el abucheo, pero nunca comprometida con el conocimiento de causa. Llamarse ciudadano no es tan simple, implica una serie de conductas que comienzan con el respeto, el saber de qué estamos hechos como individuos actuantes dentro del rol social, conocer las leyes y respetarlas, defender los derechos propios y del prójimo sin afectar al tercero, saber que éste país es lo que tenemos para vivir y cómo queremos vivir, para con ello construir una disciplina cívico-social en dónde se puedan resaltar los valores morales que lleven a una convivencia entre iguales, dónde el político se sienta presionado por el poder del pueblo y que tenga plena conciencia que sus actos corruptos y traiciones serán juzgados y condenados hasta la pena muerte, por haber abusado de la confianza de un pueblo fuerte y unido.
De lo contrario, las FFAA seguirán en las calles combatiendo a las causas del efecto nefasto de la política, se seguirá especulando y negociando con discursos que ensalzan a la democracia, la unidad y la justicia, se seguirán consumiendo el atole dactilar que emana del grupo criminal en el poder; porque la sociedad no quiere entender que todo eso que hacen los políticos son solo elementos decorativos de una élite de poder con la misma moral que los grupos criminales. Creo que es tiempo que la sociedad entienda que está entre la espada y la pared, por un lado acosada por los administradores de la justicia, que ni es expedita ni oportuna, mucho menos justa, el caso del periódico la jornada, enfrentado recientemente contra la revista letras libres, es un caso más que se suma a las injusticias que viven los empleados despedidos de manera arbitraria, al grado de desaparecerlos de un plumazo con todo y su sindicato, la justicia que no pueden impartir ningún magistrado traidor a los muertos en las minas de Coahuila, coludidos con criminales hijos de puta que tienen nombre y apellido, porque los causantes de tales tragedias, son los mismos que surgieron en la primera plana de la sospecha de todos esos casos, hasta en las causas del accidente que hoy tiene muerto a dos exsecretarios de gobernación: Molinar Horcasitas, Javier Lozano, Luis Tellez, Gerardo Sánchez Henkel, Genaro García Luna, los ministros de la suprema corte de justicia de la nación y los supuestos defensores de los derechos humanos, entre otros grupos de poder, encumbrados en altos cargos. De todo esto, a los únicos que se culpa es al presidente y a las Fuerzas Armadas.

Saludos.
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Mensaje el 27/11/2011, 8:07 pm por aaron_wolf

... Shocked alabado
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Mensaje el 28/11/2011, 12:18 am por asterix

De lo contrario, las FFAA seguirán en las calles combatiendo a las causas del efecto nefasto de la política

De eso NO ME CABE LA MENOR DUDA..pero países COMO COLOMBIA.....tuvieron que pedir "ayuda de afuera"....y es la hora...que siguen combatiendo...y aparte....LA PREGUNTA CUANDO SE SALDRAN LAS FUERZAS USA DE COLOMBIA.. Question ....nunca....

Un saludo.
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Mensaje el 29/11/2011, 1:24 pm por Shirok

Nuestra sociedad se a vuelto extremadamente perezosa en este aspecto, nos atenemos a lo que hay y no creemos que podamos cambiarlo, y si le sumamos el miedo a lo que nos puede acarrear hacer o intentar hacer algo al respecto pues nos borra completamente la esperanza de un cambio al progreso, el problema viene cuando toda la frustracion y desesperanza estalla y pasamos de la pereza a la barbarie, es algo bastante dificil de equilibrar pero si no terminamos por madurar jamas vamos a avanzar mas alla de este ciclo.

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