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Mujeres revolucionarias en el olvido

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Lanceros de Toluca
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Mujeres revolucionarias en el olvido

Mensaje por Lanceros de Toluca el 1/10/2011, 2:09 pm


María, Margarita y Valentina, protagonistas de hazañas, asegura escritora ensenadense
“Merecen tres revolucionarias ser rescatadas del olvido”


http://www.jornada.unam.mx/2009/11/22/index.php?section=estados&article=027n2est&partner=rss
Olga Alicia Aragón Castillo
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 22 de noviembre de 2009, p. 27

Ensenada, BC, 21 de noviembre. Por tierra, mar de Baja California quedaron los restos de tres mujeres revolucionarias protagonistas de hazañas en el movimiento armado de 1910, que contribuyeron en la derrota del porfiriato e incluso inspiraron leyendas y canciones entre los combatientes.

María Talavera Brousse, amante de Ricardo Flores Magón, está sepultada en el panteón de Ensenada; los restos de Margarita Ortega Valdés, fusilada por los porfiristas cuando no pudieron someterla ni con torturas, fueron arrojados a la Laguna Salada en el desierto cercano al Cerro del Centinela, en Mexicali, y Valentina Vázquez Ramírez, coronela de caballería que inspiró aquella famosa canción que se entonaban al calor de las fogatas, fue cremada y sus restos esparcidos en el Mar de Cortés, en las aguas de San Felipe, según sus deseos.

Talavera Brousse nació en Zacatecas en 1867, era militante Partido Liberal Mexicano. Ella y su hija Lucille Norman fueron activas propagandistas de los ideales comunistas anarquistas. Junto con Ricardo Flores Magón impulsó desde Los Ángeles, California, la rebelión de la Baja California de 1911 en una malograda estrategia del PLM para “crear un espacio territorial liberado en México” como base para extender la revolución social al resto del país.

María fue aprehendida y enjuiciada en 1918, por una corte federal de Estados Unidos, acusada de un delito inexistente: “violación del acta de espionaje”. Se le acusó, según notas publicadas en The Times, de formar parte de un complot para matar a los presidentes Theodore Roosvelt y Porfirio Díaz.

Ella y Flores Magón se conocieron en Los Ángeles, California. El 21 de febrero de 1909, Flores Magón escribió a María una carta pidiéndole que permaneciera a su lado.

Enamorados, lucharon juntos, sufrieron cárcel y represión enfrentando al gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, compartieron ideales socialistas y juntos desafiaron a la muerte; los restos del ideólogo precursor de la Revolución Mexicana descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres y su nombre está escrito con letras de oro en el muro de honor de la Cámara de Diputados; en cambio, los restos mortales de María yacen en una tumba abandonada en el panteón municipal de Ensenada, perdida en la memoria de los mexicanos.Medio siglo después del fallecimiento de Talavera, Peggy Bonilla, escritora ensenadense, señala que después de muchos esfuerzos, constató en los archivos del registro civil de Ensenada el acta de defunción en que se asienta el nombre de María Viuda de Flores Magón. Espera obtener una copia para un ensayo que escribe sobre la presencia de las mujeres bajacalifornias en la revolución.

Peggy Bonilla encontró testimonios de personas que recuerdan que María vivió en el puerto hasta el 9 de septiembre de 1947, cuando falleció a los 73 años de edad, según contó el capitán Roberto Meneses, quien falleció hace un mes y fue vecino de la revolucionario cuando él era un niño.

Margarita Ortega Valdés nació en Sonora en 1871 y fue asesinada en Mexicali en 1913. Ella se incorporó a la lucha armada desde 1910, junto con su hija Rosaura Gortari, a pesar de su alta condición social.

El origen de la sonorense fue constatado por Peggy Bonilla, ya que se tenía la idea equivocada de que había nacido en Mexicali.
Margarita Ortega no sólo militó en las filas del PLM como guerrillera, propagandista y enfermera, además de transportar armas, municiones, provisiones y correspondencia para sus compañeros durante la toma de Mexicali en enero de 1911, también participó en las batallas campales: Flores Magón admiró su valentía y su destreza de combatiente.

Tras la derrota de la rebelión de Baja California en 1911, Margarita Ortega participó en un segundo intento por tomar la plaza de la ciudad, pero tampoco tuvo éxito y fue expulsada de Mexicali junto con su hija Rosaura Gortari por Rodolfo Gallegos, bajo las órdenes de Francisco I. Madero.

Sin agua y sin alimentos, a pie y en condiciones desastrosas, ambas cruzaron el desierto hasta Yuma, Arizona, donde fueron arrestadas, pero lograron escapar y refugiarse en Phoenix. Ahí cambió sus nombres por María y Josefina Valdés para evitar la persecución de que eran víctimas. Su hija Rosaura no sobrevivió al desierto.

Por órdenes de Ricardo Flores Magón, Margarita continuó organizando la lucha guerrillera en el norte de Sonora; al lado de Natividad Cortés, integrante del PLM, tenían como base de operaciones el pueblo de Sonoyta.

Margarita y Natividad fueron aprehendidos el 20 de noviembre de 1913 por las fuerzas federales de Victoriano Huerta. Natividad fue fusilado en el acto y ella trasladada a Baja California para ser sometida a cuatro días de torturas para obligarla a delatar, sin éxito, a los que preparaban otra revuelta.

Valentina, la coronela

María Valentina de Jesús Ramírez Avitia participó en más de 20 batallas, incluida la toma de Topia, Durango, que duró tres días bajo el mando de Ramón F. Iturbe. Marchaba vestida como hombre y armada hasta los dientes.

Valentina se unió al movimiento encabezado por Francisco I. Madero. Participó en la toma de Culiacán, Sinaloa, en marzo de 1911. El general Ramón F. Iturbe otorgó a esta mujer el grado de teniente.

“En mis indagaciones encontré a tres mujeres de quienes se dice eran la verdadera Valentina, pero hay que creerle al ejército”, dijo Peggy Bonilla al comentar que la hoja de servicio de Valentina está en el Museo del Ejército y de la Fuerza Aérea Mexicana, con domicilio en Filomeno Mata, en la ciudad de México.

“En los 70 encontré a Valentina en uno de mis viajes, ella recorría el mismo trayecto y se bajó antes que yo del autobús que nos transportaba, vivía en el Valle de Guadalupe, zona vitivinícola de Ensenada. Era una anciana vestida de militar, uniforme que el ejército le facilitaba, con las insignias en el sombrero que mostraban su grado: tres estrellas, coronela de caballería, veteranía recibida desde 1962, avalada y firmada por el General Iturbe.

Murió en un hospital en la vecina ciudad de Brawley, California, donde estuvo confinada sus últimos cinco años, a la edad de 113 años. Pidió ser cremada y sus restos, tal como fue su voluntad, fueron confiados al mar de San Felipe, Baja California.

Peggy Bonilla quedó fascinada con la historia de Valentina y la hizo novela.: primero editó un video, pero la obra aún espera editor.

Las tres revolucionarias merecen ser rescatadas del olvido.

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