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La muerte de Madero

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Re: La muerte de Madero

Mensaje por Monakyo101 el 6/3/2016, 9:43 pm


Fingiéndole lealtad, Huerta asume la responsabilidad de atacar la Ciudadela por orden de Madero.

[size=31]Febrero rojo: La decena trágica[/size]

Enrique Sada Sandoval Investigador Histórico, 07 de febrero de 2016 10:03am
No escapa a la memoria histórica el triunfo incuestionable del gran hombre que desde el semidesierto coahuilense encabezó con fervor y contra todos los augurios un movimiento reformador que haría exigible y válido el sufragio libre de todos los mexicanos por primera vez en nuestra historia como país independiente. Desde la Comarca Lagunera en 1908, Francisco Ignacio Madero había dado el paso definitivo a favor de los ideales democráticos al publicar su legendaria obra La Sucesión Presidencial en 1910 en San Pedro de las Colonias para lanzarse a una gira nacional que convocó en torno a su persona a aquellos hombres y mujeres que, apostando su presente por la posibilidad de entrever un mejor futuro, pugnaron por la posibilidad de hacer de México un país de libertades ciudadanas e instituciones legítimas y firmes.
Tras el estallido formal del movimiento armado, una vez sobrepasada la posibilidad en las urnas, y la honrosa aunque tardía abdicación del presidente Porfirio Díaz, la Revolución quedaría silenciada tras la firma del Tratado de Ciudad Juárez. Sólo entonces, Madero, como "Apóstol de la Democracia", hizo su entrada triunfal en la capital mexicana precedido por un temblor, el 7 de junio de 1911. Edith O'Shaughnessy como testigo presencial refirió sobre aquél momento: "Su partida de su casa en Parras, y su viaje hacia el Sur han sido uno de los acontecimientos personales más notables de toda la historia. Hubo días de continuadas ovaciones y adulaciones, tales como sólo las conocieron los Emperadores Romanos". Ante el panorama anterior, nadie imaginaba que a la vuelta de poco tiempo el sabor de estas escenas estaría tan lejano como poco imaginable una vez que éste último, tras elecciones democráticas favorables, asumiera el poder tras el interinato de Francisco León de la Barra.
Congruente con sus principios postulados en el Plan de San Luis, Madero asumió la presidencia el 6 de noviembre de 1911. Tenía nobles deseos para el país, como patentara José Vasconcelos a lo largo del Ulises Criollo, aún y cuando carecía de un programa de gobierno acorde con la situación imperante, creyó ingenuamente que la sola democracia sería la solución. A sus errores políticos, propios de una mezcla de inexperiencia y gestos de buena voluntad, se sumaron las acciones de diferentes grupos interesados en acabarlo: en menos de un año "el Apóstol" tuvo que enfrentar los ataques de una prensa encarnizada con su persona, huelgas, la obstrucción sistemática de dos congresos que como Poder Legislativo sólo fungieron como oposición desleal, rebeliones en el norte y sur, la renuncia de algunos de sus más allegados, su distancia respecto a quienes intentaron ayudarle y, de manera fatal y decisiva, la intromisión de los Estados Unidos de Norteamérica a través de su embajador, Henry Lane Wilson.
En este contexto, cuando el 9 de febrero de 1913 la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan y la tropa del cuartel de Tacubaya se levantó en armas contra el gobierno, no se tomó la noticia con mucha sorpresa. Los rebeldes, al mando de los Generales porfiristas Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz, liberaron de prisión a Félix Díaz y Bernardo Reyes intentando un infructuoso ataque a Palacio Nacional, defendido por el General Lauro Villar. En uno de los primeros combates murió Bernardo Reyes y Díaz y Mondragón se refugiaron en La Ciudadela. Mientras tanto, el presidente Madero cabalgó enarbolando la bandera nacional desde el Castillo de Chapultepec rumbo al Palacio Nacional, escoltado por cadetes del Colegio Militar y en compañía de algunos secretarios de estado y amigos (la famosa Marcha de la Lealtad). Durante una pausa en el trayecto, el presidente cometió el penúltimo de sus errores: nombró comandante militar de la plaza al General Victoriano Huerta, en sustitución del General Villar, que había sido herido durante el combate.
Al llegar a Palacio Nacional, Madero organizó la defensa mandando llamar a los cuerpos militares de Tlalpan, de San Juan Teotihuacan, Chalco y Toluca, proyectando movilizarse en dirección a Cuernavaca para traer al general Felipe Ángeles con su tropa organizada. Mientras tanto, Huerta entraba en nuevos tratos con los sublevados, sumándose a la conspiración golpista contra el presidente que tanto le había favorecido con su confianza.
Tras resistir el asedio, el 17 de febrero, de la manera más artera, Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron hechos prisioneros por el General Aureliano Blanquet, personaje torvo y tristemente célebre por haber dado el tiro de gracia al Emperador Maximiliano I de México en 1867. Mientras tanto, el embajador Henry Lane Wilson intrigaba contra el gobierno insinuando que sólo se podría evitar la intervención armada de los Estados Unidos con la renuncia del presidente de México. El papel realizado por Wilson durante el golpe de estado fue ignominioso: hacía ostentación ante miembros del cuerpo diplomático de conocer los proyectos desleales de Huerta y notificaba falsamente al Departamento de Estado de Estados Unidos, (al igual que hiciera Poinsett en 1822) notificando que los sublevados habían aprehendido al presidente de México junto con el vicepresidente dos horas antes de que lo anterior sucediera.
Una vez que Madero y Pino Suárez fueron hechos prisioneros, Wilson ofreció a Huerta y a Díaz el edificio de la embajada norteamericana para que llegaran a formalizar su traición en lo que se conoció como el Pacto de la Embajada. En este pacto de bajezas se desconocía a Madero como presidente de la Nación y se impuso a Huerta como presidente provisional con un gabinete integrado por elementos reyistas y felicistas para que Félix Díaz contendiera en elecciones a llevarse a cabo teóricamente.
A la infamia del Pacto de la Embajada le siguió la vejación y el brutal asesinato de Gustavo A. Madero, hermano y consejero del presidente, desarmado a traición el mismo Huerta en el restaurante Gambrinus. Después se presentaron las renuncias del presidente y vicepresidente ante un Congreso que reunido en sesión extraordinaria nombró presidente a Pedro Lascuráin, ministro de Relaciones Exteriores, quien renunció en breve para nombrar presidente a Victoriano Huerta. Entre tanto, Madero, Pino Suárez y Felipe Ángeles permanecieron presos en el Palacio Nacional, esperando un tren que nunca llegaría para embarcarlos de Veracruz a Cuba o Europa. De nada sirvieron las gestiones de su esposa y amigos ni la de los ministros de Cuba, Chile y Japón ante Wilson para que hiciera valer su influencia sobre Huerta: el embajador alcoholizado se deslindó, en una mezcla de sorna e insolencia, arguyendo que no podía interferir en los asuntos internos de México, instruyendo después a Huerta a que "hiciera lo más recomendable para asegurar la paz en el país".
La noche del 22 de febrero el general Blanquet giró órdenes, ratificadas por Huerta, para que se trasladara a Madero y Pino Suárez a la Penitenciaría de Lecumberri, salvándose al general Ángeles de acompañar a ambos personajes en su destino final (pese a su reticencia de permanecer con ellos) por el prestigio con que contaba entre el Ejército. En el camino, se simuló un ataque y ambos prisioneros fueron asesinados vilmente. La ciudad amaneció con la noticia de la muerte de Madero en boca de todos, y aunque la primera reacción fue de indignación, la mayoría de los capitalinos terminaron por celebrar cese de hostilidades y en mancuerna con la prensa, alabaron a los vencedores, ensañándose con la desgracia de los vencidos.
Con la muerte de Madero se cerró acaso el único ensayo democrático llevado en el México del siglo XX, abriéndose las mismas viejas llagas de antaño, en tanto nuevos nubarrones de tormenta avizoraban el estallido de una guerra civil.
enrique.sada@hotmail.com
Si tiene comentarios, escríbanos a: yromo@elsiglodetorreon.com.mx
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1195152.febrero-rojo-la-decena-tragica.html
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Re: La muerte de Madero

Mensaje por asterix el 6/3/2016, 11:29 pm

Cuartelazo.....¡¡¡¡¡



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Re: La muerte de Madero

Mensaje por Monakyo101 el 8/3/2016, 8:53 pm

http://archivo.eluniversal.com.mx/graficos/graficosanimados13/EU-Decena-Tragica/index.html
Una pequeña muestra de los sitios al momento de la Decena Trágica y en la actualidad.
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Re: La muerte de Madero

Mensaje por Monakyo101 el 29/5/2016, 10:09 am

La rebelión que atizó Estados Unidos
• 08 de febrero del 2013

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México, 8 de febrero.- Hace un siglo ocurrió la Decena trágica, del 9 de febrero al 18 de febrero de 1913, como se le conoce al movimiento armado que derrocó a Francisco I. Madero de la Presidencia de México. En aquellos días de fuego, las calles de Ciudad de México se convirtieron en frentes de batalla, en especial los alrededores la Ciudadela, que hoy alberga la Biblioteca México, el Centro de la Imagen y la Ciudad de los libros, y varios rincones colindantes al Palacio Nacional.

La democracia triunfante de Madero cae abatida junto con él y la Revolución Mexicana entra en una espiral de sangre que asoló todo el país porque a partir de este momento entran en conflicto aquellos que desconocen a Victoriano Huerta y los fieles de éste y sus ideales democráticos. En esos días de furia, la Ciudad de México vive entonces las últimas escenas de guerra que ha tenido en todo un siglo.

Los disidentes se levantaron en armas bajo el mando del general Manuel Mondragón y pusieron en libertad a los generales Bernardo Reyes —padre del célebre poeta regiomontano Alfonso Reyes— y Félix Díaz que estaban presos en la cárcel militar de Santiago de Tlatelolco.

Tras asaltar algunas dependencias de gobierno y decretar estado de sitio, se apoderan en cuanto pudieron de La Ciudadela que entonces era la Fábrica Nacional de Armas porque, afirma la historiadora Rebeca Monroy Nasr, allí había tantas municiones como para resistir durante seis meses. El parque lo demuestra: los rebeldes contaron con esta captura un poder de fuego compuesto por 27 cañones, 8 mil 500 rifles, 100 ametralladoras, 5 mil obuses y veinte millones de cartuchos

[dropshadowbox align=”right” effect=”horizontal-curve-both” width=”300px” height=”” background_color=”#F2EDED” border_width=”2″ border_color=”#59758D” ] Este 7 de febrero será inaugurada la exposición La imagen cruenta. Centenario de la Decena Trágica, con fotografías sobre la Decena Trágica procedentes de los fondos de la Fototeca Nacional del INAH.
Las imágenes fueron tomadas por osados fotógrafos como Eduardo Melhado, Samuel Tinoco, Abraham Lupercio, Ezequiel Carrasco, Manuel Ramos, Miguel y Agustín Víctor Casasola, Antonio Garduño, Gerónimo Hernández, Heliodoro J. Gutiérrez, Sabino Osuna y el alemán Hugo Brehme.
Una selección de 22 fotografías se exhibirá hasta el 15 de marzo en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, ubicada en Allende 172, en el centro de Tlalpan.
Esa muestra también abrirá un coloquio sobre el tema con destacados historiadores y estudiosos de la imagen.
Las conferencias se desarrollarán de 10:00 a 14:00 horas, este jueves 7 y viernes 8 de febrero.[/dropshadowbox]

Tras caer herido el general Lauro Villar, quien defendía el Palacio Nacional, Madero nombró en su lugar a quien sería su verdugo: Victoriano Huerta. Al paso de los días, las élites porfirianas y militares que no marcharon al exilio junto con el General Díaz solicitaron la renuncia de Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, lo cual fue rechazado. El 17 de febrero, el hermano del todavía primer mandatario, Gustavo A. Madero, descubrió que Huerta estaba aliado con los opositores y lo llevó ante el presidente, quien no creyó en sus palabras y lo liberó.

Pronto Huerta se alió con Félix Díaz, por ser éste jefe del ejército federal, consumando su traición destituyendo al presidente y al vicepresidente. Ese acuerdo tuvo lugar en la sede de la embajada de Estados Unidos en México y tuvo el apoyo del embajador Henry Lane Wilson —el mismo que le pidió a Madero un “subsidio económico decoroso” para frenar sus antipatías hacia su administración— y es conocido como el Pacto de la Embajada. Wilson está en el centro mismo de la conjura, sostiene el historiador Enrique Krauze en su libro Biografía del poder, porque él considera a Madero un tonto y un loco al que “sólo la renuncia podrá salvar”. Sus planes conspiratorios los tiene que acelerar porque el 4 de marzo de ese año tomará posesión Woodrow Wilson como presidente de Estados Unidos y la coyuntura política cambiaría a favor de Madero.

Tras cruentos combates, aquel 18 de febrero de 1913 Madero y Pino Suárez fueron apresados, y obligados a renunciar al día siguiente. Un día después Victoriano Huerta fue designado presidente mediante una serie de maniobras ilegítimas, por lo que sería conocido como “El usurpador”. La revuelta culminó el 22 de febrero con el asesinato de Madero y Pino Suárez.

Arturo Mendoza Mociño

Estado Mayorhttp://www.estadomayor.mx/20113

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