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70º aniversario de las deportaciónes en los países Bálticos

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Enemigo Público
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70º aniversario de las deportaciónes en los países Bálticos

Mensaje por Enemigo Público el 17/6/2011, 9:46 pm

70º aniversario de las deportaciónes en los países Bálticos




15:48 17/06/2011
Dmitri Bábich, RIA Novosti

Hace 70 años, en la noche del 14 al 15 de junio de 1941, justo antes de estallar la Segunda Guerra Mundial (22 de junio de ese año) en los tres países ribereños del Báltico: Estonia, Letonia y Lituania se llevaron a cabo detenciones masivas y deportaciones.

Las realizó el Comisariado del pueblo para asuntos internos (NKVD, por sus siglas en ruso) que ya llevaba un año “imponiendo orden” en los estados bálticos ocupados en 1940 por el Ejército Rojo de la URSS.

Desde los años 80 las tres ex repúblicas soviéticas de Estonia, Letonia y Lituania conmemoran esta fecha en recuerdo de las víctimas de represalias comunistas.

El número exacto de los deportados y fallecidos en junio de 1941 sigue siendo objeto de controversia. Según los documentos conservados, y un informe presentado por el jefe del Comité de Seguridad Estatal, Vsévolod Merkúlov, fueron 35.833 personas. Esto sin contar a los familares de los represaliados que también fueron deportados.

En Rusia no hay todavía una idea clara de cómo reaccionar ante estos hechos. Para tener una comprensión más exacta a esos acontecimientos, merece la pena recordar a los líderes concretos de las tres repúblicas del Báltico designados por Stalin en 1940, que estaban a la cabeza de esos gobiernos títeres.


Los actores del crimen

En Estonia estaba Andrei Zhdánov, uno de los organizadores de las represalias masivas de los años 30, que inició la campaña persecutoria contra varios destacados compositores, científicos y escritores, entre ellos una de los poetas rusos más representativos del principio del siglo XX, Anna Ajmátova.

El que realmente mandaba en Lituania era Vladimir Dekanózov de origen georgiano (su apellido real es Dekanozashvilli), el allegado más cercano del Lavrenti Beria, el temible jefe del NKVD asociado con los arrestos y ejecuciones masivos llevados a cabo durante la Gran Purga.

Dekanózov fue juzgado y ejecutado en 1953 junto a Beria durante el proceso de desestalinización.

Letonia fue “territorio privado” de Andrei Vishinski, organizador de los llamados “Procesos de Moscú” en la década de los 30, los tres juicios donde fueron juzgados sus ex compañeros y ex miembros del Partido Comunista acusados de conspiración. Sólo la súbita muerte de un ataque cardíaco en 1954 salvó a Vishinski del castigo justo por sus crímenes.

De modo que las personas responsables por lo que pasaba en los países bálticos difícilmente pueden ser calificados de dignos representantes del pueblo ruso que sufrió por su culpa igual que los pueblos de Estonia, Letonia y Lituania.

Por lo tanto, no hay ninguna razón para justificar a estas personas y las deportaciones que ordenaron en 1941. Al contrario, de condenar en Rusia a ellos y sus actos, se podrían echar los cimientos de reconciliación con las ex repúblicas.


Documentos reveladores

Actualmente se pueden oir con frecuencia las acusaciones contra Letonia y, sobre todo, Lituania y Estonia, de haber simpatizado con la Alemania hitleriana. La guerra estaba por comenzar y la población civil de las repúblicas bálticas colaboraba con los alemanes. Y eso, según la lógica de los acusadores, justifica las deportaciones.

Tal lógica, sin embargo, es inadmisible, y no sólo por cuestiones de moral. Las deportaciones en función de la clase social hicieron que Moscú perdiera toda confianza, lo que contribuyó, precisamente, a que el pueblo simpatizara con los alemanes, no sólo en las costas del mar Báltico sino también en otras partes de la URSS.

¿Cómo tenían que reaccionar los líderes de otros países de Europa del Este ante una orden de deportar a Kazajstán y la región de Kírov en el centro de Rusia europea a “todos los altos funcionarios de Letonia, Lituania y Estonia”? ¿Cómo tratar con el govierno que maltrata así a sus ex aliados?

Porque los altos funcionarios de los tres países bálticos en los años 1939-1940 se mostraron leales a la Unión Soviética. En virtud de los acuerdos firmados en octubre de 1939, los gobiernos de Letonia, Lituania y Estonia dejaron entrar en su territorio al contingente militar soviético con el fin, según las declaraciones oficiales, de defender a los pueblos bálticos de la posible agresión por parte de Alemania.

Pero ya en junio de 1940 la URSS, bajo el pretexto de “contingente de refuerzo”, envió a la región báltica un ejército de 400 mil soldados.

En junio de 1941 Kremlin dispuso deportar a TODOS los funcionarios de los antiguos regímenes y TODOS los “antiguos oficiales de los ejércitos zarista, polaco, lituano, letono y estonio”. Esto consta en una disposición a propósito del Comité Central del Partido Comunista y del Consejo de Ministros de la URSS.

La disposición, al igual que otros documentos reveladores de la época de Stalin, fue hecha del dominio público en Rusia hace tiempo. Su texto habla por sí mismo.


Intolerancia étnica

¿Justifican las represalias y deportaciones de hace 70 años la actual discriminación de la población rusoparlante de los países bálticos? ¿Tienen que ver los rusos que viven en las antiguas repúblicas soviéticas con la política estaliniana de los años 40 del siglo pasado?

Solemos buscar en el pasado las respuestas a muchas preguntas incómodas de la actualidad. Pero estas respuestas a menudo resultan igualmente incómodas.

Tal vez, la intolerancia étnica de los pueblos bálticos, su inclinación al separatismo fueran, en su momento, una de las razones de su tragedia.

Tras la firma en agosto de 1939 del Tratado de no agresión entre el Tercer Reich y la Unión Soviética, que declaraba a Letonia, Lituania y Estonia “zonas de interés soviético”, Hitler animó a toda la población alemana de la región a trasladarse a Alemania. Seguramente, previendo lo que haría Stalin con ellos. Así desapareció una de las comunidades étnicas más antiguas de Europa, los alemanes bálticos.

El lituano Otto Eglais recuerda aquellos días: “El pueblo lo celebraba, lleno de júbilo! Al cabo de más de 700 años nos liberamos de los ocupantes alemanes. Estabamos dispuestos a cerrar los ojos ante el terror del NKVD en la Unión Soviética y agradecíamos cordialmente al compañero Stalin su sabia política.

En 1962 el agrónomo Eglais quiso compartir sus recuerdos con el entonces dirigente de la URSS Nikita Jrushchóv y le escribió una carta publicada recientemente.

Como resultado de la purga étnica de los principios de los años 40 los alemanes bálticos desaparecieron y los lituanos, letonos y estonios tuvieron que aceptar el poder soviético con todas las consecuencias.

La paradoja está en que la URSS también salió perdiendo ya que obtuvo tres provincias muy intranquilas.

Tal y como predijo el celebre diplomático estadounidense, George Kennan, que en aquella época estaba destinado en Riga, la capital lituana, pasados cincuenta años fueron estas tres repúblicas los promotores de la desintegración de la Unión Soviética.

“Sin ellas, en las fronteras del zar Alexis I de Rusia (reinó en 1645-1676) más San Petersburgo, la Unión Soviética habría sido mucho más estable”, - escribía Kennan en sus memorias.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI


http://www.sp.rian.ru/opinion_analysis/20110617/149422914.html

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