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La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

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La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

Mensaje por Von Leunam el 21/6/2015, 4:43 pm

La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak



“No teníamos libertad; ni siquiera podía fumarme un cigarrillo”, responde Hamed cuando se le pregunta cómo le afectó la llegada del Estado Islámico (EI) a Ramadi, la capital de la provincia iraquí de Al Anbar. Puede parecer una nimiedad cuando uno se ha convertido en refugiado dentro de su propio país, pero da una idea del nivel de control social al que aspira el autoproclamado Califato. Como cientos de miles de iraquíes, Hamed y su familia terminaron abandonando su hogar cuando perdieron la esperanza de que las fuerzas gubernamentales pudieran frenar a los yihadistas.

“En dos incursiones anteriores, nos refugiamos en un pueblo cercano y regresamos a Al Tamim [su barrio] días después, cuando el Ejército lo recuperó, pero cuando entraron el mes pasado ya no teníamos dinero y aguantamos dos semanas esperando a que volvieran los soldados”, explica Hamed sin ocultar la decepción por la retirada de las fuerzas gubernamentales.

A los 51 años, este padre de seis hijos que trabajaba como taxista ha perdido su casa, su medio de vida y hasta querían quitarle el único vicio que podía permitirse, el tabaco. “Todo está prohibido, sobre todo para las mujeres”, señala su esposa, Karima, de 39 años, que cuenta que no podía salir sola a la calle. Poco a poco fueron desapareciendo los abastecimientos y servicios. “Cerraron las tiendas y la comida empezó a escasear”, añade. Además, empezaron los bombardeos aéreos. De ahí que escaparan hacia el sur y, tras 12 días en un campamento en Ameriyat Faluya, se hayan reunido con otros familiares en este campo de desplazados de Al Dora, un barrio suní del sur de Bagdad.

Karima y Hamed, al igual que el resto de los desplazados de la provincia de Al Anbar, son suníes, la misma rama del islam a la que se adhieren los seguidores del EI. Y sin embargo, discrepan de la interpretación que los yihadistas hacen de su religión. No son los únicos. Un poco más al sur, en el campamento de desplazados de Al Salam, gestionado por una cofradía sufí, varios seguidores de esta corriente mística del islam denuncian sus agresiones. “Han destruido nuestros templos en Al Anbar, Nínive, Saladinn y Diyala, también han apresado a algunos de nuestros líderes religiosos”, declara Adawiya Saleh, de 40 años. “Matan a la gente, sobre todo a los jóvenes que se niegan a unírseles”, agrega compungida.

La violencia de los yihadistas del EI contra las minorías se hizo patente en junio del año pasado cuando, tras tomar Mosul, llevaron a cabo matanzas de yazidíes y agresiones contra cristianos, shabak o kakais que las organizaciones de derechos humanos tacharon de limpieza étnica. Pero el mensaje que dejaron claro desde el principio fue que para los chiíes no había perdón. Se erigían en protectores de la comunidad suní y declaraban la guerra al Gobierno de Bagdad, dominado por los chiíes desde el derribo de Sadam porque son mayoría en Irak. Aún así, muchos suníes discrepan de ese uso de la religión como instrumento de control social.

“Cambiaron todas las normas, de repente todo se convirtió en haram [pecado] Las mujeres teníamos que cubrirnos hasta la cara”, apunta Anwar, una suní de 29 años, que también escapó de Ramadi con su marido y dos hijos hace un par de semanas. Varias mujeres que como ella están aseándose en una de las fuentes instaladas por Unicef respaldan sus palabras. Sólo recordar a los barbudos les produce repulsión. “Iban armados con pistolas y cuchillos, muchos llevaban máscaras para que no les reconociéramos”, afirman.

La mayoría abandona sus casas antes incluso de que lleguen los que describen como “terroristas”, ya que su fama les precede. Gracias a una astuta utilización de la propaganda crean el pánico. “El EI no necesita muchos soldados. Con unas pocas decapitaciones selectivas, consigue que la gente huya despavorida”, constata Lise Grande, la coordinadora humanitaria de la ONU para Irak. Pero no todo el mundo se siente intimidado. Por simpatía, falta de alternativas o indiferencia, hay gente que se ha quedado a vivir en las zonas bajo el control del EI.

“Mientras no te metas con ellos, no tienes problemas”, asegura Omar, un estudiante de Medicina en la Universidad Al Maamun de Bagdad, antes de regresar a su casa en Al Qaim, en la frontera con Siria, al acabar el curso. Admite que “han impuesto restricciones, en especial a las mujeres”, pero insiste en que “la vida transcurre normal”.

Huyen los miembros de las fuerzas de seguridad y sus familias, así como las minorías o los adinerados que pueden establecerse en otras regiones de Irak, principalmente el Kurdistán. La mayoría de quienes se quedan son árabes suníes que tratan de seguir con sus vidas y hasta llegan a sentirse más seguros respecto a la violencia precedente. A menudo, temen más al Gobierno central y a las milicias chiíes en las que se apoya para combatir a los yihadistas que al propio EI.
Luna de miel con yihadistas

En su intento de atraer a simpatizantes, el Estado Islámico ya no sólo difunde vídeos de sus atrocidades, sino también noticias amables, como la reapertura del antiguo hotel Niniwa International en Mosul (con una oferta de tres noches para recién casados) o el testimonio de un médico australiano con su experiencia en un hospital de Raqqa (Siria). Lo que no dicen esas informaciones es que, por razones humanitarias, las organizaciones internacionales, a través de sus socios locales, siguen enviando medicinas para las necesidades más urgentes. También el Gobierno de Bagdad continúa pagando cada dos o tres meses los sueldos a los funcionarios.

Difundir el mensaje de que la vida bajo el control del Califato transcurre con normalidad es esencial para su proyecto, una profecía de gobierno perfecto atribuida a Mahoma con la que resulta fácil seducir a musulmanes desencantados con sus gobernantes. Por esta razón, los yihadistas tratan de reparar los servicios de electricidad, agua y alcantarillado en las zonas que controlan, imponen tasas, o promulgan normas administrativas en consonancia con su reclamación de ser un Estado.

“En dos años, el EI se ha convertido en un fenómeno social que afecta incluso a la comida, la ropa y el comportamiento de la gente”, explica el analista iraquí Hisham al Hashemi, experto en el grupo y autor del libro El mundo del EI (en árabe). De ahí que en su opinión ni la solución militar ni la política sirvan para hacer frente al problema. Al Hashemi, que cuenta con una red de colaboradores sobre el terreno, concluyó el pasado mayo que un 90% de quienes permanecen bajo la férula yihadista no están ni con el califato ni con el Gobierno (frente a un 5% de simpatizantes y otro 5% obligado a quedarse por alguna razón).

No obstante, la capacidad para decidir se ve muy mermada por la alternativa —unirse a los tres millones de desplazados internos que malviven en el resto del país— y la falta de libertad de movimientos. La mayoría de los viajeros tiene que pagar una tasa para salir del califato, que casi ocupa un tercio de Irak y buena parte de Siria. A Omar le piden unos 80 euros cada vez que viaja a Bagdad; el regreso no le plantea problemas porque sus apellidos revelan su origen suní. “No te hagas del EI”, le despiden sus compañeros de facultad (chiíes), esperando volver a verle el curso que viene.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/21/actualidad/1434840476_909535.html
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Re: La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

Mensaje por Von Leunam el 23/6/2015, 3:42 pm

Bagdad da la espalda al Estado Islámico



A tenor de los carteles que salpican sus calles, Bagdad es una ciudad en pie de guerra. Desde las pancartas, combatientes de uniforme animan a los iraquíes a alistarse no en el Ejército, sino en alguna de las decenas de diferentes milicias, o dan fe de los caídos en la batalla contra el Estado Islámico (EI). Su mera existencia refleja la fragmentación social que también se plasma en barrios segregados por comunidades étnico-religiosas. Sin embargo, los bagdadíes se niegan a que la violencia les marque el paso.

El EI proyecta una pesada sombra sobre Bagdad. Su amenaza es tema de conversación, de debates televisivos y, recientemente, incluso de la programación del Teatro Nacional. El viejo edificio de Karrada acoge esta temporada a troupes provinciales que escenifican experiencias con el Daesh, como la mayoría llama aquí al grupo, usando un acrónimo árabe que disgusta a sus simpatizantes.

Tienen motivo para estar preocupados. Apenas a 60 kilómetros, en Faluya, ondea la bandera negra desde principios de 2014, seis meses antes de que los yihadistas tomaran Mosul. Una noche sí y otra también hay ataques sobre Abu Ghraib, a medio camino. Aun así, no da la impresión de que Bagdad sea ahora más insegura que hace un año. Continúa habiendo atentados indiscriminados contra mercados y otros lugares públicos, pero sus ocho millones de habitantes (casi una cuarta parte de la población del país) parecen haber decidido seguir con sus vidas sin dejarse intimidar.

Además de significar un alivio para parturientas y otras urgencias médicas a deshora, el levantamiento del toque de queda nocturno el pasado febrero ha dado confianza a muchas familias para salir a la calle. En Al Mansur y Karrada son habituales los atascos de tráfico al final del día, más aún ahora con el Ramadán.
Corrupción

También algunos restaurantes vuelven a estar concurridos para la cena. En el Mazaj, en una bocacalle de la avenida Saadún, la parroquia incluye numerosas mujeres, la mayoría sin velo. El local cuenta con una terraza cubierta, en la que ventiladores con humidificador refrescan el aire. Por un momento, la decoración tropical y la jaula con pájaros hacen que una se olvide de que está en la capital iraquí; salvo que la cita es para hablar del Daesh y el ruido del generador dificulta la conversación. Esas máquinas de producir electricidad son omnipresentes. Su runrún se ha convertido en la banda sonora de Bagdad, igual que antes lo fue de Beirut. Y como pasara en la capital libanesa, también son una trampa.

No hay barrio que no tenga un potente generador para paliar la incapacidad de la red eléctrica nacional. Abu Rihab paga 125.000 dinares (unos 80 euros) al mes a su proveedor para evitar quedarse sin aire acondicionado o que se le pierda la comida de la nevera con los cortes que se producen cada dos horas. Con máximas que superan los 45 grados centígrados y mínimas por encima de los 30, no es ningún lujo. El problema es que el negocio ha creado intereses que bloquean cualquier intento serio de solucionar las carencias de suministro público.

Hace mucho que Bagdad dejó de ser la ciudad de las mil y una noches. Pero a los bagdadíes les gustaría que la estatua de Kahramana, que echa un aceite imaginario a los 40 ladrones en una fuente, cobrara vida y actuara contra los especuladores.

La corrupción resulta tan peligrosa como el EI. A ella se atribuyen los soldados astronautas, en parte responsables de que el Ejército no haya opuesto resistencia al avance de los yihadistas, y ahora se empieza a hablar de “funcionarios fantasma”. Asegurado el puesto, y el sueldo, no vuelven a aparecer por el departamento que les ha contratado. La sospecha sobrevuela el proyecto de la Ópera.

Como el polvo del desierto que a menudo desdibuja los contornos de los edificios, el manto de las corruptelas eclipsa las perspectivas de una ciudad que un día fue faro de la cultura árabe.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/22/actualidad/1434998891_566306.html
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Re: La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

Mensaje por Von Leunam el 25/6/2015, 4:28 pm

Un éxodo que presiona las costuras de Irak



En el campamento de Al Salam, al sur de Bagdad, los desplazados por el avance del Estado Islámico (EI) sobre Ramadi el mes pasado se superponen a los que llegaron de la provincia de Saladino hace ya casi un año. De 375 familias se ha pasado a 800 y siguen aumentando. En total 3,1 millones de iraquíes se han visto obligados a abandonar sus hogares desde junio de 2014, casi un millón de ellos en los últimos seis meses. Pero esa creciente presión choca con una falta de fondos que está obligando a la ONU a reducir sus programas de asistencia. Fuentes humanitarias advierten del peligro de que el EI saque partido de la eventual suspensión de la ayuda, lo que afectaría sobre todo a la comunidad árabe suní.

“Nos estamos quedando sin dinero”, declara a EL PAÍS Lise Grande, la coordinadora humanitaria de la ONU para Irak. “Estamos a punto de abandonar a las víctimas del EI, una de las insurgencias más brutales del mundo”, añade.



La falta de fondos es tan grave que han tenido que cerrar 77 centros médicos en las zonas del frente y reducir las raciones de comida que proporcionan a un millón de iraquíes. Por eso, la ONU y las ONG que colaboran con la organización han pedido con urgencia a los donantes 450 millones de euros para cubrir el coste de facilitar agua, comida, techo y otra ayuda de emergencia durante los próximos seis meses a las comunidades desplazadas o afectadas por los enfrentamientos entre el EI y las fuerzas gubernamentales.

“Cada vez que hay un enfrentamiento, aumenta el número de quienes abandonan sus hogares”, constata Grande, que ha visto como los desplazados pasaban de 2,2 millones a 3,1 millones en los seis meses que lleva en Irak. “Hay 14 potenciales Ramadi en camino”, advierte tras recordar que en total 8,2 millones de iraquíes necesitan asistencia y que fácilmente van a superar los 10 millones para finales de año.

La misma sensación de urgencia transmite Médicos Sin Fronteras (MSF), cuyo coordinador para Irak, Fabio Forgione, declaraba recientemente que el país “está experimentando su peor crisis humanitaria de las últimas décadas”. Esa organización alerta de “zonas grises” a las que no está llegando la ayuda humanitaria que miles de personas, sobre todo en el centro de Irak, necesitan con urgencia.

Aunque nadie lo menciona de forma directa, en el centro de Irak, en las zonas grises, viven sobre todo árabes suníes, la comunidad más afectada por el vuelco político que ha dado el país desde el derribo de Sadam Husein. Aunque la mayoría chií recela de sus simpatías hacia del EI, son ellos las principales víctimas, primero de su avance y luego de los combates para recuperar el territorio. Fuentes humanitarias señalan que el 90% de quienes reciben ayuda son suníes. De ahí el temor a que, si la falta de fondos les deja sin asistencia, terminen echándose en brazos de ese grupo, que se presenta como su salvador frente a los Gobiernos chiíes de Bagdad y Damasco.

Se ha visto de nuevo tras la caída de Ramadi. Miles de personas, que habían aguantado un asedio de nueve meses, intentaron ponerse a salvo cruzando el Éufrates, la única vía de escape posible. En lugar de una operación de asistencia, el Gobierno (dominado por una coalición chií) desplegó controles para evitar que entre los escapados se colara algún terrorista suicida. Sólo quien disponía de un familiar o conocido que le apadrinaba podía cruzar. Las imágenes de la gente agolpándose desesperada en el pontón de Bsabeez pusieron en evidencia a las autoridades.

“En el puente han muerto niños y gente mayor que no ha aguantado el calor”, admite Grande.

En contraste, algunos ciudadanos acudieron a título individual a ofrecerse como garantes de desplazados a los que ni siquiera conocían. Es el caso de Yasin, el almuédano de la mezquita de Al Muthanna, en el barrio de Al Dora, que ha acogido a 23 familias. Como ellos, la mayoría de quienes huyen de la violencia han encontrado refugio en casas de familiares, edificios cedidos por benefactores o centros religiosos.

“Tenemos dificultades para llegar a ellos porque se distribuyen en más de 3.000 lugares; muchas comunidades les han acogido y se han mostrado extraordinariamente generosas, pero según pasan los meses empiezan a resentirse del esfuerzo. En Kurdistán se ha doblado el nivel de pobreza no sólo de algunas familias, sino de toda la comunidad”, explica la coordinadora humanitaria de la ONU.

Además, este año Irak afronta un importante déficit fiscal debido al descenso del precio del petróleo y los gastos por el conflicto con el EI. El presupuesto se ha reducido un 40%, lo que está impidiendo la ayuda en efectivo a los desplazados. Eso aumenta su vulnerabilidad, ya que hasta que no están registrados no tienen acceso a la cartilla de alimentos que distribuye el Gobierno. De ahí que Grande insista en la importancia de que la comunidad internacional arrime el hombro. “Es algo temporal. En cuanto suba el precio del petróleo, Irak podrá hacer frente a esas necesidades por sí mismo”, asegura.

“Necesitan que alguien les escuche”

Á. ESPINOSA

“No hay enfermedades graves. La mayoría acude con diarreas, problemas respiratorios e infecciones de la piel debidas a las condiciones en las que se encuentran. Si logramos que se instale el sistema de saneamiento y distribución de agua que hemos propuesto, se solucionarían el 70% de los casos”, explica Ernesto Altamirano, responsable médico de MSF, durante una visita a Al Salam donde el grupo opera dos clínicas. En opinión de este salvadoreño, “lo que más necesitan es que alguien los escuche”. Por eso su organización está preparando un servicio de salud mental atendido por psicólogos.

El problema es la burocracia iraquí. Visados y permisos resultan laboriosos de conseguir. Aunque sobre el terreno los extranjeros son bien recibidos, las autoridades se muestran recelosas. Altamirano considera que eso está cambiando. “Desde hace un mes el Ministerio de Sanidad ha empezado a reconocer que no llega a todo, que necesita ayuda”, señala.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/21/actualidad/1434895368_861201.html
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Re: La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

Mensaje por Von Leunam el 19/10/2015, 8:52 am

El 'Estado del bienestar', según el IS



Si examinamos cómo organiza el Estado Islámicolos territorios que controla bajo un férreo régimen del terror comprenderemos que el grupo yihadista ha puesto en marcha una concienzuda administración destinada a sacar provecho de cada céntimo para financiarse. El IS (según las siglas inglesas por las que se abrevia el Estado Islámico) consigue su dinero de la extorsión y el contrabando de petróleo o bienes arqueológicos, pero una parte muy importante del dinero que recoge lo hace a través de un organizado sistema tributario. Las estimaciones más conservadoras le atribuyen unos ingresos anuales de unos 2.550 millones de euros, siendo el grupo terrorista más rico de la Historia.

ORDEN Y 'SHARIA'.

El IS controla un área de entre seis y ocho millones de habitantes que se extiende entre Siria e Irak. En ciudades bajo su control, como su capital en Siria, Raqqa, el IS paga salarios, los bancos funcionan y hay servicios de autobuses de línea que comunican la ciudad con Damasco y otros puntos del país diariamente. A su manera, el IS imparte justicia y orden: impera la sharia (ley islámica) y está prohibido fumar y beber alcohol.

IMPUESTOS.

En su esfuerzo de crear una estructura pseudoestatal, el califato ha puesto en marcha un detallado sistema de tasas sobre las más variadas actividades de la vida social. Expertos de Thomson Reuters estiman en un informe que sólo en Mosul, el IS recauda algo más de siete millones de euros al mes en impuestos.

TASAS BANCARIAS.

En los territorios bajo su control, el IS ha impuesto una tasa a todas las retiradas de dinero en efectivo de cuentas bancarias. También cobra a las compañías de telecomunicaciones por permitir operar sus líneas de telefonía móvil, grava con una especie de IVA a todos los bienes, otro 5% lo deduce a todos los salarios de trabajadores, para mantener su peculiar Estado del bienestar. Los empleados públicos siguen cobrando sus sueldos de los gobiernos de Bagdad y de Damasco y, según los expertos, el IS grava a los funcionarios iraquíes un 50% de su salario, lo que trajo a sus arcas al menos 300 millones de dólares el año pasado. Además, cobra un diezmo a los no musulmanes, como se hacía en los primeros tiempos del islam.

FRONTERAS.

Cada camión de mercancías que entra por las fronteras que controlan los milicianos del IS está obligado a pagar un gravamen de aduanas de unos 700 euros. En el norte de Irak se ha documentado un impuesto de circulación por carretera de 175 euros. Las compañías tributan al 20% por sus beneficios y contratos. Según los expertos, el siguiente paso del grupo yihadista puede ser implantar las llamadas tasas de protección que la guerrilla colombiana de las FARC solía aplicar a las compañías multinacionales.

EXTORSIÓN.

Sumando el dinero que ingresa el Estado Islámico mediante el sistema impositivo y la extorsión -ambos profundamente imbricados según su manera de entender las finanzas-, analistas del think tank estadounidense Rand Corporation calculan que el grupo amasa más de un millón de dólares (800.000 euros) al día. El pago de rescates por secuestros y otras formas de extorsión a hombres de negocios también aporta a la hucha del IS unos 20 millones de dólares. Otras veces, coge el dinero directamente de caja, como cuando tras conquistar Mosul, en junio de 2014, se hizo con casi 375 millones de euros en dinero contante y sonante de las oficinas en Mosul del Banco Central de Irak.

PETRÓLEO.

No es la principal fuente de efectivo para el califato, ya que desde los bombardeos de la coalición liderada por Estados Unidos, la infraestructura bajo su control, especialmente las refinerías, han sido dañadas. Los ingresos por la venta de crudo han caído a dos millones de dólares (1,7 millones de euros) por semana, lo cual todavía es sustancioso. La producción queda, en mayor parte, para consumo interno.

TRÁFICO DE OBRAS DE ARTE.

El saqueo del patrimonio arqueológico de importantes enclaves de Siria e Irak también ayuda a aumentar los bolsillos del califato. Según Thomsom Reuters, el IS aplica una especie de tasa por derecho a saqueo de sitios arqueológicos, que en el caso de Alepo es del 20% y del 50% en Raqqa.

http://www.elmundo.es/internacional/2015/10/18/562155d4268e3ebb408b4615.html
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Re: La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

Mensaje por Von Leunam el 19/1/2016, 4:01 pm

3.500 esclavos del Estado Islámico en Irak



Eran nueve. Se tendieron en la calle y una excavadora les pasó por encima ante la mirada de los vecinos de Mosul que se habían congregado en la céntrica plaza donde tienen lugar las ejecuciones.

Sucedió el pasado 10 de julio y es, junto a los 3.500 esclavos que mantiene en su poder, uno del sinfín de crímenes firmados por el autodenominado Estado Islámico que la ONU reúne en un informe publicado este martes sobre la violencia en Irak."
El IS continúa cometiendo una violencia sistemática y generalizada y abusos del derecho internacional. Estas acciones constituyen, en algunos casos, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y posiblemente genocidio", indica el documento que levanta acta de las tropelías perpetradas por los yihadistas y el resto de actores en liza desde principios mayo hasta finales de octubre del pasado año.En este período, los ataques contra la población civil segaron la vida de 3.855 personas.

Otras 7.056 resultaron heridas. No obstante, el informe -elaborado por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y la misión de la ONU en territorio iraquí- alerta de que la cifra real "puede ser mucho más alta de la documentada". El drama que padecen los iraquíes tiene otras muchas aristas como la esclavitud de quienes quedaron atrapados en el rápido avance que la organización yihadista protagonizó en agosto de 2014 por el norte del país.

Según la ONU, las huestes del IS mantienen en su poder alrededor de 3.500 esclavos, en su mayoría mujeres y niños de la minoría yazidí -seguidores de una fe vinculada al zoroastrismo a los que los barbudos consideran "adoradores del diablo"- aunque también proceden de otras minorías étnicas y religiosas. Convertidos en "botín de guerra", son vendidos al mejor postor y sufren asaltos sexuales durante un cautiverio que el pasado junio relataron a este diario varias jóvenes que habían logrado escapar.

El informe también desvela que el IS asesinó en agosto a una veintena de mujeres que se negaron a mantener relaciones sexuales con sus combatientes en Mosul, la segunda ciudad iraquí capturada por el grupo en junio de 2014. Dos meses antes, varias esclavas fueron entregadas como premio a los tres ganadores de una competición local de memorización del Corán. Su tráfico ha sido además usado por los líderes el IS para motivar el ardor guerrero de sus acólitos.

La infancia que habita los confines del califato declarado a caballo de Siria e Irak tampoco ha resultado ajena a la irrupción de los barbudos. En junio el IS raptó a a entre 800 y 900 niños en Mosul para adiestrarlos y convertirlos en cadetes de la organización. "Los menores fueron divididos en dos grupos: quienes tenían entre cinco y diez años fueron trasladados a un campamento de educación religiosa mientras que los que contaban con entre diez y quince años fueron obligados a recibir entrenamiento militar", señala el documento.
Las detenciones y las brutales ejecuciones a plena luz del día se han cebado con aquellos que "rehúsan el código de comportamiento del IS o a quienes se considera opuestos a su ideología". Ex miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes, funcionarios, candidatos electorales, líderes tribales o religiosos, periodistas, abogados y doctores han engrosado junto a los homosexuales el listado de enemigos de la organización que dirige Abu Bakr el Bagdadi y que -a pesar de haber cimentado su dominio sobre Mosul- ha perdido en los últimos meses zonas clave como el monte Sinyar o la ciudad de Ramadi.Desde principios de 2014, el conflicto ha causado más de 3,2 millones de desplazados internos.

El informe también arroja luz sobre las violaciones de derechos humanos perpetradas por fuerzas del orden iraquíes, milicias chiíes, batallones tribales que luchan contra el IS y los "peshmerga" (tropas de la región autónoma del Kurdistán iraquí). La ONU subraya los secuestros de civiles, las acciones contra el IS y las restricciones impuestas por Bagdad para la libre circulación de sus ciudadanos.

http://www.elmundo.es/internacional/2016/01/19/569e2018268e3e37698b4581.html
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Re: La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

Mensaje por Von Leunam el 19/7/2016, 5:51 am

Huyendo del Estado Islámico en Irak con miedo y hambre



Los llantos de los niños erizan el ánimo en el campo de desplazados de Debaga. Cada noche llegan aquí nuevas familias que huyen del Estado Islámico o de las represalias del ejército iraquí. Este lugar se encuentra a tan sólo 10 kilómetros de la línea de frente contra el Daesh (acrónimo en árabe de Estado Islámico), establecido en Makhmur, un pueblo que ahora es zona militar justo en la frontera entre la región del Kurdistán iraquí y la provincia de Nínive, territorio del grupo yihadista, cuya capital esMosul.

A un lado del antiguo estadio de Debaga, dos grandes tiendas albergan a unas 250 mujeres y niños. Los hombres están separados, mientras son sometidos a un exhaustivo control de seguridad que tiene como fin verificar sus identidades, trazar sus orígenes e impedir que el Estado Islámico (IS, en sus siglas en inglés) se infiltre entre los desplazados. Yusuf, un niño de 11 años, se acerca: "Estoy hambriento. No tengo ropa".

Un grupo de madres suplica ayuda. "No tenemos comida ni ropa para los niños. No podemos cocinar y apenas nos dan una barra de pan para cada familia", dice una mujer que viene de Mosul. Lleva la cara cubierta con un niqab negro. Dice que tiene seis hijos, que llevan meses sin comer arroz o carne. Otra madre, a su lado, explica: "Estamos cansadas de la suciedad. No hay dónde lavarse, estamos sucios todo el tiempo". Hay cinco letrinas, pero no son suficientes. El campo principal de Debaga está tan masificado que se ha tenido que improvisar un segundo recinto en lo que era un campo de fútbol. Desde las tribunas que antes servían para ver los partidos puede divisarse hoy un mar de tiendas de campaña clavadas sobre la fina arena del desierto, que forma remolinos con el viento.



Las mujeres se arremolinan bajo un calor abrasador y refieren el horror vivido durante dos años bajo el dominio del Daesh. "Mataron a mi marido, lo decapitaron delante mío", cuenta, envuelto el rostro en un velo de lágrimas, una mujer toda vestida de negro. Otra explica las amputaciones de orejas y nariz que practicaban los yihadistas como castigo. Todas lloran. Hace 12 días que llegaron a Debaga y están traumatizadas. "Este sitio tampoco es mejor", dicen. En estas enormes carpas esperan mientras se les asigna su propia tienda. Unicef les proporciona lo más urgente, lo básico: agua y letrinas, kits de higiene y un cubo azul para cada familia. Con esos cubos las mujeres hacen cola frente a las carpas para recolectar las barras de hielo que reparte un camión.

Mohamed y Zohra (prefieren no dar sus nombres verdaderos por temor a que el IS tome represalias contra su familia en Mosul) llegaron a Debaga hace "dos meses y dos días". Son de una aldea cercana a Makhmur y han vivido estos dos años bajo el control del Daesh hasta que pudieron huir con sus hijos a este campo, cuando el ejército iraquí tomó su pueblo y lo declaró zona militar. "Aquí estamos bien, aunque no siempre tenemos electricidad", se conforman. "En nuestra aldea dejamos nuestra casa, nuestros animales, pero pudimos escapar en coche con toda la familia. Si nuestra casa aún está en pie, volveremos algún día", dice Mohamed.

"La vida bajo el Daesh fue muy difícil. Los yihadistas mataron al marido de mi hermana porque era militar. Era el padre de este niño", explica Zohra, la esposa, acariciando la cabeza del chico. Ambos son profesores de primaria, pero el IS les prohibió seguir trabajando. "Implantaron su propia doctrina en las escuelas y nosotros no podíamos trabajar allí. Por ejemplo, para enseñar matemáticas contaban: 'dos bombas más tres bombas, igual a cinco bombas'. Y no queríamos que nuestros hijos aprendieran eso, así que poco después los sacamos de la escuela", cuenta la mujer.

"Cuando el IS llegó, nos impidió abandonar el pueblo y todos tuvimos que vivir bajo su control. Hasta que llegó el ejército y toda la aldea marchamos. Aquí estamos mejor que con el Daesh", confiesa el padre, aliviado. Su hermana vive en Mosul, la capital del califato. "Hace dos o tres meses que no hablamos con ella. Es difícil llamarla por teléfono porque si el IS los descubre los acusan de ser espías y los ejecutan en ese mismo momento", relata.

Como ellos, otras 644 familias (más de 4.000 personas) malviven en el estadio. Al otro lado del pueblo de Debaga, el campo de tránsito originalmente establecido en 2015 alberga a más de 8.000 personas. Es difícil establecer cuántas personas acoge este campo de tránsito porque los números cambian constantemente. Las autoridades cuentan un total de 18.000. Ya se está preparando una tercera extensión para albergar a otras casi 1.000 familias.

Al otro lado del estadio hay una base de los peshmerga, las fuerzas kurdas. "Tenemos miedo de que la línea de frente se mueva hacia aquí, así que tenemos planes de reducir este campo de acogida temporal todo lo que podamos", declara Vian Rasheed, directora del Centro de Coordinación Conjunto, que depende del gobierno de Erbil, en la región autónoma del Kurdistán. A esta región han huido más de 1,3 millones de iraquíes, por miedo al IS. "Por ahora, no tememos ningún ataque desde el exterior y la seguridad dentro está garantizada", certifica Azgar Abed, responsable del campamento.



Pero la operación militar que se está preparando para reconquistar Mosul de las garras del IS augura un pico en la llegada de desplazados y peligro inminente de ataques. El ejército iraquí está expulsando a la población para preparar la ofensiva. Dada la cercanía del campo con la línea de frente y el continuo trasiego de desplazados, Debaga ha puesto en marcha un sofisticado sistema de seguridad. "El primer control lo hacen los peshmerga, en la frontera. Si detectan algún sospechoso, con armas o que llega sin familia, lo rechazan. Después pasan aquí un control exhaustivo", explica Rasheed.

Las autoridades del campo se coordinan con los peshmerga, que les avisan de flujos masivos de desplazados. "Con las operaciones militares en curso llegan cientos de personas de golpe. El reto es darles asistencia. Proveerles de comida y ropa es lo más acuciante, porque llegan sin nada, con lo puesto y sin ahorros tras dos años bajo el IS", detalla Rasheed. "Muchos presentan enfermedades crónicas, como diabetes o cáncer, que no se han podido tratar. Y también es urgente vacunar a los niños de la polio, porque el IS detuvo todas las vacunas", añade. "Dependemos al 100% de las agencias de Naciones Unidas. Del ACNUR para darles techo; de Unicef para agua y saneamiento; del Programa Mundial de Alimentos para darles comida y de la Organización Mundial de la Salud para la sanidad", añade.

Casi toda la población huida a Debaga procede de áreas que han estado bajo el yugo de los yihadistas, que conquistaron Mosul en junio de 2014. La noche anterior llegaron a Debaga 400 personas procedentes de Shingar. "Son de la tribu de los Jahesh, que huyen de las represalias por haber apoyado al IS. Ellos eran los que vendían a las mujeres yazidíes como esclavas por cinco dólares por cabeza", dice Rasheed. Ahora, tendrán que convivir con los que huyeron del terror del Daesh.

http://www.elmundo.es/internacional/2016/07/19/578cfc2ee2704e0b0c8b4617.html

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Re: La vida cotidiana bajo el yugo del Estado Islámico en Irak

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