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Las nuevas líneas estratégicas de la defensa estadounidense

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Von Leunam
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Las nuevas líneas estratégicas de la defensa estadounidense

Mensaje por Von Leunam el 1/2/2015, 11:50 pm

Las nuevas líneas estratégicas de la defensa estadounidense



Por Guillem Colom*

Hace unos meses hablábamos sobre las lecciones que había aprendido Estados Unidos de la ‘Guerra contra el Terror’ y cómo Washington estaba replanteando su estrategia de seguridad y defensa para acomodarla al mundo actual. Más específicamente, tal y como sugieren los documentos estratégicos que el país ha estado elaborando a lo largo de estos últimos meses:

- La estabilidad global podrá verse comprometida por la persistencia de los efectos perversos de la globalización tales como la expansión de actores capaces de disputar el monopolio de la violencia a los estados, inestabilidades regionales, extremismos violentos motivados por cosmovisiones enfrentadas, competición por los recursos, difusión de tecnologías avanzadas, proliferación de armamento de destrucción masiva o el auge de potencias regionales capaces de limitar la influencia estadounidense.

- La acción exterior estadounidense podrá verse condicionada por la irrelevancia estratégica europea y su incapacidad para garantizar su propia seguridad, la inestabilidad política en el Magreb, Sahel y Oriente Medio, la creciente asertividad rusa, los riesgos que entrañaría un Irán nuclear, una evidente desconfianza hacia China, la debilidad de su economía y el incremento de la presencia norteamericana en la región Asia-Pacífico.

- La situación financiera del Pentágono posiblemente no experimentará ninguna mejoría y hasta incluso podría empeorar en los próximos años en caso de no controlar el déficit público del país.

- Las fuerzas armadas estadounidenses deberán prepararse para combatir en todo el espectro del conflicto – desde guerras híbridas contra actores no-estatales que emplean medios y tácticas asimétricas a acciones de alta intensidad contra países equipados con armamento de destrucción masiva o ejércitos avanzados que han explotado las tecnologías vinculadas con la última Revolución en los Asuntos Militares – y realizar una amplia gama de misiones en un entorno operativo complejo, cambiante, transparente y sin apenas fronteras físicas ni virtuales.

Washington ya parece haber trazado las líneas maestras de un nuevo modelo de defensa que se verá refinado con la consolidación de la Tercera Estrategia de Compensación recientemente planteada. En este sentido, el país reducirá su presencia avanzada – especialmente la situada en suelo europeo, aunque los sucesos en Crimea y Ucrania podrán motivar una reevaluación de esta decisión – y la concentrará en la región Asia-Pacífico. También abandonará los despliegues de fuerzas masivos y descartará conducir grandes campañas militares o embarcarse en operaciones de cambio de régimen y construcción nacional. Igualmente, evitará participar en labores de gestión de crisis, estabilización, apoyo a la reconstrucción y lucha contra la insurgencia y mostrará un limitado interés en colaborar con organizaciones multilaterales de seguridad.

Este conjunto de actividades serán sustituidas por un progresivo repliegue a nivel global que se combinará con la priorización de la inteligencia prospectiva obtenida gracias al dominio que Washington tiene del ciberespacio y las capacidades de ataque estratégico de precisión, proyección global de las fuerzas y el acceso a cualquier punto del planeta con independencia de las medidas defensivas que pueda desplegar el adversario. Igualmente, se pretende que el país vuelva al modelo de dos guerras para definir la entidad de sus fuerzas armadas, su catálogo de capacidades y su patrón de despliegue, algo que no sólo indica la tradicional disuasión de Teherán y Pyongyang; sino también sugiere la ilusoria voluntad de contener a Irán y China con una estructura de fuerzas claramente insuficiente. Además, Washington incrementará las colaboraciones ad hoc con terceros países y la limitará tanto sus compromisos defensivos como su presencia avanzada. Ello se combinará con la conducción de operaciones limitadas en tiempo, espacio y medios implicados, algo que estamos viendo con la estrategia empleada por el país para combatir a Daesh; la oposición a mantener grandes despliegues permanentes de fuerzas y la renuencia a desplegar unidades terrestres en zonas de conflicto; la multiplicación de las acciones contraterroristas puntuales con fuerzas de operaciones especiales, armas inteligentes y drones; la priorización de la capacidad para conducir operaciones globales integradas empleando medios terrestres, navales, aéreos, espaciales y ciberespaciales.

El curso de los acontecimientos determinará la manera en que se refinen, consoliden y ejecuten estos nuevos principios estratégicos. No obstante, la inclusión de este conjunto de riesgos y amenazas, perspectivas estratégicas y orientaciones para el empleo de la fuerza en la agenda estratégica del país ha supuesto un importante baño de realismo que ha enterrado definitivamente los sueños unipolares de la inmediata posguerra fría y de los cambios de régimen o las construcciones de estados que caracterizaron la guerra contra el terror.

Paralelamente, el entrante titular de Defensa Ashton Carter deberá continuar tomando dolorosas decisiones en materia defensiva y que, si no existe un difícil acuerdo entre el ejecutivo y legislativo del país, se repetirán en los sucesivos ejercicios presupuestarios. Éste debe abaratar el coste de funcionamiento del Pentágono minimizando la pérdida de capacidades militares, la reducción del volumen de fuerzas o la desactivación de unidades.

En consecuencia, teniendo en cuenta que el grueso de la estructura de fuerzas y catálogo de capacidades futuro no puede alterarse debido a la inflexibilidad de la programación militar y los compromisos industriales adquiridos durante los años previos, que el armamento heredado de la Guerra Fría podría quedar obsoleto en bloque debido a su antigüedad y atrición tras diez años de guerra y que la máxima prioridad del Pentágono es reestablecer el equilibrio entre el nivel de ambición, la estructura de fuerzas y el catálogo de capacidades al tiempo que establece los pilares de la defensa del país para las próximas décadas; el titular de Defensa debe realizar importantes cambios. Está obligado a abaratar el funcionamiento del Pentágono sin perder capacidades fundamentales, ni reducir en exceso el volumen de fuerzas ni tampoco comprometer el adiestramiento y la disponibilidad de las unidades; y paralelamente elegir qué capacidades militares desarrollar, cuáles descartar y cuáles conservar. Aunque formalmente cualquier decisión en este ámbito debe fundamentarse en una difícil reversibilidad – entendida ésta como la capacidad para adaptar la defensa del país a cualquier cambio de situación motivado por una sorpresa estratégica – será preciso definir un volumen de fuerzas y un nivel de ambición realistas y acordes con los recursos disponibles y previsibles, fundamentar cualquier decisión política sobre consideraciones estratégicas y operativas o vencer las inercias de una institución militar reticente al cambio, orientada a los grandes conflictos convencionales y erosionada tras las largas campañas de Afganistán e Iraq.

Este conjunto de actuaciones requieren una plena determinación política y su desarrollo entrañará importantes cambios en la concepción, funcionamiento y gestión de la administración militar estadounidense. No obstante, estos cambios pueden quedar ensombrecidos por el lanzamiento de la Tercera Estrategia de Compensación que, encaminada a explotar las ventajas tecnológicas del país para conquistar una nueva Revolución en los Asuntos Militares y destinada a convertirse en el eje sobre el cual se guiará la defensa americana a lo largo de las próximas dos décadas, será analizada en un próximo post.



*Guillem Colom Piella es Profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide y Codirector de Thiber.org


http://defensa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=14559:lineasestrategicasusa&catid=191:gesi&Itemid=408
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Re: Las nuevas líneas estratégicas de la defensa estadounidense

Mensaje por Enemigo Público el 2/2/2015, 9:07 am

Buen análisis, sin embargo, una cosa es el planteamiento racional de los estrategas militares, que ya se han visto en necesidad de tomar en cosideración el creciente desarrollo militar de diversas potencias regionales al rededor del globo, y otra es la racionalidad de los políticos estadounidenses, muchos de los cuales aún pertenecen a la rancia e inflexible ultraderecha.
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Von Leunam
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Re: Las nuevas líneas estratégicas de la defensa estadounidense

Mensaje por Von Leunam el 16/2/2015, 5:41 pm

La tercera estrategia de compensación estadounidense

El pasado septiembre, el Secretario de Defensa estadounidense Chuck Hagel sentó las bases de la Tercera Estrategia de Compensación. Enfocada a explotar las capacidades tecnológicas del país, esta iniciativa pretende incrementar la brecha militar entre Estados Unidos y sus competidores y garantizar la proyección del poder en cualquier punto del globo con independencia de las estrategias anti-acceso y de negación de área (A2/AD) enemigas.

Esta estrategia será la gran herencia de Chuck Hagel tras su fugaz paso por el Pentágono porque su conquista no sólo articulará el planeamiento militar norteamericano durante los próximos años; sino que podría motivar el logro de una nueva Revolución en los Asuntos Militares (RMA). Para ello, esta estrategia pretende:


Combinar las capacidades en servicio con el desarrollo de nuevas capacidades que permitan al país combatir en toda la gama de las operaciones en múltiples teatros de operaciones de forma concurrente.
Reducir la dependencia de las bases navales, aéreas y terrestres avanzadas.
Protegerse de la pérdida o degradación de los satélites.
Explotar la capacidad de ataque estratégico de precisión para amenazar cualquier objetivo enemigo dentro o fuera del teatro de operaciones.
Explotación las áreas tecnológico-militares en las que Washington posee un claro liderazgo y donde sus adversarios todavía carecen del know-how necesario.
Valerse de las alianzas para conseguir un mejor posicionamiento estratégico y compartir los costes y responsabilidades de la defensa regional.

Teniendo en cuenta lo expuesto en este mismo foro, tal y como sugiere la Revisión Cuatrienal de la Defensa de 2014 y plantea abiertamente el Panel de Defensa Nacional, las fuerzas armadas del país tal y como están organizadas no pueden combatir en dos guerras que estallaran simultáneamente, por lo que serían incapaces de satisfacer los objetivos de defensa nacional. Si a ello se le añade que la estructura de fuerzas para 2019 será más pequeña que el actual pero con un catálogo de capacidades similar, que los medios A2/AD de los adversarios habrán madurado y que los ejércitos del país deberán participar en una amplia gama de contingencias, es evidente que Washington necesita un nuevo enfoque para proyectar el poder y satisfacer con un ejército más pequeño un mayor número de cometidos.

Igualmente, porque la ventaja estratégica que proporcionó la RMA de la información está llegando a su fin puesto que los adversarios de Estados Unidos no sólo se están dotando de las capacidades tecnológico-militares vinculadas con esta revolución (sistemas C4ISTAR para digitalizar el campo de batalla, armas inteligentes para batir con precisión los objetivos enemigos y plataformas furtivas o no-tripuladas para entrar en áreas de riesgo); sino que también están desarrollando medidas específicas –las estrategias A2/AD– para impedir que Estados Unidos proyecte su poder. Más específicamente, las fuerzas armadas norteamericanas se enfrentan a cuatro problemas operativos:

La creciente vulnerabilidad de la instalaciones (puertos, aeropuertos o bases) situadas en las regiones avanzadas compromete el actual modelo de presencia y proyección del poder.
Los adversarios se están dotando de medios C4ISTAR para detectar, identificar y seguir los movimientos de los buques de superficie desde grandes distancias y están adquiriendo misiles anti-buque para destruirlos antes de alcanzar la costa.
Los aviones no-furtivos –que representan el grueso de la flota americana– son cada vez más vulnerables a los sistemas antiaéreos enemigos.
Los sistemas espaciales –y con ello las capacidades que éstos proporcionan, desde geolocalización y navegación a inteligencia o comunicaciones– son cada vez más vulnerables a ataques físicos o cibernéticos.

En otras palabras, la difusión de las tecnologías de la información junto con el desarrollo de capacidades A2/AD comprometen el tradicional modelo de presencia y proyección militar estadounidense que hemos visto en la mayoría de las campañas bélicas en las que este país ha participado.

Si Estados Unidos no puede garantizar el logro de sus objetivos de defensa nacional ni tampoco proyectar su poder a cualquier punto del planeta, es probable que sus aliados –en especial aquellos situados en Asia-Pacífico u Oriente Medio– cuestionen su capacidad para defenderlos. Ello podría desestabilizar estas regiones al provocar nuevas carreras armamentísticas, facilitar la proliferación nuclear e incluso transformar el sistema de alianzas.

Todos estos elementos han mediado para que el Pentágono lance esta tercera estrategia de compensación. Fundamentada en las capacidades tecnológicas del país, encaminada a garantizar la capacidad de acceso a cualquier punto del globo con independencia de las medidas A2/AD enemigas y orientada tanto a incrementar el vínculo con sus aliados y socios como forzar a los potenciales competidores a iniciar una nueva carrera de armamentos que sus complejos militares-industriales posiblemente no podrán seguir, la consecución de esta tercera compensación no sólo motivará el desarrollo de nuevos conceptos operativos, nuevas capacidades militares y nuevos estilos de planear y conducir las operaciones; sino también revitalizar los debates acerca de una nueva RMA. No obstante, todavía quedan demasiadas preguntas por responder, como la no-inclusión en esta estrategia de las armas hipersónicas que permitirían apoyar la capacidad de ataque estratégico del país, las enormes similitudes que ésta tiene con los planes transformadores del denostado Donald Rumsfeld y las propuestas del fenecido Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, los complejos equilibrios entre las viejas y las nuevas capacidades, la integración de las lecciones aprendidas de una década de guerra contra el terror y operaciones de baja y media intensidad contra adversarios irregulares e híbridos, o la creencia que la calidad siempre sustituye a la cantidad.

La posible composición, las tecnologías vinculadas y los cambios planteados en la arquitectura de defensa estadounidense serán analizadas en un próximo post.



* Guillem Colom Piella es Profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide y Codirector de Thiber.org

http://defensa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=14692:terceraestrategia&catid=191:gesi&Itemid=408

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