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Hitler y el "milagro" de la economía alemana

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Sun Tzu
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Hitler y el "milagro" de la economía alemana

Mensaje por Sun Tzu el 24/4/2014, 7:36 pm

Hitler y el "milagro" de la economía alemana

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre este tema, pero la falta de información escrita en mi biblioteca, es decir, libros sobre el tema, era un problema para poder escribir sobre él. Sin embargo, al igual que los libros son una gran fuente de cultura, los foros de historia, en este caso historia militar, son también una buena fuente de recursos, principalmente cuando conocemos la calidad de los que debaten en el hilo.

Tenía este tema un poco apartado por las dudas de ser la primera vez que redactaba un artículo basándome en un foro y no en los libros que tengo, pero tras leer ciertos comentarios de "la gente corriente" (cualquiera que no esté metido en este mundillo), me quedó claro que se tiene una idea equivocada acerca de Hitler y especialmente sobre la famosa recuperación de la economía alemana, que como ya veréis, fue más una cortina de humo que un milagro salvador.

Antes de empezar a escribir el artículo, me gustaría mostrar algunas de las citas que propiciaron la creación de este artículo:






En la primera imagen se habla de que Hitler sacó a Alemania de la crisis, lo cual es cierto hablando a corto plazo, pero también es cierto que esa situación sólo era temporal y que si no entraran en guerra, hubiera supuesto la total bancarrota del país.

La segunda imagen habla de la creación del coche "Escarabajo", diciendo que Hitler quería a su pueblo y quería lo mejor para ellos, haciendo alusiones a que en la actualidad los gobiernos se dedican a robar. Esto da a entender que Hitler hizo una buena labor en su país, que no robó y que su único error fue el del Holocausto. Nada más lejos de la realidad. La anexión de Austria y Checoslovakia fue una forma de ganar tiempo a la vez que durante la guerra aprovecharon para robar todo lo que pudieron y así prolongar la cortina de humo frente a la bancarrota.

"Hiter era un genio de la tecnología", nos dice la tercera cita. Debe ser por eso que junto a otros pensaba que los soviéticos contraatacarían con carros de combate de más de 100 toneladas y por eso aceptó proyectos como el E 100 o el famoso Maus.

El último, aparte de la gran muestra de ignorancia, es un negacionista convencido. La famosa coletilla de que "los que escriben la historia son los ganadores" es válida en lugares donde la gente no tiene profundos conocimientos del tema tratado (que es el caso de la página donde encontré esas citas), pero no en lugares donde tenemos al alcance multitud de hechos que corroboran el desastre interno que hubo en las arcas del Estado Alemán.

1. Hitler llega al poder

La llegada de Hitler al poder no fue un camino limpio, ni sencillo. Para 1930, el Partido Nazi (NSDAP) era la segunda fuerza política más numerosa con el 18,3% seguida por el Partido Comunista con el 13,1% y precedida por el PSD (Partido Socialdemócrata) con el 24,5%. Hitler prometió al ejército eliminar las condiciones militares impuestas por el Tratado de Versalles y comenzó a moverse para conseguir nuevos votantes. Goebbels trazó una campaña de propaganda para captar votos y el resultado fue que para 1932, el Partido Nazi era ya la primera fuerza política más numerosa con un 37,3%, aunque insuficiente para poder gobernar a solas. Unas segundas elecciones en el mismo año mostraron que el Partido Nazi había perdido votos, aunque todavía seguía siendo la fuerza más votada con un 33,1%.

El ex-canciller Franz von Papen decidió hacer una coalición con Hitler, justo en un momento complicado para el Partido Nazi que estaba al borde de la quiebra y parte de su sector más radical estaba moviéndose hacia el bando comunista. Papen confiaba en poder controlar la coalición y llevar él las riendas. Este suceso propició la llegada de Hitler a la cancillería, que contaba con el 34% del Parlamento.

El Presidente de la República (Hindenburg en ese momento) era el encargado de nombrar al canciller. Si un partido tenía mayoría absoluta, el Presidente nombraba canciller al líder del partido, pero este caso, al ser una mayoría simple y no absoluta, no era obligatorio hacer canciller a Hitler, que fue lo que sucedió en primera instancia. Papen y luego Schleicher fueron nombrados cancilleres en 1932 a pesar de que el partido de Hitler contaba con mayor número de votos. Sin embargo, cuando Schleicher perdió el trato de favor con Hindenbug, éste nombró canciller a Hitler el 30 de enero de 1933.

El 27 de febrero de 1933, el Reichstag fue incendiado, siendo arrestado un comunista. El Partido Nazi aprovechó para culpar al Partido Comunista de intentar un golpe de Estado y éstos fueron condenados a campos de concentración. En las elecciones de 1933, el Partido nazi consiguió el 43,9% de los votos, los cuales no eran suficientes para la mayoría absoluta que tanto ansiaban, a falta de 36 escaños. Recordando el incidente del Reichstag, los diputados comunistas fueron arrestados y finalmente Hitler y su partido pudieron obtener la mayoría en las siguientes elecciones, que les permitía cambiar la Constitución Alemana. En marzo consiguió que el parlamento aprobara la Ermächtigungsgesetz o Ley de Habilitación, que permitía a su gobierno legislar sin intervención del Parlamento, con lo cual instauraron la Dictadura Nazi.

2. Economía del III Reich

Este tema es bastante complicado de explicar y controvertido. Alemania creó una serie de bonos de cobro a plazo que le sirvió para crear dinero de forma que no constara en las cuentas del Estado, con lo que la inflación no subiría escandalosamente en las cuentas del Estado, pero sí estaría presente en forma de bonos. Además se dejó de pagar a los países extranjeros el dinero que el Tratado de Versalles les exigía.

Para 1933, el Estado Alemán tenía un gran problema de liquidez y más de seis millones de desempleados. El método empleado para paliar ambos problemas se basó en aumentar la producción por dos motivos, recaudar más dinero para tener liquidez en el Estado y reducir la tasa de paro.

La reducción del paro vino de la creación de puestos de trabajo públicos, del rearme y del aumento de la industrialización del país, principalmente la industria pesada (caucho, aluminio, hierro, etc). El Estado controlaba los precios del mercado muy de cerca, estableciendo el precio de los productos de consumo. Por otra parte, la creación de carreteras y nuevas construcciones pagadas con dinero público se realizada de la siguiente forma:

   Se pedía la construcción de una carretera (o lo que sea).
   Una vez finalizada (o como se hubiera pactado el pago) se pagaba a la empresa un 50% del valor en dinero y otro 50% del valor en bonos pagaderos a un cierto tiempo.

Estos bonos pagaderos servían para aplazar los pagos. Es decir, el Estado pagaba la mitad del importe de la obra en el momento y la otra mitad la pagaba más adelante, como por ejemplo, un año después. Esto permitía al Estado recaudar dinero de impuestos durante ese tiempo para luego poder hacer efectivos esos pagos. Luego, la empresa podía liquidar esos bonos en ciertos bancos, quienes se apropiaban de los bonos y finalmente los cobraba en su vencimiento al Ministerio de Finanzas del Reich.

La disminución del paro permitía al Estado obtener más dinero de los impuestos y la demora de los pagos, gracias a los bonos, permitía al Estado recaudar dinero para luego hacer frente a los siguientes pagos. Este sistema es efectivo si se emplea a corto plazo, reduciendo los gastos públicos podría llegar a ser viable en cuanto a que los beneficios del Estado eran suficientes para paliar los gastos del mismo, pero esto no era así.

El rearme militar alemán era enorme, y por tanto, el gasto militar también, siendo a su vez un gasto del Estado. La industria pesada que antes citábamos producía materales que iban directos a estas empresas para el rearme militar que luego vendían al Estado sus creaciones. Por tanto, el gasto público no descendía, sino que aumentaba y por tanto, la economía alemana iba directa hacia la bancarrota estatal.

Había dos soluciones para este problema: ir a la guerra o detener el rearme militar. La primera fue la opción llevaba a cabo y que formaba parte de la estrategia nazi, mientras que la segunda opción, detener el rearme militar, generaría de nuevo un gran paro, menor recaudación del Estado y sería volver de nuevo al pasado.

La situación era mala y por medio hubo un parcheo de la situación gracias a la anexión de Austria (su país de origen) y Checoslovakia. Esto sirvió para dar un pequeño aliento, pero su vez también colaboró con el rearme del ejército. Hay que recordar que los carros de combate checos formaron una parte importante de la Werhmacht hasta 1942.

Para ver los datos de ingresos/gastos, fijémonos en la siguiente tabla:[2]



Nota: Cantidades en miles de millones de RM. Cada periodo fiscal va desde el 1 de abril de cada año al siguiente.

Esta tabla muestra unas cifras muy reveladoras. Para 1932-1933 hay unos ingresos de -2,6 miles de millones de RM y al año siguiente desciende la cfra. Sin embargo, el rearme a gran escala propició un gran incremento en los gastos, así como también una gran reducción en el desempleo. Para el año fiscal 1938-1939, los ingresos fueron de -15,2 miles de millones de RM y la deuda total era de 41,7 miles de millones de RM. Esta situación muestra una inminente quiebra y una suspensión de pagos para el futuro cercano, lo cual nunca llegó gracias a la entrada de la guerra. Durante 1938-1939, el gasto en armamento era de 17,25 mil millones de RM, casi el total de ingresos del Estado.

Para darnos cuenta de la magnitud que movió el rearme, veamos una tabla con el desempleo medio de cada año y el PIB (Producto Interior Bruto) del país:[3]



Nota: Cantidades en miles de millones de RM

Así como el rearme se hace a pasos más agigantados, el desempleo desciende y a su vez, la producción aumenta, lo cual también hace que a mayor producción y mayor número de trabajadores, mayor recaudación del Estado, como podemos comprobar en la Tabla 1.

3. Fuentes:

   http://es.wikipedia.org/wiki/Adolf_Hitler (Wikipedia)
   ¿Cómo consiguió Hitler el apoyo de Alemania? (Foro Militar General)
   ¿De dónde salió el dinero? (Foro Segunda Guerra Mundial)

4. Notas:

   Statistisches Jahrbuch für das Deutsche Reich, vol. 52 (Berlin, 1933), p. 539, citado en Eberhard Kolb, The Weimar Republic (Taylor & Francis e-Library, 2005).
   Tabla proporcionada por el forista Schwerpunkt en el hilo ¿De dónde salió el dinero? (Foro Segunda Guerra Mundial), referencia: Richard Overy: "The Penguin Historical Atlas of the Third Reich".(Pág. 127) Penguin Books 2006.
   Datos proporcionados por el forista Schwerpunkt en el hilo Estadisticas de la Economia en el Tercer Reich (Foro Segunda Guerra Mundial), referencia: http://www.axishistory.com

5. Lecturas adicionales:

El artículo es bastante escueto, ya que este tema daría para escribir largo y tendido, pero tampoco dispongo de los conocimientos suficientes como para extenderme demasiado sobre el tema. Deseo que este artículo aclare dos factores: que Hitler no llegó limpiamente al poder y que la recuperación de la economía alemana no fue un milagro, sino una burbuja a punto de explotar que como salida, premeditada de antemano, desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Por ello recomiendo la lectura del siguiente post del Foro Segunda Guerra Mundial, donde otros foristas explican detalles que aquí no se han exclarecido más: ¿De dónde salió el dinero?


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Re: Hitler y el "milagro" de la economía alemana

Mensaje por Mayte el 24/4/2014, 8:30 pm

La economía estratégica de Hitler
por Stanley G. Payne
THE WAGES OF DESTRUCTION: THE MAKING AND UNMAKING OF THE NAZI ECONOMY
Adam Tooze
Viking, Nueva York

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La economía de la Alemania nazi ha sido a menudo objeto de atención por parte de los estudiosos. La base productiva de la maquinaria de guerra nazi es, evidentemente, un tema histórico relevante y la orientación marxista que dominó una gran parte de la interpretación de la Alemania hitleriana durante las décadas centrales del siglo xx puso un gran énfasis en las élites económicas y la estructura económica, aunque justamente el modo en que había de entenderse esto es lo que provocaba considerables diferencias de opinión.
Durante la parte principal de la Segunda Guerra Mundial se dio generalmente por supuesto que la economía hitleriana había sido movilizada plenamente antes del comienzo de las hostilidades con objeto de producir enormes cantidades de las armas más sofisticadas con las que aplastar a los enemigos de Alemania. Una perspectiva así, sin embargo, empezó a cambiar poco después del final de la guerra, ya que los documentos conservados parecían mostrar que las fuerzas armadas de Hitler no estaban aún plenamente desarrolladas en 1939-1940, y que en 1940 Gran Bretaña y Francia eran tan fuertes, si no más, en ámbitos clave como las unidades blindadas y la artillería. Además, los interrogatorios a los administradores nazis parecía revelar confusión, mala gestión y una inframovilización en la economía, al menos durante los años iniciales de la guerra. La primera exposición completa de esta reinterpretación fue el libro de Burton Klein Germany’s Economic Preparations for War (1959). Estudios más recientes, sin embargo, han cuestionado este enfoque revisionista extremo y han defendido que la economía nazi revelaba un mayor grado de racionalidad y temprana movilización de lo que habían pensado Klein y los revisionistas. Seguía resultando, pues, difícil llegar a conclusiones definitivas sobre los grandes temas.
Adam Tooze, un joven estudioso del Jesus College de Cambridge, y autor de un innovador trabajo sobre el incremento de la recopilación y el uso de los datos estadísticos en la moderna Alemania, se ha adentrado en esta compleja serie de problemas. Ha abordado el primer estudio absolutamente exhaustivo y sistemático de la economía de guerra de Hitler en un único y vasto volumen, sobre la base de una investigación muy amplia que parece dominar todas las fuentes principales. El libro resultante ha sido saludado como el más importante trabajo de investigación y reinterpretación sobre la historia del Tercer Reich aparecido en varias décadas, una suerte de clásico instantáneo de los estudios nazis. Niall Ferguson lo ha calificado de «un tour de force», mientras que los autores de importantes tratamientos generales del régimen de Hitler, como Michael Burleigh y Richard Evans, se muestran igualmente laudatorios. Burleigh declara que «virtualmente cada página de este libro contiene algo nuevo y que invita a la reflexión», mientras que Richard Bessel, otro destacado especialista en estudios nazis, lo llama «más que una historia económica [...] un gran libro».
¿Qué ha suscitado unas opiniones tan entusiastas de la obra de un joven historiador? Los importantes y nuevos logros en historiografía se ven impulsados por dos factores fundamentales: nueva investigación relevante y nuevas y convincentes interpretaciones. En las ochocientas páginas de este imponente estudio, Tooze une ambas cosas en un logro de alto nivel. Su preocupación fundamental es analizar la política económica y la producción con todo detalle, lo que ha dado como resultado no simplemente la mejor historia económica del Tercer Reich, sino también un relato de amplio y magistral alcance que integra la producción económica dentro de una importante reinterpretación de la estrategia global de Hitler. Así, quienes han reseñado el libro han acertado al tildarlo de más que un estudio económico trascendental y enormemente original, ya que se ha convertido también en una referencia en la historiografía más amplia del Tercer Reich.
En los años setenta, la interpretación del liderazgo de Hitler se hallaba dividida en gran medida entre los conocidos como «funcionalistas» y los «intencionalistas». Estos últimos sostenían que las políticas de Hitler se vieron animadas por sus intenciones personales, o su ideología, mientras que los primeros defendían, en cambio, que esto resultaba demasiado determinista y que la historia del Tercer Reich debería verse como algo más abierto, poderosamente influido por las estructuras que se desarrollaron, cuyas demandas impusieron prioridades cambiantes que no respondían a ninguna ideología preconcebida.
En el siglo xxi, sin embargo, entre la mayoría de los especialistas en el Tercer Reich ha pasado a prevalecer el punto de vista de un «intencionalismo modificado», y Tooze encaja claramente dentro de esta perspectiva. La ideología fue fundamental, pero su expresión y aplicación dependieron de una compleja combinación de factores estratégicos externos y otros internos, predominantemente económicos. La interacción de ambos constituye el tema de este libro.
Tooze comienza rebatiendo la opinión de que Alemania ya había pasado a ser un puntal económico, señalando al comienzo que «el nivel de consumo de que disfrutaba la mayor parte de la población alemana era modesto y se situaba muy por detrás del de la mayoría de sus vecinos europeos occidentales. La Alemania gobernada por Hitler seguía siendo una sociedad sólo parcialmente modernizada, en la que más de quince millones de personas dependían para vivir, bien de trabajos artesanales tradicionales, bien de la agricultura campesina». Rechaza con firmeza la tesis de Klein, concluyendo que «el programa de armamentos del Tercer Reich fue la mayor transferencia de recursos jamás llevada a cabo por un Estado capitalista en tiempo de paz», igualada únicamente por la Unión Soviética y algunos otros regímenes comunistas. Hace mucho tiempo que los historiadores han comprendido que la fase fundamental del rearme alemán se puso en marcha a mediados de 1936, pero Tooze presenta pruebas de que ya en la segunda mitad de 1934 dio comienzo un rearme considerable. Al mismo tiempo, el Gobierno del Reich tenía que conceder una cierta prioridad al comercio de Alemania en el extranjero, necesario para obtener las divisas extranjeras para los materiales importados que habrían de impulsar la producción bélica.
Una gran parte del debate sobre el Tercer Reich se formuló durante décadas en términos de la conocida como «poliocracia», la noción de que el poder se hallaba dividido entre el partido, la burocracia estatal, los militares y las grandes empresas, que supuestamente competían entre sí. Tooze echa por tierra este tipo de interpretación, mostrando hasta qué punto el Estado de Hitler pasó a dominar rápidamente las instituciones. El Gobierno ejerció no sólo un férreo control de la economía privada por medio de unos impuestos altos y una regulación masiva, sino que también realizó en ella grandes inversiones, de modo que pronto «el Reich pasó a estar en posesión de lo que era potencialmente una participación de control no sólo en la banca, sino también en la industria pesada». Casi todos los beneficios de lo que era técnicamente un sistema de industria y banca privada pasaron a estar pronto controlados por el Estado, que canalizó las nuevas prioridades de inversión y producción.
Un hallazgo trascendental de este estudio «intencionalista» es que, en lugar de que fuera Hitler quien movilizara la economía para crear las condiciones para la guerra, en parte, al menos, la realidad es que las cosas sucedieron exactamente al revés. «La tensión internacional habría de convertirse en la principal palanca por medio de la cual los dirigentes del Tercer Reich catapultaron la economía alemana a un nivel de movilización espectacularmente mayor». Tooze integra íntimamente la política exterior de Hitler con el desarrollo de su economía de guerra, y concluye que alteró progresivamente sus planes originales según fue encontrando más resistencia en el extranjero. Es bien sabido que Hitler propuso relaciones pacíficas con Gran Bretaña siempre que ésta le diera carta blanca en el continente, al tiempo que concentraba su principal agresión militar contra la Unión Soviética. La resistencia británica, sin embargo, provocó que Hitler concluyera ya en 1938-1939 que su gran plan había fallado, y en la segunda mitad de 1938 «empezó a contemplar seriamente la necesidad de una gran guerra en Occidente» como primer paso. Durante ese año Alemania dedicó más del 20% de su renta nacional a la producción militar, un récord para un país europeo occidental moderno en tiempo de paz, y su producción de acero fue por momentos la más alta del mundo. A pesar de que el rearme alemán no llegara a completarse hasta cinco años más tarde, Hitler estaba dispuesto a ir a la guerra con Checoslovaquia, Gran Bretaña y Francia, a pesar del hecho de que esto habría significado una campaña puramente defensiva en Occidente. En el último minuto, sin embargo, dio marcha atrás, aceptando el compromiso ofrecido por Londres y París, porque se dio cuenta de que las fuerzas armadas alemanas no eran aún lo bastante fuertes para una gran guerra. A finales de ese año, la necesidad de divisas extranjeras para realizar importaciones esenciales fue tan grande que, por un tiempo, Alemania tuvo que reducir ligeramente la producción militar. De hecho, la necesidad de mantener un alto volumen de exportaciones durante la mayor parte de la guerra sería una especie de talón de Aquiles, algo de lo que no tendrían que preocuparse Gran Bretaña y la Unión Soviética debido al masivo apoyo estadounidense. Alemania mantendría cuentas comerciales equilibradas durante todo el conflicto con Italia, Rumania y todos los países neutrales europeos, a excepción de España, que la favoreció con exportaciones españolas desproporcionadas.
A mediados de 1939 Hitler había alcanzado un potencial punto de inflexión. A la sobrecalentada economía alemana simplemente no podía exigírsele nada más en tiempo de paz, mientras que tanto Londres como Washington estaban mostrándose más hostiles. Ni Italia ni Japón podían vincularse eficazmente por medio de una alianza militar estratégica en ese momento y el dictador alemán concluyó que el tiempo ahora avanzaba en su contra. Si Alemania tomaba la iniciativa, podría conseguir victorias fundamentales, mientras que la demora sólo daría a sus potenciales enemigos tiempo para ponerse por delante. Se trataba de un cálculo tanto económico como estratégico y militar. Una consideración final surgió de la actitud cada vez más beligerante de Estados Unidos. Dada esta sarta de problemas, Hitler se convenció de que ya había dejado de tener sentido esperar. Algunos mandos militares alemanes no tenían, sin embargo, ese instinto de jugador y fue en 1938-1939 cuando algunos de ellos se plantearon por primera vez asesinarlo. En este mismo momento, Stalin pasó a convertirse en el segundo villano del drama, ya que su pacto con Hitler en agosto de 1939 le brindaba a este último la oportunidad de llevar la iniciativa en lo que durante dos años sería un modo de actuar caracterizado por la máxima eficacia.
Más que la economía militar alemana se viera inframovilizada en la primera parte de la guerra, como mantenía la antigua interpretación, la realidad es que el aumento más espectacular de todo el período tuvo lugar durante los siete primeros meses de 1940, durante los cuales se dobló la producción de armas. Sin embargo, no existía un claro plan estratégico global para el tipo de guerra que Alemania habría de librar en el futuro, y las prioridades de producción oscilaron entre barcos de guerra, aviones, submarinos y equipamiento de infantería y blindados.
A finales de 1940, Hitler se dio cuenta de que tenía que incluir también a Estados Unidos en sus cálculos estratégicos, ya que en aquel momento estaba comenzando el espectacular incremento de la producción militar estadounidense y el año siguiente, aunque el país seguía estando en paz, produciría casi tantas armas como Alemania, muchas de las cuales fueron a parar a Gran Bretaña. La vehemente posición adoptada por Washington en contra del antisemitismo nazi convenció a Hitler de que el país había pasado a ser el centro más importante de la conspiración judía internacional y que en 1942 estaría preparado para entrar en la guerra como un importante enemigo. Si había pensado que el tiempo corría en su contra en 1939, estaba más convencido de ello que nunca a comienzos de 1941. Su cálculo estratégico global ayuda a explicar el carácter aparentemente dividido de la producción militar alemana. Hitler esperaba destruir la Unión Soviética en 1941, pero también le preocupaba producir barcos y aviones para lo que veía como el combate posterior con Gran Bretaña y Estados Unidos. Durante la mayor parte de la guerra, el 40% de la producción de armas alemanas se dedicó a la Luftwaffe, la única parte de las fuerzas armadas que habría de arrostrar permanentemente una gran guerra en dos frentes a partir de 1941. Tal y como lo veía Hitler, sus únicas oportunidades de victoria pasaban por mantener constantemente la iniciativa, y en este caso sí que estaba probablemente en lo cierto.
Tooze nos brinda el que es con mucho el mejor análisis de la «economía humana» y la demografía de la guerra de Hitler, a pesar de que calcula a la baja la población soviética en 1941 y de que probablemente exagera el volumen total de las muertes militares alemanas en 1944-1945. Explica la movilización masiva de los recursos alemanes y el papel de los trabajadores extranjeros y esclavos (que ascendieron a casi ocho millones a finales de 1944 y de los que perecieron en total casi dos millones y medio), responsables de alrededor del 15% de la producción total alemana. Su libro es uno de los pocos que se centra claramente en la plena dimensión de la limpieza étnica planificada, que comprendía no simplemente la Solución Final del «problema judío», que acabó con la vida de casi seis millones de personas, sino la totalidad de las implicaciones del Generalplan Ost, que preparaba la eliminación, la muerte por inanición u otro tipo de exterminio de hasta 45 millones de personas en Europa oriental, especialmente en Bielorrusia y Ucrania.
Tooze demuestra que la literatura al uso sobre los «estudios nazis» puede resultar muy engañosa cuando pone el énfasis en la supuesta poliocracia, el dominio del irracionalismo ideológico, la incompetencia y el omnipresente faccionalismo burocrático. La economía alemana fue dirigida en gran medida por profesionales y generalmente produjo todo lo que podía lograrse en cada fase de la guerra. La movilización final de 1943-1944 simplemente no resultaba factible desde un punto de vista técnico en un período anterior, aunque también fueron importantes decisiones fundamentales para eliminar las persistentes labores artesanales y los enfoques perfeccionistas, así como para avanzar hacia una producción en masa más simplificada.
El retrato de Albert Speer, el arquitecto que dirigió la movilización económica durante los tres últimos años de la guerra, es una de las más marcadamente revisionistas de varios de los nuevos estudios aparecidos en los últimos años. El atractivo y elocuente Speer se esforzó enormemente después de la guerra para presentarse como esencialmente un artista y un «buen nazi», y también por haber obrado un milagro al lograr una plena movilización de una economía inframovilizada, una actitud que se refleja en las primeras historias de la posguerra. Lo cierto es que Speer fue un nazi entregado a la causa que explotó de manera inmisericorde el trabajo esclavista e hizo todo lo posible por sostener los empeños bélicos de Hitler. Realizó un trabajo eficaz y logró mejoras en la eficiencia, pero su «genio» no fue tan esencial como él pretendía, ni heredó una economía militar tan inframovilizada como él defendía. Durante 1940-1942 la economía alemana había producido un nivel muy alto de «bienes de inversión», para ampliar la capacidad de la producción futura, y esto dio sus frutos en 1942-1944.
Tooze también reexamina la eficacia de la ofensiva de los bombardeos anglo-estadounidenses, señalando que los ataques de la RAF en el Ruhr en la primavera de 1943 fueron más devastadores de lo que generalmente se ha reconocido, y que el estancamiento parcial en la producción de armas perduraría durante el resto del año. Si la RAF hubiera seguido concentrándose en la industria del Ruhr, en vez de en sus «bombardeos urbanos» generalizados, los efectos se habrían agravado.
Este libro proporciona el análisis más exhaustivo y objetivo del funcionamiento de la economía nazi jamás publicado. Su otro logro es integrar este examen con la gran estrategia de Hitler y sus diversas y decisivas permutaciones, revelando así la íntima interasociación y mutua influencia entre las dos.
En general, el libro se merece las alabanzas de las que ha sido objeto profusamente en los medios anglófonos, ya que aporta amplias y decisivas nuevas perspectivas en torno a la estrategia de Hitler y el rendimiento económico alemán. En un campo tan densamente poblado por una vasta literatura como es el caso de los estudios nazis, constituye un avance decisivo e inusual, uno de los libros más influyentes aparecidos en los últimos tiempos.

Traducción de Luis Gago http://www.revistadelibros.com/articulos/la-economia-estrategica-de-hitler

    Fecha y hora actual: 19/11/2017, 9:47 am