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Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

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Stardust-Knight
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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por Stardust-Knight el 17/3/2011, 5:08 pm

Tupolev TU-160 escribió:Asi es, su crimen fue obrar bien...

Si bien, la corona no debia ser la forma de gobierno en Mexico, Maximiliano iba a hacer MARAVILLAS con este pais...

Lastima, TODOS idolatrando a Juarez y a Maximiliano solo por ser extranjero lo mandan al carajo, patrioterismo en toda su extension.

Bueno, no se nos hizo, esperemos que llegue pronto alguien asi de noble y que haga resurgir a Mexico.

Claro que patrioterismo. Los mexicanos de ese entonces aprendieron de sus errores durante la guerra contra los EUA, y por eso nos volvimos tan patrióticos y nacionalistas. Todo contra las intervenciones e invasiones extranjeras, y claro gracias a la guerra contra EUA.
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Monakyo101
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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por Monakyo101 el 19/1/2017, 10:13 pm

19/01/2017 15:45
La emperatriz Carlota de México a 90 años de su muerte
AUTOR: REDACCIÓN/ FOTO: ROYAL COLLECTION OF BELGIUM
CIUDAD DE MÉXICO.

Princesa de Bélgica, Lorena y Hungría, Archiduquesa de Austria, condesa de Habsburgo y virreina consorte de Lombardo-Véneto, Carlota de Habsburgo fue la única emperatriz que reinó en suelo mexicano, y, que, contra todo pronóstico, se convirtió en una figura querida por el pueblo.

Nació en Bélgica en junio de 1840 con el título de princesa, en 1857 contrajo matrimonio con Maximiliano de Habsburgo, hermano del Emperador de Austria Francisco José I, y llegaría a suelo mexicano en abril de 1864 al puerto de Veracruz, después que grupos conservadores ofrecieran la corona al archiduque, como oposición al gobierno de Benito Juárez.


La pareja fue coronada en la Catedral de la Ciudad de México el 10 de abril de 1864, y el Castillo de Chapultepec fue nombrado su residencia oficial. A partir de su coronación, Carlota tomo el nombre de Carlota Amalia emperatriz de México.

Aunque el Segundo Imperio Mexicano fue relativamente corto (1864-1867), la emperatriz visitó lugares de la ciudad como Texcoco, y alrededor de la república como Toluca, Cuernavaca, Puebla, Veracruz y Yucatán, donde visitó Uxmal en 1865y visitó las ruinas mayas.

Cuando Maximiliano viajaba al interior del país para combatir las fuerzas de Juárez, Carlota tomó el puesto de regente del imperio, desde donde impulsó empresas como los ferrocarriles, el telégrafo, el transporte a vapor, beneficencia, y leyes como la abolición de castigos corporales y la limitación de horas de trabajo.

Desafortunadamente para la joven pareja, Napoleón III retiró todo el apoyo militar para la intervención en México, por lo que la inestabilidad del país era preocupante. En 1866, Carlota zarpó para Francia y pedir el apoyo del emperador, aunque fue rechazada.

Después marchó a Roma, donde fracasó en la búsqueda del apoyo del Papa Pío.

En junio de 1867, Maximiliano fue fusilado en el Cerro de las Campanas, aunque la noticia la conoció Carlota hasta enero de 1868, lo cual agravó aún más los desórdenes mentales que acarreaba desde su llegada a Francia.

La única emperatriz de México vivió en el Castillo de Miramar, totalmente asilada después que un médico la declarara demente. Después fue trasladada al Chateau de Bouchot en Bélgica -el único edificio en el país que no fue atacado por el ejército alemán en la Primera Guerra Mundial- donde murió en 1927 a los 87 años.

Desde su llegada a tierras mexicanas fue alabada por su belleza, e incluso objeto de poesía, como la de Vicente Riva Palacio titulado ‘Adiós mamá Carlota’.

Y en tanto los chinacos que ya cantan victoria,

Guardando tu memoria sin miedo ni rencor,

Dicen mientras el viento tu embarcación azota,

Adiós, mamá Carlota; Adiós mi tierno amor.

fbp
http://m.excelsior.com.mx/expresiones/2017/01/19/1140938
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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por Monakyo101 el 8/6/2017, 11:05 pm



[size=12]EXPRESIONES
31/05/2017 23:08
[/size]
Maximiliano de Habsburgo, el primer indigenista en México

AUTOR: [size=12]JUAN CARLOS TALAVERA

[/size]
CIUDAD DE MÉXICO
Pocos saben que Maximiliano de Habsburgo (1832-1867) fue el primer indigenista de México y, quizá, el primer estadista en el mundo que legisló a favor de los trabajadores del país, dice aExcélsior el historiador Carlos Tello Díaz,a partir de la reciente publicación de Maximiliano. Emperador de México, su más reciente libro, donde recupera la vida del emperador y aporta detalles poco conocidos sobre su historia a casi un mes de que se cumplan 150 años de su muerte.
Esto sucedió en 1865, dice el también autor de Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo. La guerra (1830-1867), cuando Maximiliano aprobó una ley que prohibía el castigo corporal de los trabajadores y limitaba las horas de trabajo, que garantizaba el pago de los salarios en moneda de metal, un control sobre los créditos otorgados en las tiendas de raya, además que estipulaba que las deudas contraídas por los padres no podían ser heredadas por los hijos y garantizaba la educación de los peones a cuenta de las haciendas.

Sin embargo, el propio Tello Díaz reconoce que no sólo no mejoró la suerte de los trabajadores del campo, sino que esto acrecentó la hostilidad de los propietarios de tierras hacia la figura del emperador hasta llegar a su fusilamiento, recordó. “La Ley del Trabajo, como tantas otras, inspiradas también por un sentido de justicia no pudo ser hecha valer por las autoridades del Imperio. Así que él no tuvo la fuerza para castigar su violación. En los hechos, los hacendados dejaron de contratar a quienes invocaban sus beneficios, por lo que privados de su fuente de trabajo, los peones estaban obligados a laborar en los términos de su patrón”, añade.

Fue así como los conservadores también se manifestaron contra su ley de imprenta, que defendía la libertad de prensa; contra la de justicia, que creaba la figura del ministerio público; contra la de instrucción, que sentaba las bases para la educación primaria obligatoria y gratuita a lo largo del Imperio, sin olvidar que no revirtió la desamortización de los bienes de la Iglesia, expresa.
El argumento original de este libro, recuerda el también investigador, quien escribió hace más de 20 años a solicitud de la editorial Clío para acompañar una telenovela sobre Maximiliano y Carlota, planeada por Televisa, la cual nunca se concretó. “Al final este libro cuenta la vida del emperador de una manera compacta, desde que nace en 1832 hasta su muerte en el Cerro de las Campanas, en 1867, a unos días del aniversario 150 de su muerte, que se cumplirá el próximo 19 de junio”, detalla.
El libro también revela detalles peculiares.Le decían Max, en su infancia conoció al escritor y poeta danés Hans Christian Andersen, desde joven escribía poemas, estudiaba 45 horas a la semana, tocaba el órgano, leía libros de aeronáutica para construir una máquina voladora, y que en 1851 sobrevivió a un ataque de tifoidea.
Además, antes de ser fusilado el poeta francés Víctor Hugo y el patriota Giuseppe Garibaldi, le escribieron a Benito Juárez para pedir que le perdonara la vida; y que la princesa Salam-Salam, considerada una de las mujeres más bellas del Imperio, ofreció su cuerpo para sobornar a los guardias que custodiaban al emperador. Pero nada de ello surtió efecto.
 

UN EXCÉNTRICO

 

Maximiliano fue un personaje excéntrico, un hombre de carácter romántico que se interesó desde joven en tierras exóticas como Egipto y la selva de Brasil, un liberal ilustrado cuya historia fue muy rara porque no fácilmente imaginas a un archiduque austriaco que de pronto cae en México como emperador, pero es cierto que con México sucedió una historia de amor; Maximiliano se enamoró del país en el que finalmente murió”.
Entre sus logros, Tello enumera: fue él quien embelleció el Zócalo, reforestó la Alameda, promovió la conservación de las pirámides de Teotihuacán, creó un museo de arqueología, fundó la Academia Imperial de Ciencias y Literatura, premió a Concha Méndez por sus habaneras, nombró a Ángela Peralta como cantarina de cámara, propuso a José Zorrilla para dirigir el Teatro Nacional y gastó su fortuna en unir al Castillo de Chapultepec con el Centro Histórico mediante “El Paseo del Emperador” (hoy Paseo de la Reforma).
¿Cómo fue que Max ganó tantos enemigos? “Fue un hombre de ideas liberales, llamado al trono de México por el partido conservador. Sin embargo, él formó un gabinete de liberales moderados y reafirmó las Leyes de Reforma proclamadas por Juárez, en particular la libertad religiosa y la separación de iglesia y estado; esto propició su distanciamiento de la iglesia católica de México y del Vaticano”.
¿Por qué se le conoce poco? “El público en general no conoce la historia del país y por tanto no ubica a Maximiliano. Es válido decir que el público en general conoce poco la historia de nuestro país. Lamentablemente. Pero con este libro, publicado por la editorial Debate, quiero contribuir a que se conozca un poco más”.
 

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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por chapulincolorado el 8/6/2017, 11:29 pm

a eso si a los rateros secuestradores y asesinos como zapata, doroteo arango, lucio cabañas, cardenas, elias calles, etc esos si son heroes
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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por sasori el 8/6/2017, 11:52 pm

Pero tumbaron nuestro pais por intereses franceses y pusieron a un extrangero como emperador de nuestro pais.


Toda persona tiene su propia opiniones de quien es un heroe o villano.

Y para mi maximiliano es un villano no Es y nunca sera un Mexicano nunca.
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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por Monakyo101 el 18/6/2017, 12:29 pm


NACIONAL
18/06/2017 4:48

La policía secreta del segundo imperio; 150 Aniversario del fusilamiento de Maximiliano

AUTOR: ÁNGELES MAGDALENO/ ESPECIAL


“Ellos lo saben, ven y lo oyen todo. Unos llevan el frac, otros el escapulario; éste el traje de civil, aquélla el delantal de una griseta ó el vestido respetable de una matrona. Todos entregan sus informes”. 

Eugéne Lefévre

CIUDAD DE MÉXICO.
El fusilamiento de Maximiliano, junto a los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía, sólo fue la culminación de una historia trágica de principio a fin: el Segundo Imperio Mexicano. Mañana se cumplen 150 años de una decisión de Estado, a partir de la cual nuestra nación tuvo viabilidad.
A pesar de las múltiples peticiones de indulto que le fueron formuladas, Benito Juárez fue implacable. Justo Sierra describió con precisión el final de la breve aventura imperial (1864-1867):
Es terriblemente triste decir esto cuando se trata de un hombre que se creyó destinado a regenerar a México y de los valientes que fueron sus compañeros de calvario. La paz futura de México, su absoluta independencia de la tutela diplomática, su entrada en la plena mayoría de edad internacional, la imposibilidad de atenuar el rigor de la ley si no se descalzaba para siempre al partido infidente, obligaron al gobierno de Juárez a ser, no inhumano, pero inflexible, como, a pesar de su bondad, se creyó obligado a serlo Maximiliano con las víctimas de su decreto del 3 de octubre de 65 (1).
La legislación republicana fue congruente con sus principios. “A pesar de que la Constitución de 1857 ya no aprobaba la pena capital por delitos políticos, ésta había quedado silenciada a partir de la intervención francesa. La ley juarista del 25 de enero de 1862 era análoga al decreto imperial del 3 de octubre de 1865, en cuanto a que ambas castigaban con la muerte a quien se opusiera al régimen correspondiente”, explica Mauricio Ortega Guzmán en su trabajo de tesisMaximiliano en México, con el cual obtuvo el grado de Maestría Política de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, el 10 de junio del presente año.  
Lo paradójico del fusilamiento, realizado en el Cerro de las Campanas en Querétaro, el 19 de junio de 1867, es que el emperador era un convencido liberal. Tanto, que al día siguiente de la entrada triunfal del ejército francés a la capital del país, el nuevo imperio reconoció “las leyes de reforma dictadas por Juárez, y que serían confirmadas todas las ventas legas que se hubiesen verificado durante la administración republicana”. (2) Al ratificar las leyes liberales en materia eclesiástica, Maximiliano perdió el respaldo del clero y de buena parte de los conservadores que lo habían traído al país.
Relata Ortega Guzmán: “El general Comonfort decretó la desamortización de los bienes eclesiásticos, y Benito Juárez ratificó esta disposición con las Leyes de Reforma en 1859. Naturalmente, el clero se opuso al cumplimiento de la expropiación de sus bienes, y amenazó a sus creyentes. Para 1861, el gobierno liberal aplicó con mucho más ahínco estas disposiciones. La Iglesia incrementó sus acciones al injerir en asuntos de gobierno de índole nacional e internacional, como ocurrió durante la intervención de las tres potencias aliadas (…) el clero mexicano manifestó abiertamente su apoyo para derrocar las reformas juaristas, a partir de la instalación de un gobierno extranjero”.
Ese gobierno, presidido por el archiduque austriaco Ferdinand José Maximiliano de Habsburgo, con el título de Maximiliano I de México, fue creado por Napoleón III de Francia, con el respaldo de Austria, Bélgica y España. Recibió el nombre de Segundo Imperio Mexicano y estuvo vigente entre 1864 y 1867. Se trató de una intervención militar que aspiraba a crear un sistema monárquico al estilo europeo en México, en un tardío intento por recuperar la grandeza de la época napoleónica. Contó con el apoyo del clero y de los políticos conservadores mexicanos.  
Antes de 1861 cualquier intromisión europea en México hubiera sido vista como una provocación a Estados Unidos de América y nadie deseaba un conflicto con ellos. Pero la Guerra de Secesión en el vecino país hizo que Washington no pudiera intervenir en favor de sus intereses en el continente (la Doctrina Monroe estaba en suspenso). Por el contrario, ofreció a Europa la posibilidad de volver a desempeñar un papel activo en América.
Napoleón III aprovechó esta coyuntura para imponer al archiduque, bajo el supuesto de que podría controlar desde México los mercados de América de Sur. Adicionalmente, benefició a su medio hermano Charles Auguste de Morny, (3) quien era, casualmente, el mayor poseedor (en lo individual) de bonos mexicanos. Ya desde esa época se manifestaba el binomio política-negocios en nuestro país.
La aventura imperial requería la bendición papal. Y la obtuvo. Relata Ortega Guzmán: “El 18 de abril de 1864, los futuros monarcas mexicanos y su comitiva llegaron a Roma. El joven Habsburgo confiaba en que podría llegar a un acuerdo con el Santo Padre, a pesar de las advertencias de lo infructuosa que sería esta visita. Su objetivo principal fue establecer las bases para contener la lucha del clero mexicano en defensa de los derechos que la revolución liberal le había quitado. La reunión entre la pareja imperial y el Papa tuvo lugar en el Palacio Marescotti. Como resultado de esta conferencia, Pío IX ofreció toda su ayuda para resolver el conflicto religioso, y prometió enviar a su nuncio para crear un concordato en México. Así, con la confianza en el apoyo de la Santa Sede, los futuros emperadores se embarcaron hacia México tras haber recibido la bendición apostólica, luego de dejar su diezmo correspondiente en las arcas de San Pedro”.
Pero todo fue un engaño. El Papa Pio IX, y la alta jerarquía católica, consideraban al liberalismo como su enemigo y constantemente lo descalificaban. Consecuentemente, Maximiliano, luego de su breve entrevista con el pontífice en abril de 1864, fue juzgado como un “peligroso liberal”. (4) Y con ese calificativo firmó, de manera anticipada, la sentencia de muerte del emperador.

EL BREVE IMPERIO


Los nuevos emperadores se trasladaron a México a bordo de la fragata Novara de la marina austríaca.  Maximiliano y su esposa Carlota, hija del rey de Bélgica Leopoldo I, desembarcaron en el puerto de Veracruz el 28 de mayo de 1864, a las 10 de la mañana. Caminaron entre una valla de soldados franceses, en su mayoría, y el repique de campanas de las iglesias, engalanadas para recibirlos.
Pero no todos se sumaron a la bienvenida —como sucedió en México y Puebla— pues el país se encontraba en medio de una lucha política entre conservadores y liberales. Estos últimos, encabezados por Benito Juárez, se oponían a la instauración de una monarquía europea en México.
Ambos grupos habían establecido gobiernos paralelos. Los conservadores controlaban buena parte del centro del país desde ciudad de México, y los liberales otra porción del territorio nacional, justamente desde Veracruz.
La aventura imperial duró tres años. Los liberales ganaban cada vez más batallas, mientras el Imperio se iba quedando solo. Sin el respaldo del Vaticano y del clero mexicano, y luego de los países europeos que lo instalaron en el trono, el gobierno de Maximiliano se derrumbó.   
El sitio a Querétaro, último lugar donde se refugió el emperador, duró setenta y un días, hasta que Maximiliano izó una bandera blanca para terminar con el enfrentamiento entre ambos bandos. El 17 de mayo de 1867, el archiduque fue llevado al antiguo convento de las monjas Teresitas y posteriormente al de las Capuchinas. Su salud ya estaba muy menguada, porque durante todo ese lapso participó directa y personalmente en las hostilidades, como cualquier otro combatiente de su ejército. El consejo de guerra que definiría el destino final de Maximiliano, Miramón y Mejía, fue fijado para el 12 de junio de 1867.
El 13 de junio se llevó a cabo la primera sesión del Consejo de Guerra en el Gran Teatro de Iturbide. Las súplicas por la vida del emperador llegaron desde Europa. Los cargos no podían ser absueltos. Juárez conocía el carácter recio y apasionado de Maximiliano, quien podría intentar nuevamente recuperar la Corona, como lo hiciera Agustín de Iturbide.
“La ejecución se llevó a cabo tres días después de lo previsto —dice el autor de la tesis Maximiliano en México­—, por concesión de Juárez. El 19 de junio, el pelotón republicano fusiló a Maximiliano, Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas. Así murió quien aspiró a fundar una monarquía constitucional, creyéndose pacificador de una guerra sin tregua entre bandos nacionales opuestos:
Los tres llegaron juntos al lugar donde los esperaba el pelotón que comandaba el capitán Jesús Montemayor. Maximiliano, en un intento por mejorar la puntería de los soldados, repartió entre los hombres de Montemayor las monedas que aún conservaba: cada uno recibió una pieza de oro con el rostro del condenado. (5)
“Nuevamente —añade—, el espíritu noble del Habsburgo destacó durante su encierro, cuando el Príncipe de Salm- Salm, un exitoso explorador simpatizante de la causa imperial, le ofreció huir durante una visita en la que había sobornado a los soldados juaristas. El Archiduque, fiel a su carácter, se negó a abandonar el lugar sin la compañía de sus fieles generales Miramón y Mejía. Por su formación, Maximiliano valoraba más el honor y el paso de su nombre a la historia, que su libertad. La huida no se concretó a pesar de que Salm-Salm y su esposa, planearon en dos ocasiones un proyecto de fuga, gracias a su habilidad para conquistar la voluntad de los oficiales y guardias republicanos”.
La policía secreta de Maximiliano
Uno de los principales retos que enfrentó Maximiliano al hacerse cargo del gobierno, fue el establecimiento de las instituciones para conducir la administración del imperio. Pero en el corto plazo, sólo pudo instalar un gabinete ministerial, encargado de ayudarlo a gobernar el país (6). La actuación de los ministros, al igual que la del emperador, fue reglamentada a través del Estatuto Provisional del Imperio Mexicano, promulgado el 10 de abril de 1865.
Dos meses antes (febrero de 1865), y a nueve de su llegada al país, el emperador contrató —a través de Louis Alphonse Hyrvoix (7), inspector general de policía en el gabinete de Napoleón III—, un servicio secreto, integrado por un jefe de policía, un segundo, y otros varios agentes dirigidos por Jérôme Dominique Galloni dIstria “un jefe de reconocida capacidad, honradez, valor y prudencia. (…) sabrá muy pronto el español por ser originario de Córsega (sic). El gobierno francés le envió a Conchinchina a organizar la policía en los puntos cedidos a la Francia (…). El segundo (Maury) es un hombre inteligente y de valor, ha servido en la Caballería de la Guardia y habla español”(Cool.
Además de los jefes mencionados, llegaron de incógnitos los agentes Quilichini, Canetti, Freundstein, Benielli, De la Rosa  y Leon Roche el 22 de marzo del mismo año. A su vez, Galloni entregó al emperador un documento fechado en París el 13 de febrero de 1865, sobre la organización de la policía que le dirigió un empleado, M. Berthier, del Ministerio del Interior francés. En ese texto se previó un servicio oculto o policía política del nuevo régimen: 
En cuanto a la Policía política imposible es poder organizarla desde París, supuesto que su modo de funcionar, la elección y el número de su personal, se hallan subordinados absolutamente al caso en que el organizador se encuentra, y también a los acontecimientos en frente de los cuales se halla colocado. Sin embargo, hay reglas invariables que deben aplicarse o seguirse TANTO EN MÉJICO COMO EN FRANCIA, y estas reglas son: (sic):
1o. Tener agentes en todas las clases de la sociedad, y aún en todas las categorías.
2o. Los ECLESlÁSTICOS DEBEN PREFERIRSE a TODOS LOS DEMÁS.
3o. Las mujeres también pueden emplearse de una manera muy útil. Pero no se deberá nunca obrar sobre la declaración de un solo agente, los informes de estos individuos han de controlarse y verificarse siempre una segunda y aún hasta una tercera vez, si es posible (9). 
El hecho de que los miembros de la iglesia fueran considerados como agentes predilectos, supone el apoyo de esa institución a la estabilidad del Segundo Imperio. Pero el último párrafo —“no se deberá nunca obrar sobre la declaración de un solo agente”— , resulta fundamental, ya que en la actualidad esa disposición es entendida como el principio básico del análisis y producción de la actividad de inteligencia: no aceptar nunca una única autoridad informativa. Lo que, a todas luces, demuestra la modernidad y la profesionalización de la policía francesa. Incluso, en esa época, tenían clara la especialización de funciones, el acopio y/o selección de datos y la toma de decisiones.   
La corrupción policial también afectó al Segundo Imperio
 El personal de la “policía oculta” aún no entraba en funciones cuando el agente Quilichini, designado por Galloni d´Istria como su secretario, ya organizaba un garito en el que se dividirían las ganancias.
Al hacerse público el asunto, el jefe se deshizo de él y consiguió que el gobierno le entregara 400 pesos para regresar a Francia. A pesar del ilícito, Galloni consiguió hacerse del control de las diferentes policías adscritas al Ministerio del Interior y al gabinete del archiduque. También quedó bajo su responsabilidad la policía municipal. Incluso despidió a la mayoría de los agentes secretos con que ésta contaba (10).
Pero sólo hasta el 26 de abril de 1865, a doce días del asesinato de Lincoln y a dieciséis de promulgado el Estatuo Provisional de Imperio Mexicano, se dio a conocer a los prefectos políticos, delegados del emperador para administrar los departamentos en que se dividió el imperio (11), una circular publicada en el Diario del Imperio, mediante la cual Maximiliano informaba: “queriendo hacer organizar la policía del Imperio, encargamos de esta misión al Sr. Galloni de Istria que tendrá  de título Encargado Provisionalmente de la Dirección Gral. De Policía”(12).  
El director de la policía daba cada semana dos o tres comidas á las cuales asistían los ministros de Austria y de Italia con sus secretarios de legación; Mr. Davidson, representante en Méjico de la casa de Rotshschild; el Sr. Somesa, entonces prefecto municipal de la capital; M. de Bombelles, chambelán de la Arquiduquesa y los oficiales superiores austríacos. Después de la comida, los convidados pasaban al salón; aquí se bebía y se jugaba, mientras que los agentes de la policía francesa, inspiràndose del ejemplo de su director, cultivaban las mujeres, el ajenjo y el juego, y presentaban de tiempo en tiempo alguna noticia de sensaciòn, recojida no se sabe donde, pero que la secretaria se apresuraba á transmitir al gabinete del Archiduque con el título pomposo de Informe al Emperador. (13) 
Pero el Estado Mayor del Mariscal François Achille Bazaine tenía igualmente su policía, que le informaba de cuánto pasaba en la Dirección. Las quejas contra Galloni (del mariscal, de los ministros y de los agentes despedidos, que continuaban trabajando por su cuenta), llovían en el gabinete de Maximiliano. A causa de sus constantes ausencias, las denuncias eran dirigidas a Carlota. El 10 de mayo de 1865, la emperatriz recibió la siguiente carta:
Señora: Otro atentado ha cometido ayer D. Galloni d´Istria que ha alarmado á toda la población. Más de 40 personas decentes han sido sacadas del callejón del Espíritu Santo No. 12, donde estaban reunidas jugando tresillo y otros juegos con licencia de la autoridad y bajo la vigilancia de la policía. Se les ha registrado quitándoles sus papeles privados, su dinero y hasta sus relojes, tratándoles de la manera más indigna y poniéndoles en la cárcel revueltos con los criminales. El Estatuto del Emperador es una burla si Galloni sigue de Director de la Policía. Ha derogado leyes. Ha invadido las atribuciones gubernativas y judiciales. Tienes presos a tres sugetos después de haberse concluido el plazo de su detención. Ha hecho el cateo de la casa de juego sin orden escrita como lo manda el mismo estatuto (14).
A pesar de las reiteradas denuncias (de Bazaine, de José María Esteva ministro de Gobernación y de la población), entre las que constaba que Galloni recibía 200 pesos diarios de dos franceses a los que autorizó una casa de juego, Maximiliano quería pruebas de la connivencia de Galloni con éstos. Le fueron aportadas por Esteva y un antiguo comensal de Galloni, que, valiéndose de un engaño, se las suministraron. Sólo entonces Jérôme Galloni D’Istria fue destituido. Lo remplazó Maury que, a pesar del apoyo de Bazaine, jamás obtuvo el título de director, como tampoco consiguió que la policía se encargara de la seguridad personal del emperador.  
La profesionalización de la policía secreta
 Maury asumió su encargo “apoyado en cinco agentes traídos de Francia (15), ninguno de las cuales aprendió español, lo que limitó seriamente su función informativa, y por ende, hubo graves dificultades para colocarlos en el Ministerio de Gobernación” (16).
Sin embargo, Maury permaneció año y medio en México y cumplió a cabalidad con el proceso de recepción y transmisión de información. Redactó, numeró y dividió temáticamente sendos comunicados al emperador en los que le notificó sobre la situación de México en general y en particular sobre la Policía General del imperio; la policía municipal, las prisones, la mendicidad, la vagancia, el desagüe de la ciudad de México, el ferrocarril, las finanzas, la prensa, la política y un tema fundamental: “la actitud amenazadora del gobierno americano”(17) que lo mismo pedía explicaciones a Francia sobre el envío de nuevas tropas a México; suministraba pertrechos de guerra para los liberales, o brindaba asilo a los participantes en el complot para asesinar al imperialista general Tomás Mejía.
El jefe policial del Segundo Imperio también capturó un correo del general Mariano Escobedo, en el cual el liberal decía haber contratado con “los yankees” municiones, y reconocía que todos los proyectiles le habían sido proporcionados por los americanos de Brownsville (18). En este tema, la cuestión americana, a Maury se le reconoció que sus apreciaciones tenían no sólo el mérito de la franqueza, sino también el de la verdad (19).
Además, en sus minuciosos reportes Maury integró un análisis que incluyó componentes socio-culturales que hoy parecen ser determinantes de la realidad mexicana, la cual no cambia al paso de los siglos:
El prefecto y la Comisión omitieron decir lo más grave; que de noche salían los sentenciados a la calle para entregarse á acciones abominables; y a esto atribuye la opinión pública los numerosos robos nocturnos, y todavía más, se dice generalmente que es muy frecuente que se encierre expresamente a individuos por empleados que son sus jefes, y aseguran así la impunidad. Y se dice también que el gobierno estaba al corriente de esto, y lo toleraba, por inercia. (…) Las calles hormiguean de mendigos a todas horas del día y de la noche, y todo el mundo pregunta por qué no se pone en vigor el decreto contra la vagancia del 1º de marzo de 1865. (…) los conocidísimos asaltos diarios á las diligencias (…) (20). 
O bien: “Es horrible la situación de Sonora, Sinaloa y Tamaulipas”(21).
El 1 de diciembre de 1865 el Diario del Imperio publicó la Ley de Organización de la Policía, misma que fue duramente criticada por Maury, que sugirió a Maximiliano la creación de un servicio integrado por 10 o 12 europeos capaces y fieles, que él mismo reclutaría, y  que estuvieran familiarizados con las actividades policiales para implantar un servicio calificado y eficaz (22).
Pero su propuesta no obtuvo resultados y a un año de su llegada a México, Maury entregó al secretario privado del emperador, José Luis Blasio, una carta fechada el 24 de marzo de 1866 en el Palacio de México, diciéndole:  
Venido yo de Francia por ser especial y exclusivamente agregado á la policía de seguridad de Sus Magestades el Emperador y la Emperatriz, no puedo aceptar sin protestar, la prescripción que me hacéis, de ponerme desde mañana á las órdenes del Ministro de Gobernación

, sin saber cuál sea mi posición. Deseo, sobre todo, que esta posición sea definida de manera clara, precisa y terminante, á fin de no continuar haciendo un papel ignorado y comprometida para mi dignidad de hombre, como ha sucedido hasta hoy. En todo caso, si mis servicios ya no son necesarios, reclamo la ejecución de los convenios ajustados en Paris, entre S.

E.

 el Señor Ministro de Méjico y el Sr. Director General de la Policía de Seguridad de S.

M

Napoleon III…

para mi garantía, mi salvaguarda y mi porvenir, la firma de S.

M.

el Emperador. De mi alta consideración en Jefe de la Brigada de Seguridad de las Residencias Imperiales (23).

Sin obtener respuesta alguna, regresó en septiembre a París junto con sus agentes, pero antes exigió que les fueran pagados los adeudos sobre sus salarios, los costos del traslado a Francia y la indemnización correspondiente. Para obtenerlos envió su reclamación a varias dependencias, a pesar de la deliberada tardanza en la remisión de los contratos correspondientes, promovida por: “el frío, avaro y vengativo”(24) Juan Nepomuceno Almonte, de quien ni el propio Maximiliano tenía buena impresión a pesar de ser el encargado de la legación mexicana en Francia, donde se contrató a Maury. Finalmente el francés obtuvo la cantidad de 5 mil 920 pesos equivalentes a casi tres años de su salario (26).
Jérôme Galloni d’Istria fue diputado de la Asamblea Nacional al término de la Guerra franco-prusiana en 1871 y más tarde senador por Córcega (27).
Los conservadores también tenían su policía secreta 
Paralelamente a los esfuerzos de los informantes de Maximiliano, el coronel Francisco Carbajal y Espinosa, militar cercano a Juan Nepomuceno Almonte, de larga trayectoria tanto en la administración pública como en el ejército, a la vez que comisario central de policía en la Ciudad de México desde noviembre de 1863, consideraba tener organizado un amplio y eficiente servicio de policía secreta con catorce agentes mexicanos que trataban sólo con él para mantener la secrecía. Los vigilantes eran recibidos de noche para rendir sus partes y recibir instrucciones. De acuerdo a sus funciones, fueron denominados bajo las siguientes categorías:
Los locales, que servían también como: contrapolicía, vigilando los cuarteles, y dando parte de las faltas que notan en la policía de seguridad, lo que produce muy buenos resultados para el servicio. También vigilan todas las reuniones de fondas, cafés, pulquerías, vinaterías, mesones, y el resultado que he obtenido de haber descubierto y destruido las tres grandes cuadrillas de ladrones, se debe á esos agentes. Los ambulantes, llamados así porque no tienen demarcación fija se introducen en los círculos de la sociedad, desde la clase elevada hasta la más ínfima, para oír cuanto se habla, aprovechar cualquiera especie ó noticia y seguir el hilo de la averiguación, si conviene. Se ocupan también de vigilar y seguir los pasos á los sugetos más notables ó que se sabe que trabajan con actividad. Todo este ramo lo manejo yo esclusivamente

para mantener el secreto: de noche trato con los agentes, recibo sus noticias y les doy instrucciones. Sirve esta policía, no sólo para la política, sino para la persecución de toda clase de delitos (28).

Adicionalmente, Carbajal y Espinosa redactó un reglamento que fue remitido al comisario de policía francés para su revisión, pero este último no lo despachó, por lo que envió directamente a Maximiliano un largo e importante documento: “Pequeña Noticia sobre la Policía de México”, en el cual, además de hacer un excepcional recuento histórico sobre el servicio de vigilancia, detallaba los resultados de sus trabajos y el “estado de cosas políticas”.
Se refería, concretamente, a las actividades de los círculos conspiradores: el juarista: “regenteado por el ministro americano y Doña Luciana Baz” y el más penetrante: “por el odio mortal que profesa á la monarquía y á su S.

M

”; el de Manuel Silíceo, ministro de Ignacio Comonfort, que empleaba al abogado Cástulo Barreda y al geógrafo Antonio García Cubas, entre otros, para trabajos de intrigas; en cambio para incitar a la plebe de los barrios se valió de carniceros, vaqueros, pulqueros y algunos oficiales que fueron de guardia nacional (29).

Además, Carbajal y Espinosa precisó que él “siempre” había tenido vigilados a los principales conspiradores, por lo que éstos tomaban sus precauciones y nada escribían, lo que hacía muy difícil hallar documentos que los comprometieran: “ y el imperio de la policía es tenerlos á raya para que no puedan realizar ningún motín”(30).
Para evitar el éxito de los conspiradores, Carbajal y Espinoza solicitó un presupuesto de 10 mil 200 pesos anuales y propuso la coordinación con el general francés Gabriel Neigre, Comandante Superior de la Plaza: “que por sus acertadas disposiciones, como por el miedo que sea tenido á las tropas francesas, se conservó la tranquilidad”. También informó que existían, además de los conspiradores, dos círculos de descontentos:
Uno, compuesto principalmente por militares, que carecía de un plan fijo, presidido por el general Miguel Miramón al que se sumaron muchos conservadores con motivo de los sucesos sobre bienes eclesiásticos. Dicho grupo oscilaba entre: “hacer una combinación con Comonfort y

Doblado, bajo la base de eliminar a

Juárez, o hacer ellos un esfuerzo para lograr el cambio de algunas personas del Gobierno, siendo su principal deseo separar al Señor General

Almonte y conservar en la regencia al Señor Arzobispo” (31).

El segundo círculo, más moderado, “de descontentos o de oposición” tuvo su origen en los despidos de personal en la Suprema Corte de Justicia y los juzgados y exclusivamente aspiraban a la destitución de Almonte. El trabajo de Carbajal y Espinoza no se limitó a la función informativa, sobre personas y actividades, dado que intervino el depósito de pólvora que abastecía a las guerrillas juaristas y reconoció su incapacidad para descubrir a quiénes imprimían y tiraban por las calles de la Ciudad de México, “papeles” con escritos en contra del emperador.
Carbajal y Espinoza reveló, igualmente, que la integridad personal de Maximiliano y Carlota estaban amenazadas pues algunos: “despechados como Juan José Baz,

atentar contra S.

M.


; y como la capital está llena de guerrilleros desalmados, no será estraño

que algo intenten, principalmente en los viajes de S.S. M.M. á Chapultpec”(32). Anticipando un posible atentando, en combinación con el general Neigre, mandó vigilar las veredas que conducían al Castillo de Chapultepec, residencia oficial del emperador.

El 20 de enero de 1867, el representante de Maximiliano en Washington, Mariano Degollado, recibió una carta manuscrita del Subsecretario de Negocios Extranjeros, J. Nep. De Pereda, acusando recibo de los 30 expedientes numerados: 
“y acompañados de un índice en que consta su contenido, formando todo ello el archivo de la Agencia Confidencial de que estuvo U.

encargado. (…) en respuesta me es grato manifestarle que si este Ministerio pudiera agregar alguna cosa a la aprobación de su S.

  M.

el Emperador que ya á obtenido U., le diría que conservara ese archivo como un monumento del celo, patriotismo, inteligencia y lealtad con que ha correspondido a la confianza que S. .

M.

depositó en la digna persona de U. (33) 

Los traidores pintados por sí mismos
 El archivo formado por Mariano, hijo del general republicano Santos Degollado, puede consultarse actualmente en la Colección Benson Latinoamérica de la Universidad de Texas (34). Una parte sustancial de los informes de Maury se publicaron en forma de libro, una vez que el frágil imperio fue abandonado por Francia y derrotado por los liberales mexicanos en 1867. Los traidores pintados por sí mismos. Libro secreto de Maximiliano, en que aparece la idea que tenía de sus servidores, se divulgó con la certificación del Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones y Gobernación y se editó en la imprenta del gobierno que se encontraba en los bajos del Palacio Nacional. En la primera edición del 24 de diciembre de 1867, se insertó: 
Como apéndice á dicho libro, la traducción de una biografía de D. Antonio Pelagio de Labastida, el Príncipe de la Iglesia mexicana, escrita por M. Maury , agente enviado por Napoleón para organizar la policía de Maximiliano. Su posición y sus antecedentes hacen creer que la biografía sea exacta (36).
Efectivamente, Maury fue el autor de dicha biografía, como consta en fondo documental del Segundo Imperio, resguardado en el Centro de Estudios de Historia de México CARSO (37). En este caso concreto, Maury indagó acerca de la honestidad, la fama pública, ideas políticas y las conspiraciones del arzobispo de México, enemigo de la Constitución de 1857, pero no lo hizo él solo, como ya se dijo líneas arriba.  
En el Libro Secreto es posible identificar a varios informantes, de los cuales sólo tres tienen apellidos españoles. El resto son franceses, austriacos o belgas, como Félix Eloin, que gozaba de una influencia ilimitada con el emperador. De igual modo, existe una Relación de papeles del Célebre Maury (sic), pertenecientes al entonces Ministro de Francia en México, Paul Lefebvre, acompañados de un carta en francés, fechada en Oaxaca el 14 de noviembre de 1866, firmada por Charles Thiele, “secretario de Porfirio Díaz”(38). Aunque el secretario de Díaz era Manuel Travesí (39), Charles Thiele era un desertor francés que se presentó ante Díaz a ofrecer sus servicios, y en virtud de su conocimiento de la lengua francesa trabajaba como auxiliar del “héroe del 2 de abril”.
De lo anterior se desprende que a Maximiliano le importaba, además de qué tan buenos empleados tenía el imperio —el desempeño laboral de muchos fue juzgado—, saber sobre las ideas políticas de sus colaboradores.
Es importante señalar que los informes están exentos de juicios morales. Ni siquiera en el caso de Miguel Miramón, que se quedó con dinero público, o bien su gusto por los juegos de azar. Cabe señalar a Tomás Mejía, que no tenía ambiciones políticas y sólo le importaba ser un buen soldado: es el gran ausente en los papeles del archiduque.
La publicación de los informes de la policía política, constituyó un arma fundamental para desprestigiar a los ya desprestigiados conservadores, de tal forma que a las derrotas política y militar, se sumó la derrota moral.
Benito Juárez sabía que la información es poder, y también una poderosa arma política, que no dudó en blandir contra sus opositores.

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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por Monakyo101 el 19/6/2017, 9:28 pm


NACIONAL
19/06/2017 5:20
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'Proceso de Maximiliano fue justo'; se apegó a derecho: Romero Apis

AUTOR: JUAN PABLO REYES


CIUDAD DE MÉXICO.
La madrugada del 19 de junio de 1867 el emperador Maximiliano de México, el expresidente Miguel Miramón y el general Tomás Mejía fueron conducidos al Cerro de las Campanas para cumplir la sentencia de muerte a la que habían sido condenados.
Al filo de las siete de la mañana los tres cayeron atravesados por las balas del ejército Republicano que, casi un mes atrás, había obtenido el triunfo sobre su contraparte francesa y sus aliados conservadores.

Tras la captura de Maximiliano de Habsburgo en Querétaro, el Ministerio de Guerra Republicano dispuso que se le juzgara el 21 de mayo de 1867, junto con Miguel Miramón y Tomás Mejía, con base en la ley del 25 de enero de 1862 promulgada por Benito Juárez para castigar los delitos contra la nación, el orden, la paz pública y las garantías individuales.
Para el abogado y especialista en asuntos históricos José Elías Romero Apis, el juicio que se le siguió al segundo emperador de México tras su rendición fue justo, se evitaron vicios procesales y a todas luces apegado a Derecho a pesar de las críticas que, en su momento se hicieron contra Juárez a nivel internacional.
Se trató de un proceso judicial que se inició el 12 de junio de 1867, casi un mes después de la aprehensión del monarca sucedida el 15 de mayo, lo que podría decirse que a la luz del derecho actual fue una detención contra la ley pues, el día de hoy, no puede prologarse una detención por más de 72 horas si no se justifica con una vinculación a proceso.

En términos generales el proceso a Maximiliano de Habsburgo estuvo muy apegado a Derecho. Fue un proceso sumamente rápido, fue un proceso que duró prácticamente dos días ya que culminó el 14 de junio”, dijo.
De acuerdo con el defensor, en el mundo del Derecho existe algo que los abogados llaman el espacio sustantivo, es decir, los delitos que se cometieron y por otra parte lo que llaman el espacio adjetivo, es decir, el proceso como se debería de llevar.
Desde el punto de vista sustantivo parecía que no había duda de los delitos cometidos pues de alguna manera quedaba claro para todos que Maximiliano era un invasor, de ahí una serie de delitos que cometió sin tener apoyo legal como serían las rebeliones.
Donde hubo una discusión fuerte entre los siete integrantes del jurado fue en lo relacionado a la pena que se le iba a imponer al emperador, pues algunos consideraban que la pena que debía imponerse era la prisión e incluso la prisión perpetua y otros que pedían para él la muerte de acuerdo a una norma establecida por el presidente Benito Juárez”, explicó Romero Apis.
Reconoció que en el aspecto adjetivo podrían encontrarse algunas fallas por la detención prolongada sin auto de formal prisión, que el propio emperador no estuvo presente en el proceso realizado en el Teatro Iturbide hoy Teatro de la República, pero sí sus defensores como el abogado Mariano Riva Palacio y Rafael Martínez de la Torre.
“No estuvo nunca presente el acusado y esa es una de las principales y básicas garantías constitucionales en materia penal, de hecho es la más antiguo y que le llamamos Habeas Corpus, que esté de cuerpo presente y eso limita o impide la adecuada defensa”, detalló.
También hubo elementos “incidentales” como el que el general Mariano Escobedo le ofreció a Tomás Mejía el indulto o un cambio de pena que Mejía finalmente rechazó.
Respecto de si en su momento y contexto histórico Benito Juárez pudo hacer caso de los diversos llamados de la comunidad internacional y perdonar la vida de Maximiliano de Habsburgo, el abogado José Elías Romero Apis indicó que Juárez analizó todas las circunstancias.
El Presidente de la República tenía una serie de facultades de indulto que podían haber sido ejercidas, pero a final de cuentas optó y moralmente consideró que no correspondía el indulto pues Maximiliano, unos meses antes de su caída, expidió un decreto, llamado del 3 de marzo, en el que condenaba a muerte a todos los jefes liberales comenzando por Juárez”, sostuvo.
El especialista insistió en la dificultad de juzgar la calidad jurídica de los héroes pues muchos podrán estar de acuerdo con las acciones de Juárez pero si se revisa a la luz de un laboratorio jurídico de pureza, la situación se podría complicar.
No pasarían muy bien las fórmulas de la juridicidad y es por eso que tanto el héroe como el santo, decimos nosotros que no deben tener abogados: el héroe porque no les hace caso y el santo porque no los necesita”, señaló ante la “posible impureza del tribunal que actuó”.
A final de cuentas se decretó la pena de muerte, la cual fue emitida el 16 de junio, dos días después de terminado el proceso, dada a conocer casi de inmediato a Maximiliano y a sus dos compañeros y finalmente cumplida la mañana del 19 de junio en el Cerro de la Campanas.
CONMEMORACIÓN
Para este lunes se prevé la realización de una Misa Solemne por el 150 aniversario de la muerte del emperador Maximiliano de México y de los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía que oficiará el sacerdote Francisco Morales en la iglesia de San Ignacio de Loyola en la colonia Polanco. La invitación, dirigida al público en general “a nombre de Carlos y Doña Annie-Claire de Habsburgo Lorena”, ya circula en redes sociales.
 

DIVIDE LA FIGURA DEL EMPERADOR

La semana pasada el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México organizó un foro para discutir y analizar el proceso que culminó con el fusilamiento de Maximiliano de México, el cual terminó con un ligero altercado por la forma en que se abordaron los aspectos relacionados con el Segundo Imperio.
Y es que la encargada del Instituto, Patricia Galeana, dijo que cuando el emperador fue asesinado, la prohibición de la pena de muerte se hallaba suspendida a causa del estado de excepción que se vivía por lo cual, el fusilamiento en el Cerro de las Campanas no fue ilegal.
Esto provocó que uno de los asistentes externara su desacuerdo con el argumento de la servidora pública y criticó la manera en que se trató el asunto del juicio seguido a Maximiliano, al expresidente Miguel Miramón y al general Tomás Mejía, además de agredir verbalmente a Galeana y a los otros dos expositores.
El foro contó con la participación del abogado y catedrático Rafael Estrada Michel, acompañado del investigador Silvestre Villegas Revueltas, quienes analizaron el contexto histórico de la época en que se desarrolló el juicio y comentaron la trascendencia e impacto del mismo para nuestro país.
Lo interesante de querer establecer un segundo imperio, es la idea de sacar a México de un marasmo horrible”, expuso Villegas

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Von Leunam
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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por Von Leunam el 20/6/2017, 8:50 pm

La tataranieta de Isabel II, un abad ortodoxo ruso y un fascista: la misa por el último emperador mexicano



Al salir de la iglesia, una mujer menuda y de una palidez aristocrática casi se pierde por los árboles genealógicos de su familia. “Tenemos sangre de muchísimas casas reales, sangre de los Borbones, de la casa de Orleans, de los Medici… son muchas casas”. En ese momento, para de hablar y saca del bolso unos papelitos escritos a mano y amarrados con un clip. “Son como 200 reyes los que traigo en la sangre. Como no me los sé de memoria, los traje apuntados para acordarme. Te los voy a leer”. Antes de empezar la lista, hace otra parada:

—Mira que bonito cuello lleva esa señora, qué distinguida. Debe ser Habsburga, que también son mis parientes.

Marina De Santiago-de Borbón Haas Canalizo, mexicana y tataranieta de Isabel II, llegó la tarde de este lunes a la iglesia San Ignacio de Loyola de Polanco, el barrio noble de la capital, para arropar a su “primo en muchos grados”, Carlos Habsburgo Lorena, sobrino y bisnieto de Maximiliano, archiduque de Austria, segundo y breve emperador de México, desde 1864 hasta 1867, mirlo blanco de Napoleón III en sus ambiciones americanas y gran esperanza -y rápida decepción- de los conservadores católicos mexicanos de entonces, sumidos en una larga y soterrada guerra con los liberales laicos.

Siglo y medio después de su fusilamiento por el ejército republicano de Benito Juárez, los monárquicos mexicanos reunidos por su aniversario aún lo reconocen como “el legítimo heredero de su dinastía”.

Como dos reyes salieron el bisnieto y su esposa después de media hora de ceremonia religiosa, presidida por dos fotos frente al altar: la Virgen de Guadalupe y el emperador austriaco con la barba partida en dos. En medio, el toisón de oro, mullidito en un cojín amarillo. Tras el himno mexicano a coro, la pareja avanzó tomada del brazo por el pasillo central entre vítores entusiastas: ¡Viva su majestad Maximiliano de México I!

La comitiva, señores de pelo blanco y señoras con pamela y perlas, les seguía con una sonrisa casi aérea de satisfacción. Ya en la calle, el primero en saludar al caballero de la Orden del honor imperial de México con tres besos en la mejilla fue el abad Nectari, de la iglesia ortodoxa rusa. Túnica negra, gorro cilíndrico y cruz pectoral morada, el religioso conoció a la familia a finales de los 70 en Cuernavaca. “Vino el Sha de Irán en una visita de Estado y allí coincidí con el archiduque Félix de Habsburgo, el papá de Don Carlos”.

El relato histórico dibuja a Maximiliano, hermano del emperador austrohúngaro, casi como una víctima de un embaucador Napoleón III. Con la excusa del impago de la deuda externa preparó junto a Inglaterra y España la invasión de México, cuando la verdadera intención era taponar la expansión de Estados Unidos, maniatado entonces por la guerra de secesión. Francia quedó internacionalmente sola, pero con el apoyo de los conservadores y la Iglesia mexicana, que asumieron la imposición de un rey extranjero por el ejército francés con tal de detener el ímpetu liberal de Juárez.

“Volátil, indeciso, débil, reflexivo”, como lo definió el escritor Fernando del Paso en su monumental  Noticias del Imperio, la apuesta de los conservadores mexicanos pronto se reveló fallida. Católico pero de talante liberal, Maximiliano, junto al pulso político de la emperatriz Carlota, refrendó las leyes que marcaban la separación entre Iglesia y Estado, confirmó la nacionalización de sus bienes, abolió los castigos corporales en las haciendas, instauró la educación primaria gratuita y obligatoria, promulgo leyes a favor de los indígenas y se lanzó a inaugurar museos y amplias avenidas, como la que comunicaba su residencia, el Palacio de Chapultepec, con el corazón de la ciudad, el espléndido Camino del emperador, hoy Paseo de la Reforma.

Héctor y Pier Adib son abogados y de origen libanés. “Hablamos francés, pero no somos franceses”, precisó Pier, traje cruzado de raya diplomática y pelo canoso y brillante

—¿No creen que de algún modo, Maximiliano traicionó a sus aliados mexicanos?

—Intentó conciliar a todas las partes y cuando se dio cuenta que los liberales nunca le aceptarían, ya fue demasiado tarde. De todas maneras, hizo más por México en tres años que otros en 80.

Presionado por la amenaza prusiana en Europa y los desaires de la Iglesia, Napoleón decidió retirar su tropas de territorio mexicano. Menos de un año después, Maximiliano moría ejecutado. Romántico y liberal, amante de la poesía y la pintura, el monarca austriaco llegó a vestirse de charro. Intentó ser más mexicano que los mexicanos, pero su historia fue la de una incomprensión mutua. La genuina ambición de ser emperadores de un gran territorio les llevo a la muerte y a locura. Carlota, La Roja para los conservadores; Mamá Carlota, para el pueblo, perdió el juicio intentando in extremis lograr apoyos para su desahuciado marido. La novela de Del Paso es en gran medida la ascensión y caída de dos héroes trágicos.

“Esto es una misa privada. No tiene acento político. Se trata simplemente de recordar a aquel hombre que dio su vida por México, que fue mi pariente y que Dios lo tenga en su santa gloria”, dijo Carlos Habsburgo Lorena entre la multitud. Sin embargo, entre curiosos, periodistas y parientes también se coló otra tipología de nostálgicos. Un conocido cabecilla del movimiento sinarquista mexicano, un grupúsculo ultracatólico de extrema derecha inspirada por la Falange española, asistió a la misa pero decidió marcharse pronto y no contestar preguntas de la prensa: “Y menos de periódicos izquierdistas”.

Sombrero de fieltro verde oliva, para el abogado Alfonso Cervantes y Sánchez-Navarro, conde de Echauz, “los monárquicos en México estamos estigmatizados. Por la historia, que nos considera traidores, y por el sistema político, donde predomina la corrupción y la impunidad”. Reflexivo, consideró en todo caso que el tiempo de los reyes en México ya había pasado. A su lado, su hijo, enjuto, espigado y rubio como su padre, estudiante de Economía en una universidad privada y vestido con saco marinero cruzado y botones dorados, lanzó una idea y una media sonrisa: “los criollos son los nuevos emperadores de México”.

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/06/20/actualidad/1497965604_987725.html?id_externo_rsoc=FB_MX_CM

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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

Mensaje por Monakyo101 el 22/6/2017, 11:53 pm



NACIONAL
22/06/2017 15:25

La máquina del tiempo*: El fusilamiento de Maximiliano

AUTOR: SHANTAL TORRES


En un inédito e increíble experimento científico, dos físicos y una reportera viajan juntos en una máquina maravillosa que se desplaza a través de agujeros de gusano del espacio-tiempo. Su objetivo: Comprender e investigar más a la humanidad para mejorarla, así como generar herramientas tecnológicas más avanzadas y conocimiento. (Amigos lectores, empleen su imaginación y ¡acompáñenos cada diez días!)
 
Querétaro, México, a 19 de junio de 1867.

 
Después de que habíamos tenido un viaje con algunos problemas eléctricos en la máquina del tiempo y con grandes desafíos históricos al trasladarnos al siglo XVII para ver la coronación de un rey, ahora nos disponíamos a atestiguar la caída de un emperador del siglo XIX, una época marcada por el ideal imperialista de los países europeos que buscaban una dominación económica y política hacia naciones menos superiores.
Este sería el caso de México en 1867, un joven país que tras su independencia, la búsqueda de su identidad y numerosas guerras quedaría totalmente dividido entre liberales –con un gobierno republicano y liderado por el presidente Benito Juárez− y conservadores −una monarquía bajo el emperador Fernando Maximiliano de Habsburgo, antes archiduque de Austria, que contaba con la protección y apoyo del emperador francés Napoleón III Bonaparte, quien había encontrado en la deuda externa mexicana la excusa perfecta para sus ambiciones de poseer un imperio ultramar y frenar, además, el poderío de los Estados Unidos−.
Llegaríamos con sentimientos encontrados a las 6:00 p.m. del 18 de junio del citado año a los alrededores de la ciudad de Querétaro, una metrópoli destacada por sus joyas arquitectónicas barrocas y neoclásicas, mayoritariamente pertenecientes al periodo colonial. Cambiaríamos nuestra vestimenta para recorrerla en su esplendor de la tarde y para conocer las diferencias que 150 años habían construido sobre ella desde nuestra visión del futuro.
A primera vista, Querétaro no era muy grande, pero nos mostraba su famoso y enorme acueducto, la más grande obra del siglo XVIII queretano, y más hacia el Centro Histórico encontrábamos el elegante Teatro Iturbide –actualmente es llamado Teatro de la República− donde hacía unos días, había sido enjuiciado y condenado a pena de muerte –aunque no lo pisó por razones de enfermedad− el emperador Maximiliano, conforme a la ley del 25 de enero de 1862, decretada por el presidente Juárez, la cual condenaba como delitos los actos que iban en contra de la soberanía y seguridad de la nación, en pocas palabras, traición a la Patria. Nosotros asistiríamos al fusilamiento del importante personaje de la casa de Habsburgo al día siguiente.
Para este momento, el emperador se encontraba detenido en una celda de la prisión de Capuchinas –un exmonasterio que con la Guerra de Reforma pasaría a ser cuartel de los regimientos “Tiradores de Querétaro” y “Los rurales del estado” y posteriormente se emplearía como cárcel– junto con los generales imperialistas Miguel Miramón y Tomás Mejía quienes estaban en celdas contiguas. Faltaban menos de 24 horas para la ejecución de los tres y sabíamos que con esto se restauraría la República en el país azteca.
Ya entrada las 10:00 p.m. comenzaríamos a platicar entre nosotros los aciertos y errores del emperador y cómo poco a poco se había desvanecido el proyecto ideado por los conservadores. Primeramente, la llegada de Maximiliano fue polémica. Su “invitación” a gobernar México no fue más que una estrategia expansionista del emperador Napoleón III Bonaparte, que había sido convencido por Tomás Murphy y Alegría –un exministro mexicano conservador radicado en Londres– de que México estaba en riesgo frente a Estados Unidos por su anarquía y que necesitaba instaurar el orden por medio de una monarquía ¡vaya ilusión! Ya había un presidente, muchos le advirtieron a Maximiliano las problemáticas que representaba tomar el Estado mexicano, pero otros lo adulaban consintiendo el descabellado sueño. Para que esto sucediera, el emperador Napoleón III y sus tropas irían tomando bélicamente pueblo por pueblo y ciudad por ciudad pensando que el presidente Juárez dejaría el puesto, generando sólo guerra, muerte y descontento en las poblaciones mexicanas, la más recordada de las batallas fue la ganada por el general Ignacio Zaragoza en Puebla el 5 de mayo de 1862.
Maximiliano y su esposa Carlota llegarían al puerto de Veracruz el 28 de mayo de 1864 entre múltiples reacciones en todo el territorio mexicano. Como hechos positivos en su gobierno estaban una amnistía para los delitos políticos; el término de la censura en las opiniones; la tolerancia de todos los cultos –protegiendo el catolicismo–; las rentas de la Iglesia serían otorgadas al gobierno; crearía la Academia Imperial de Ciencias y Literatura; decretaría al peso como moneda nacional mexicana; buscaría mejorar las condiciones de vida de los indígenas que trabajaban en el campo eliminando los azotes y reduciría sus horas laborales, así como vincularse con ellos a través de la colección de objetos prehispánicos; y publicaría una ley que permitía la inmigración.
Pero mientras esto sucedía, las tropas francesas seguían en el frente contra los soldados republicanos de Juárez; el Imperio mexicano cada vez estaba más endeudado y Napoleón III más renuente a dar empréstitos hasta darle por completo la espalda a Maximiliano –hecho que le hizo pensar en algunas ocasiones en la abdicación que no aceptó–; los conservadores estaban decepcionados pues el emperador era liberal en muchos aspectos; y lo más relevante, el decreto militar del 3 de octubre de 1865 que condenaba a muerte a todos aquellos que pertenecían a bandas o reuniones armadas y alborotadores de la paz pública donde fallecieron numerosos liberales, lo que reavivaría las pugnas políticas haciendo más fuertes militarmente a los republicanos.
El presidente mexicano nunca se daría por vencido, tenía confianza en que recuperaría la República y lo logró. Finalmente, el emperador francés dejaría de enviar tropas a México pensando que las revueltas estaban controladas originando un debilitamiento en las tropas imperiales, que fueron perdiendo progresivamente las plazas ganadas, resaltando el fracaso de la campaña de Querétaro –donde Maximiliano participó y que fue la gota que derramó el vaso– resultando en la rendición voluntaria del mismo emperador –ante el General Mariano Escobedo y su Ejército del Norte–, su aprehensión y las de Miramón y Mejía el 15 de mayo de 1867. De esta manera el Segundo Imperio Mexicano agonizaba y su líder estaba a horas de ser fusilado en el Cerro de las Campanas.
El reloj marcaba ya las 5:00 a.m. del 19 de junio. A estas horas sabíamos que el emperador ya estaba levantado, que el padre Manuel Soria y Breña lo había confesado –al igual que a Miramón y Mejía– y que, a estas horas, los tres estarían presenciado una misa con sus allegados más cercanos y testigos entre una profunda tristeza y resignación. Nosotros llegaríamos directamente al Cerro de las Campanas a las 6:00 a.m., justo en el momento en que el Sol asomaba su primer rayo en el horizonte de lo que sería un día brillante y esplendoroso en la ciudad. Los prisioneros a esa misma hora saldrían en tres carruajes custodiados por numerosos guardias, seguidos por tropas de caballería e infantería y atrás los secundarían los pelotones de ejecución procedentes del primer Batallón de Nuevo León.
Mis compañeros y yo habíamos llegado a dicho cerro a las 6:30 a.m., donde entre los pastizales y árboles ya había gente esperando el infortunado destino de los condenados. Estaban algunos europeos residentes de la ciudad cuyos rostros reflejaban incredulidad ante las lamentables circunstancias, unos llorando y otros rezando. Ya estaba lista una pared de tres bloques de adobes donde se colocarían los reos y 4 mil soldados a su alrededor. A las 6:45 a.m. arribaban los tres carros de caballos y el primero que salió fue Maximiliano, quien vestía una camisa blanca, chaleco, pantalón oscuro y una levita larga. A su lado derecho se encontraba acompañándolo Miramón, pero a Mejía, soldados lo llevaban a rastras, lo veíamos francamente devastado. Estando los tres “listos”  –nunca se está listo para la muerte, yo pensaba–, un soldado nos leía una orden militar con la cual cualquiera que hiciera un menor movimiento en favor del emperador sería fusilado con él. Todos quedaríamos inmóviles y sin palabras.
En ese momento, Maximiliano que estaba al centro le cedía su lugar al General Miramón por su gran lealtad, entrega y valor “General, un valiente debe ser honrado por su monarca hasta en la hora de la muerte, permítame que le ceda mi lugar de honor” y le daba un abrazo, y a Mejía, el valeroso general indígena que apenas había sido padre, le ofrecía unas palabras de consuelo “General, lo que no es compensado en la tierra lo será en el cielo” terminado también con un abrazo. El pelotón de fusileros se acercaba, aunque el oficial que daría la orden dudaba. Maximiliano con tono firme sólo le decía que era un soldado y que tenía que obedecer. Al resto de los militares les pedía apuntar en el pecho y no en el rostro para ser más tarde reconocido por su familia, ofreciéndoles unas monedas de oro, se secaba el sudor y con voz firme y decidida decía “Voy a morir por una causa justa, la de la independencia y la libertad de México. ¡Qué mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!”.
Miramón por su parte exclamaba que no era un traidor a la Patria y que era inocente. Mejía no diría nada, sólo había mirado de frente y fijamente al pelotón de fusilamiento. A las 7:05 a.m. el oficial daría la orden de fuego y con un fuerte estruendo veintiún balas alcanzaban a los tres condenados, siete para cada uno. El emperador había recibido cinco balazos pero todavía no fallecía. Con voz baja pedía a un hombre el tiro de gracia, el cual sería ejecutado por un soldado en el corazón. Entre nosotros, los testigos, había una persona que se tapaba el rostro de pena y, otra que se tapaba la boca y cerraba los ojos con gran consternación. Yacían muertos en el suelo los tres hombres ajusticiados y renacía así el México independiente. La lección era clara, no se admitía ninguna forma de intervención ni usurpación extranjera que violase la soberanía nacional.
Después de observar el penoso suceso y escuchar los sollozos de muchos asistentes, el médico del ejército y los particulares revisaron los cadáveres de los que habían sido en vida Maximiliano, Miramón y Mejía. Los recogerían para posteriormente embalsamarlos y sepultarlos, aunque el cuerpo del emperador se deterioraría considerablemente quedando irreconocible por los malos cuidados que los mexicanos darían a éste. Así Juárez, el presidente más firme y recto que ha tenido la República Mexicana, regresaría la Ciudad de México para gobernar a su nación el 15 de julio de 1867. Nosotros, volveríamos a nuestra máquina maravillosa a las 8:00 a.m. del 19 de junio reflexionando la trascendental toma de decisiones por la independencia y libertad de un país, y cómo el altivo orgullo europeo había sido golpeado por un enemigo pequeño que nunca bajó las manos para conservar su autonomía y lugar en el mundo. Nosotros seguiríamos nuestro camino para presenciar otros episodios en la historia universal, otros capítulos de gloria y traición, otros protagonistas en el libro de la humanidad. Sigamos aprendiendo juntos. Los invito a que me sigan la próxima semana. Au revoir!
 
 
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* La presente crónica está basada en documentos e investigaciones de hechos reales; los elementos ficticios son sólo secundarios para justificar lo real. La bibliografía consultada se encuentra al final del texto.
http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/06/22/1171381

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Re: Mexicanos y austriacos desmitifican a Maximiliano

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