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proyecto literario: En Honor a los heroes

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Eterno aspirante
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proyecto literario: En Honor a los heroes

Mensaje por Eterno aspirante el 18/3/2013, 9:36 pm

Pues buenas noches camaradas del foro, he venido hoy con una idea de un proyecto que tengo en mente y que espero les guste y me puedan ayudar con el.

Como sabrán (o tal vez no) estudio letras hispanoamericanas, esto con la idea de convertirme en escritor, y que mejor inspiración que la que me provocan los valientes hombres uniformados que día a día salen a las calles a poner el orden.

Verán, como hemos visto, últimamente en nuestro país existe toda una industria de canciones, libros, series, novelas, telenovelas y películas de bajo presupuesto que se encargan de ensalzar la imagen del narco, colocandolo como un sujeto admirable, valiente y un largo etc de fantasías absurdas.

Por lo anterior, yo dije, y por que chinga#(&% nadie escribe una novela que hable sobre los marinos, los soldados o los policías que día a día hacen algo por mejorar la situación, ¿por que dejamos que se sigan haciendo alabanzas a los asesinos? así que, armado con una pluma con una cadencia de unas 300 palabras por minuto, me he dado a la tarea de escribirles una novela los verdaderos valientes. Claro, que para ello necesitare su ayuda pues quiero que cuando un soldado la lea, sienta que la escribió alguien en el activo, y que cuando un civil haga lo mismo, se de cuenta del sacrificio y honor que implica ponerse un uniforme. Así que todas las sugerencias son bienvenidas y dicho sea de paso, me gustaría poder preguntarles algunas cosas sobre el activo, y si tiene alguna historia que contar, algo que les gustaría expresar, solo díganmelo, envíenmelo por mp o como quieran haganmelo llegar y yo lo convertiré en un capitulo.

En cuanto a lo demás, y para que vean que hablo en serio, les dejo mi primer capitulo, esperando que les guste, se los dejo.

P.D: espero no haberme equivocado de lugar para postear el tema.



Jardinero.

Aquel muchacho regordete se me acerco lentamente, con su caminar pausado y dudoso, observándome de reojo con la cara agachada, no sé si por miedo o respeto. Llego hasta mí sin decir nada. Su camisa del SMN estaba sucia después de la actividad física; el cuello empapado en sudor, la gorra color rojo descolorido se alzaba ante mí como un emblema de su falta de organización y responsabilidad
-¿Qué se le ofrece?- le pregunté pues sabía que quería preguntarme algo
-¿le puedo hacer una pregunta cabo?- pregunto, herrando con mi rango
-teniente- corregí
-teniente- parafraseo
-dígame-
Y él dudó de nuevo, era como si no quisiera preguntar algo cuya duda le carcomía el interior, por un momento debo admitir que pensé que estaba a punto de preguntarme algo realmente importante

-¿Qué opina usted?- dijo por fin, atropellado, lento, confuso. Se detuvo y me contemplo a la cara, pero no me retaba, me preguntaba con la mirada, como si buscase en mi rostro una sola facción que indicase que aquello era para mí una perdida de tiempo. No la encontró - ¿Cómo es ser militar?-
-siéntate- le conteste y él se sentó en las gradas. Observe a mi alrededor, no había nadie. Sus compañeros del servicio habían partido ya, no estaban interesados en seguir aquí.
Me senté a su lado, me quite la gorra y acomode mi arma de cargo para que no me estorbase al acomodarme
-¿Cómo es ser militar?- parafrasee a la vez que una serie de recuerdos llegaba a mi mente, luego lo observe fijamente –te voy a contar una historia, porque sabes, ser militar es como ser jardinero-
Y entonces comencé a recordar a la vez que le contaba. Me vi a mí mismo, un par de años atrás, solo un cabo entre tantos otros, bromeando con mis compañeros junto a las literas justo después de la hora de ejercicio, aun con el short y camisa de SEDENA puestos. Recordé la televisión sonando de fondo, algún programa sin sentido era trasmitido, pero nosotros lo ignorábamos. Nos detuvimos ante nuestras literas bromeando. Nos burlábamos de un compañero que había estado a punto de caer mientras trotábamos, el, rojo de ve#$%&/üenza y con una sonrisa oprimida se defendía diciendo que aquello no era más que un movimiento táctico cuya complejidad nosotros no lográbamos comprender. Pero su excusa solo sirvió para que las risas se volvieran más sonoras y para que al fin su rostro apretado cediera el paso a una risa disminuida que poco a poco fue en ascenso.
De pronto escuchamos pasos veloces, las risas cesaron y ya nadie bromeaba, alguien se acercaba a nuestros dormitorios con paso decidido, firme, propio de un oficial que con determinación va a su objetivo a hacer lo que sea necesario hacer.
Entro por la amplia puerta escoltado por dos compañeros que traían su equipo de combate puesto, no había expresión alguna en sus rostros
-hay un enfrentamiento por la madero- exclamo sin decirnos más, sin preámbulo alguno. Como rayó que cae sin tempestad nos vimos sorprendidos – necesitan refuerzos-
No era necesaria otra palabra, sabíamos lo que teníamos que hacer. Rápidamente nos lanzamos a nuestros equipos. Sin pena ni gloria el uniforme de física fue reemplazado por el pixelado verde; las botas bien abrochadas, el chaleco totalmente fijado, las fornituras en su lugar, el pasamontañas listo, el casco sobre la cabeza y por supuesto, el G3 que se alzaba orgulloso en mis manos que temblaban en una serie de emociones que eran la fusión del miedo y la adrenalina. Esta era la primera vez que me tendría que dirigir a un combate, tenía miedo y determinación, había entrenado para esto arduamente pero aun así yo conocía la realidad, cualquier combate podía ser también el último, después de todo, ya uno de mis compañeros se había ido para no volver.
Salimos de los dormitorios y ya la camioneta nos esperaba. Nuestro artillero corto cartucho en la ametralladora montada sobre la cabina del vehículo. Abordamos uno a uno, nos sentamos y echamos una última revisada a nuestro equipo
-¡todo en orden!- grite desde mi lugar haciéndole saber al chofer que estábamos listos. Y así, como un jinete que le ordena a su fiel corcel que arranque, el vehículo inició su marcha hasta la salida.
Un compañero en la guardia alzó la barrera dándonos el paso. Yo lo observe y el a mí, y aunque nuestras miradas solo se cruzaron por un instante, yo sé que él dijo algo, pues vi sus labios moverse, mas no escuche una sola palabra salir de ellos.
Salimos del batallón con las luces encendidas, la noche amenazaba con caer pronto sobre nosotros. Yo observaba al frente mientras empuñaba mi rifle, listo para accionarlo en cualquier momento. El chofer se habría paso hábilmente, algunos automovilistas se hacían a un lado cediéndonos el paso, otros se hacían los sordos, no escuchaban o fingían no hacerlo pues simplemente no se apartaban, se quedaban ahí circulando despacio, bloqueando el camino, haciéndonos perder el ritmo y el tiempo, solo retrasándonos unos segundos, segundos que tal vez le habían ya costado la vida a un civil inocente o a un compañero.
La camioneta se abrió paso al lado de un camión urbano y al pasar a su lado pude ver los rostros de sus ocupantes, que vacíos y despreocupados iban y venían en sus vidas tan distintas a la mía. Algunos llevaban audífonos y ni siquiera notaron nuestra presencia, otros dormían, leían o conversaban, solo unos pocos voltearon a vernos y las expresiones de sus rostros iban desde el desprecio y el miedo hasta la más profunda de las admiraciones.
Nuestro conductor hizo una maniobra para esquivar a un conductor que parecía no encontrar el acelerador de su camioneta ultimo modelo, lo pasamos y voltee a verlo, exclamo algo, una obscenidad, no la escuche pero si la sentí y no me importo, como tampoco yo le importaba a él.
Avanzamos dos cuadras más y de pronto la melodía urbana de los vehículos callo. Detonaciones de armas de fuego se escuchaban a la cercanía
-¡prepárense!- les grite a mis compañeros, su respuesta no fue necesaria.
Nos acercamos más, pasamos al lado de una camioneta de lujo envuelta en llamas con un par de cuerpos en su interior, la zona de combate era aquí y ahora. Las detonaciones se hicieron más fuertes y sonoras, mas continúas, yo podía distinguir a sus autores. Primero, un grupo de estallidos continuos se escuchaba, disparos en automático provenientes de diversas armas. Luego callaban y eran contestados por detonaciones más pausadas, cada una de ella perfectamente dirigidas a un objetivo.
Llegamos por fin a la madero, donde una camioneta de un periódico local tenía impactos de bala y una llanta ponchada y junto a la cual un grupo de reporteros apuntaban sus cámaras y micrófonos sin molestarse demasiado en cubrirse del fuego.
Alce la mirada y vi como a unos cincuenta metros de nosotros dos camionetas blindadas estaban a mitad de la calle, con las puertas abiertas y múltiples impactos en los cristales. Detrás de ellas, un grupo desconocido de sicarios se resguardaban.
Al pie de la puerta del conductor de una de las camionetas se observaba a un hombre muerto, la cabeza destrozada, la sangre chorreando y un ar-15 a su lado junto con un chaleco que no le sirvió de nada, pues ni siquiera alcanzo a ponérselo.
Detrás de los vehículos los sicarios asomaban sus armas, sin apuntar siquiera las accionaban haciendo caer en nuestra dirección un torrente de balas que iba a parar a todas partes.
Nuestro vehículo se detuvo al lado de otra camioneta del ejército, detrás de la cual un primer pelotón se resguardaba a la espera de que cesara el fuego para poder responderlo.
Cuando la camioneta freno uno de los delincuentes se asomó por completo, exponiéndose. Tomo su arma, coloco la culata contra el abdomen y abrió fuego de forma indiscriminada contra nosotros. Bajamos tan rápido como pudimos. Nuestro comandante descendió también, enfundo su mp5, centro al criminal en la mira y en cuestión de un segundo halo del gatillo. Una ráfaga de balas cortó el aire rumbo al criminal impactándolo en la pierna, pecho, brazo derecho, cuello y finalmente en la frente. Su vida se cegó aun antes de que su cuerpo, fuera de forma, tocara el suelo.
Nuestro comandante no hizo exclamación alguna acercas de aquel individuo que ahora yacía sobre el pavimento, y cuyos, por así decirlo, compañeros, ni siquiera se molestarían en recoger.
El comandante se dio la vuelta y fue hacia nosotros, su rostro cubierto no era suficiente para ocultar la determinación que se había forjado en su espíritu luego de tantos años de entrenamiento y combate.
-¡haber cabrones!- nos grito mientras venia a nosotros, luego se agachó, los malandros volvieron a abrir fuego contra nosotros de forma indiscriminada, lo hicieron por largos segundos y solo se detuvieron cuando los cargadores de sus armas se hubieron vaciado, dejando ya en el aire un profundo olor a pólvora.
Cuando los disparos cesaron el comandante retomo su palabra, esta vez también se dirigió al primer pelotón, aquel que en labores de vigilancia rutinarias había sido sorprendido por tres camionetas de individuos cuyo armamento desconocíamos.
-quiero que un pelotón se quede aquí y que el granadero del otro pelotón también los acompañe, mientras tanto, los otros ocho nos dividiremos en dos grupos, cuatro por los techos de la izquierda y otros cuatro por los de la derecha, avanzara un grupo a la vez siendo cubierto por el fuego del otro, los artilleros quédense aquí y ofrezcan fuego de cobertura extra, no disparen si no se asoman- señalo entonces los dos granaderos de fusil presentes – ustedes preparen los lanzagranadas, cuando lleguemos lo mas cercas que se pueda a su posición les diremos que dejen las armas y se entreguen, si su respuesta son balazos nosotros les contestaremos con granadas de cuarenta milímetros, ¿alguna duda?-
-¡ninguna!-
Respondimos enérgicamente, todos asintieron y se prepararon para ejecutar las órdenes.
Apenas asomamos nuestras cabezas nos damos cuenta de que ya los malandros habían salido de su cobertura detrás de aquellas camionetas blindadas. Se dirigían a nosotros separados y sin cobertura, unos llevaban chaleco antibalas y otros solo se cubrían con unas empíricas fornituras. Avanzaban apuntando algunos y otros más solamente llevando sus armas a la altura de la cintura. Cuando nos asomamos ellos abrieron fuego y nosotros hicimos lo mismo, solo que el factor entrenamiento jugo a nuestro favor, pues mientras ellos disparaban siguiendo la trayectoria de sus ráfagas, nosotros primero los centramos en la mira y después disparamos. Proceso inverso al suyo y que sin embargo demostró dar más resultados, pues al cabo de unos segundos todos habían caído y solo uno se mantenía aun en pie. Ese uno estaba justo frente a mí, a la puerta de una casa que hasta ese momento había permanecido cerrada. Su cabeza al centro de mis miras de hierro, ya no hubo más, ni dudas ni miramientos, ellos abrieron fuego primero y ahora nosotros les respondíamos.
Y así, tan pronto como mi cerebro envió la orden a mi dedo índice, este accionó el gatillo de mí G3, acto seguido tres detonaciones se hicieron presentes, tres impactos de la culata contra mi hombro, tres veces que la mira saltó ligeramente hacia arriba empujada por el potente retroceso, tres casquillos percutidos expulsados uno a uno por la recamara que inmediatamente volvía a poner otro en su lugar, listo para ser accionado. Y así, tres balas cortaron el aire, y aunque el alcanzo a abrir fuego con su ak, sus proyectiles se perdieron contra el firmamento antes de que mi ráfaga le impactase en el rostro destrozándoselo, convirtiéndolo en una maraña de masa encefálica, huesos molidos y dientes fuera de lugar.
Lo siguiente que recuerdo es ver a una de las camionetas arrancar, luego un sonido distinto a cualquier detonación se hizo presente y una granada del cuarenta surco el cielo, alcanzo el lado del conductor de la camioneta en fuga y la hizo volar quedando con las llantas hacia arriba y el fuego envolviéndola, luego supe que el jefe de aquella banda junto con sus dos más fieles escoltas habían intentado darse a la fuga, dejando a su suerte a los demás.
Aun recuerdo como corrimos hacia la camioneta en llamas, solo para verificar que sus ocupantes estuviesen muertos.
Luego un reportero se nos acerco, y mientras el camarógrafo llenaba sus cintas con el morbo de los cadáveres quemados el primero nos señalaba la casa en cuya puerta yo había dado muerte a algo que ya no se podía llamar hombre, ni siquiera humano.
-se quisieron meter ahí- nos señalo y fuimos a aquella casa que no resulto ser otra cosa más que su guarida, lugar donde, además de armas, drogas y dinero, encontramos a una familia amordazada, una familia cuyo padre al ser desatado se fue directo a sus dos pequeñas hijas a las cuales abrazo y beso como si no las hubiese visto hacia años.
-nos iba a matar- dijo el padre entre sollozos, refiriéndose a aquel hombre que había muerto en la puerta – su jefe le dijo que nos matara y que se pelara-
Ya no hubo más palabras y nosotros los dejamos seguir expresándose su cariño, tenían derecho de amarse ahora, pues bien dicen, que nadie valora más su vida que aquel que esta a punto de perderla.
-¿teniente?- irrumpió de pronto la voz de aquel elemento del servicio en mis memorias, y yo volví a la realidad, sin darme cuenta, me había perdido en mis recuerdos
-ser militar es como ser jardinero, por que se siente bien cortar la hierba mala, sin importar cuantas espinas te claves, solo por qué sabes que al hacerlo le permitirás a las rosas florecer, y así, un día, este campo de mala hierba se convertirá en un bello campo de rosas-
La radio crepitó entonces, una voz sonó
-enfrentamiento en la Emiliano Zapata, necesitamos refuerzos-
Asentí y contemple entonces a aquel elemento
-me voy a cortar la mala hierba- le dije- esas rosas tienen que florecer-
Y él asintió también, y por fin comprendió lo que le había dicho al principio
-algún día yo también seré jardinero- me dijo mientras yo partía a toda prisa para donde sabía que me necesitaban – solo espero que ese día ya no tenga que cortar mala hierba, si no solo sentarme a regar las rosas para verlas florecer.
Y yo calle, no le respondí y algo dentro de mí sonrió, pues después de todo, yo también estoy esperando ese día.

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theblackhawk
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Re: proyecto literario: En Honor a los heroes

Mensaje por theblackhawk el 19/3/2013, 9:47 pm

hermano esta historia es genial, siga asi... honor a quien honor merece Firmes Viva!
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Shirok
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Re: proyecto literario: En Honor a los heroes

Mensaje por Shirok el 22/3/2013, 4:12 pm

Felicidades compañero! buen trabajo.

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Re: proyecto literario: En Honor a los heroes

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