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Guy Gabaldón, el flautista de Saipán

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Hatun Tópac
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Guy Gabaldón, el flautista de Saipán

Mensaje por Hatun Tópac el 9/12/2012, 1:55 pm

Guy Gabaldón, el flautista de Saipán.

Guy Gabaldón nació en 1926, hijo huérfano de padres mexicanos. Se convertiría en otra de las personas que durante la Segunda Guerra Mundial resaltaron por su valor, entrega y astucia.

Guy se crió en un barrio del este de Los Ángeles, era un niño de la calle. Para sobrevivir debía realizar trabajos eventuales, así a los 10 años limpiaba zapatos para comer, en las noches dormía en el mejor lugar que podía conseguir en las calles.

A los 12 años fue adoptado por una familia de inmigrantes japoneses de California. Hasta ese momento la vida de Gabaldón fue muy dura, pero finalmente pudo aprender lo que significaba el amor de una familia, y así se educó y creció. Sus padres le enseñaron a hablar japonés, el destino se comenzaba a dibujar en su vida.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial su familia fue enviada a un campo de reasentamiento en Arizona, por ser considerados “enemigos extranjeros”, algo lamentable que ocurrió con todos los descendientes de japoneses en EEUU.

Guy fue a Alaska a trabajar en una fábrica, y el 22 de marzo de 1943 se unió al Cuerpo de Marines. Luego de recibir un entrenamiento básico fue asignado a la Segunda División de Marines.

En Junio de 1944, Estados Unidos lanzaba la invasión de las Islas Marianas, particularmente Saipán. La Segunda División desembarcaba en la isla, allí se encontraba Guy.

Los japoneses luchaban a muerte: su código de honor les impedía caer prisioneros. El ejército además había manipulado a la población civil de la isla, haciéndole creer que era preferible morir antes que ser capturado por los americanos, quienes eran unos bárbaros que “asarían y comerían a los niños”.

En su ignorancia cientos de civiles, campesinos y pescadores, se lanzaban desde los riscos de las islas al ver que se aproximaba el enemigo. El propio Guy fue testigo de escenas horrorosas, como lo recuerda:

“…Fue triste ver a los niños luchando con sus padres, pidiendo no ser tirados por los acantilados, “por favor, padre, no me mates. No quiero morir!”, suplicaban.
Ellos pensaban que asarían y comerían a sus hijos…”

Durante una patrulla, Guy junto con un compañero se encontraron ante un suicidio en masa:

“…Hurley, mira a toda esa gente que se alinea en el borde del acantilado! Están saltando. Mi Dios! Tenemos que detenerlos. Vamos!
El grupo se encontraba a unos 200 metros de distancia de nosotros. Yo les gritaba mientras corríamos. Les pedía que dejen de matar a sus hijos, pero a medida que nos acercábamos a ellos, más eran los que saltaban. Así que le dije a mi compañero: Hurley, detente, si nos acercamos más todos van a saltar, voy a tratar de hablar con ellos.
Cuando nos detuvimos ya habían lanzado a cuatro niños. Los demás pedían a sus padres que no los mataran. Parece ser que los pequeños tenían más fe en nosotros que en sus padres.
Contamos alrededor de 50 personas en el grupo. Uno que parecía ser el líder gritaba a los demás, no podía entender lo que estaba diciendo, pero resultaba obvio que los incitaba a no rendirse. La gente miraba hacia abajo y veía a sus amigos gimiendo. En ese momento, uno toma un bebé y lo lanza. Eso parece haber sido una señal, porque todos comenzaron a saltar. En unos minutos todo terminó. Todos se encontraban debajo, muertos o moribundos…”



“Antes de salir de Saipán. Shimabukuro, un japonés que había conocido en la isla, me invitó a ver a una mujer a la cual yo había salvado de que salte por un precipicio. Me dijo: recuerdas a aquella mujer a la que agarraste luego de que había lanzado a su bebé a las rocas? Las personas cuentan que ella gritó y luchó pero tu no la soltaste. Bueno, ella se volvió loca unos días después de que fue traída al campo. Cuando se dio cuenta que había matado a su hijo innecesariamente (que los americanos no iban a asar y comer a los niños) se convirtió en hidari-maki (perdida de razón). Ven que te llevaré a ella.
Y ahí la vi, sentada, inmóvil, mirando al frente. Dios mío, que espectáculo patético, hubiera dejado que acompañara a su hijo ese día en los acantilados.”

Guy estaba acostumbrado a trabajar solo, y así una noche se lanzó en su propia expedición por territorio enemigo. Se encontró con tres soldados nipones heridos, estaban escondidos entre unos cadáveres: Levanten las manos! les gritó en perfecto japonés, uno de ellos intentó disparar pero fue acribillado por Gabaldón. Los otros dos aceptaron rendirse.

Cuando volvió a su campamento con los prisioneros no fue muy bien recibido, el capitán Schwabe fue claro: está prohibido andar haciendo incursiones solitarias, si desobedece órdenes, serás arrestado y enjuiciado.

Pero Guy no hizo caso, continúo saliendo solo. A la noche siguiente volvió con 12 prisioneros más. Ya había capturado más prisioneros de lo que se había logrado en toda la campaña hasta el momento.

La noche siguiente nuevamente se lanzó en una incursión. Fuera de una cueva observó a dos guardias, inmediatamente los abatió. Se ubicó de un lado, fuera del refugio y comenzó a gritar en japonés: “Están rodeados! No tienen más remedio que rendirse! Salgan, no morirán! Les aseguro que serán bien tratados. No quiero matarlos!”.

Y así a la mañana siguiente regreso con 50 prisioneros. Como resultado, a Guy se le permitió actuar como “lobo solitario”, podía hacer lo que quisiera, cuando quisiera.

Como lograba convencer a los japoneses? Simplemente hablando, y hablando y hablando, pero en japonés. Algo que ningún soldado americano podía lograr. Además, Guy contaba con una ventaja extra: conocía la cultura nipona, sabía como tratarlos. Todas las noches salía y buscaba campamentos enemigos en la selva. Disparaba a los guardias y comenzaba a convencer a los demás a gritos que se rindieran.

El 7 de julio de 1944, Gabaldón pasó la noche cerca de unos acantilados al norte de Saipán, allí escuchó a miles de soldados y civiles japoneses bebiendo sake y preparándose para una carga banzai, esa sería la mayor de la campaña. El ataque no tuvo éxito, y los soldados supervivientes volvieron a sus posiciones de partida. En la jornada siguiente llegaría “el día de los 800”.
En la mañana del 8 de julio de 1944, Guy tomó dos prisioneros en la parte superior de unos acantilados, se trataba de supervivientes de la carga banzai que se había lanzado en la noche:

“Hablé con ellos en profundidad tratando de convencerlos de que seguir luchando equivaldría una muerte segura para ellos. Les dije que teníamos rodeada la isla, con artillería, barcos y lanzallamas. ¿Para que morir, cuando tienen la oportunidad de rendirse en condiciones honorables?”

La gran tarea era convencerlos de que no se los iba a torturar y matar, que serían bien tratados y regresarían a Japón una vez terminada la guerra. Su código Bushido llamaba a la muerte antes que rendirse, y si se entregaban serían considerados unos cobardes. Esto era un hueso duro de roer.



Por fin habló uno de los soldados japoneses, quería volver a la parte inferior de los acantilados y convencer a sus compañeros:

“Tengo que hablar con mi superior, hay más soldados en aquella cueva”

Guy accedió, mientras el permanecería con el otro japonés en el lugar. Minutos después regresó con varios oficiales japoneses y sus escoltas, cada uno con un rifle. Esta vez no les podía decir que estaban rodeados, no les podía decir que abandonaran las armas. Guy tenía que mantener la calma, o su cabeza rodaría. El comandante del grupo le dijo:


Tú eres el americano que nos ofrece trato honorable si nos rendimos?”



Gabaldón recuerda:

“Les dije que por favor se sentaran. Tenía que hacerles sentir que tenía todo bajo control. Fue la primera vez en que pensé que era demasiado joven como para demostrar autoridad, pero ¿Qué otra cosa podía hacer? Les ofrecí unos cigarrillos. Y continúe: Compañeros de armas, estoy aquí para traer un mensaje del General Holland Smith, comandante a cargo de la operación de las Marianas. El General admira su valor, y me ha ordenado que les ofrezca un refugio seguro a todos los sobrevivientes de su intrépido ataque de ayer. Esa valiente y gloriosa acción militar pasará a la historia. El General les asegura que serán llevados a Hawai donde hay hospitales para atender a los heridos, y se mantendrán allí hasta el final de la guerra. La palabra del General es honorable. Es su deseo que no haya más derramamiento de sangre en vano.”

“El oficial me preguntó si teníamos un hospital equipado, les respondí que así era y le pregunté se tenía muchos heridos. La mirada del japonés se fijó en unos navíos que se encontraban a varios cientos de pies de los acantilados. Él tenía que saber que resistir era la muerte segura para todos, yo incluido. Sabía que este hombre no quería morir, o lo habría hecho en la noche del ataque Banzai. Finalmente se decidió y exlamó: Así sea, puedo ser tu prisionero!”


El oficial regresa a la cueva, y en menos de una hora regresa con 50 soldados más.

“Mi corazón está en mi garganta. Esta es la primera vez en la campaña que no tengo ventaja sobre el enemigo. Todos ellos se sientan frente a mí. No parecen hombres derrotados, se sienten orgullosos. Lo mejor para mí es demostrar confianza. El japonés me dice que hay cientos de soldados abajo, algunos heridos, y algunos civiles. Quiere la medicina para los heridos. Todavía no confía en mí. Yo le muestro un poco de sulfa y les digo que hay más medicamentos en el puesto de mando. El oficial renueva su pedido de agua y medicinas, mi respuesta es que tenga paciencia, y le doy mi palabra de que una vez que salga toda su gente, nos pondremos en contacto con mis tropas.
Entonces comienzan a salir de la cueva. La fila parece interminable. Dios mío, ¿cuántos hay?”

Al salir todos miran y buscan a algún oficial. Pensaban que se encontrarían con cientos de soldados estadounidenses en el lugar. Guy comienza a dar órdenes, tienen que separar a los civiles de los militares, y agrupar a los heridos en un área. Algunos de los japoneses, lo más jóvenes, quieren seguir luchando. Pero la mayoría no piensa lo mismo.
Guy necesita ayuda de inmediato, o tendrán que luchar contra este grupo, lo que terminaría con cientos de muertos de cada lado.

La situación se vuelve un poco inestable. Los japoneses comienzan a ponerse nerviosos. Quieran comida, agua y asistencia médica. Si no se les da algo es seguro que matarán a Guy y volverán a su cueva.

De repente, a unos cientos de metros, en una colina, un grupo de marines han visto el espectáculo. Parecen confundidos por la escena. Otros soldados infantes se acercan corriendo hacia donde estaba Guy. Cuando llegan se les cae la quijada de la sorpresa: el muchachito chicano rodeado de cientos de tropas japonesas armadas. El total de prisioneros de ese día: 800. Gabaldón les dice que lleven a los heridos graves a la enfermería y que traigan ayuda de inmediato, o estos chicos se revelarán.



“Yo estaba tan malditamente ocupado tratando de conseguir una apariencia de orden, que no recuerdo cuánto tiempo tomó en que llegue la ayuda, pero recuerdo que cientos de marines llegaron al lugar.”

Luego de este fantástico día, Gabaldón siguió con su tarea de capturar prisioneros, salvando vidas, hasta que un día fue herido por una ametralladora en una emboscada.

Ningún soldado estadounidense, ni antes ni después, en toda la historia de Estados Unidos ha logrado capturar a tantos soldados enemigos como Gabaldón: en total 1.500 entre civiles y militares, todos durante la campaña en Saipán.

Después de la guerra, el propio capitán Schwabe envió una recomendación al gobierno de Estados Unidos para que le dieran a Guy la Medalla de Honor del Congreso. No se la dieron, pero en cambio recibió la Cruz de la Marina.

La leyenda de Guy Gabaldón fue incluso llevada al cine, en una película filmada en 1960, titulada “From hell to eternity” (Del infierno a la eternidad). Años después, las hazañas de Guy seguían siendo contadas por los marines y soldados americanos. Lo conocieron como “El flautista de Saipán”.

Cuarenta años después Gabaldón volvió a Saipán. En los ochenta volvió a la isla y se horrorizó al ver la criminalidad que prevalecía. Encabezó un movimiento para instaurar programas de recreación al aire libre para la juventud de Saipán, por lo que los habitantes de la isla lo recuerdan con mucho cariño.

El 31 de agosto, Guy falleció de una enfermedad cardíaca, en Florida. Fue enterrado con honores militares en el Cementerio Nacional de Arlington. Todavía se sigue solicitando que se le sea concedida la Medalla de Honor.
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Re: Guy Gabaldón, el flautista de Saipán

Mensaje por Hatun Tópac el 10/12/2012, 10:05 am

Pedro Limón, un comerciante retirado de San Clemente, nunca ha conocido al héroe de la Segunda Guerra Mundial, Guy Louis Gabaldon, pero se siente como si lo conociera... al punto que Limón ha tomado una misión personal de ver que Gabaldon reciba el reconocimiento que merece.

Limón y otros compañeros en la comunidad Latina quieren que Gabaldon sea reconocido con la Medalla de Honor del Congreso por los explosivos que le hicieron ganar el premio de la Cruz Naval y fue representado en la película “Hell to Eternity”. “Siento que Gabaldon debió haber sido premiado con la Medalla de Honor pero pienso que fue ignorado por su descendencia mejicana”-expresó Limón.

Limón de 74 años de edad y Gabaldon de 77 años tienen mucho en común. Ambos son latinos, nativos del sur de California. Ambos vivieron el combate de la Guerra; Limón es un sobreviviente de Pearl Harbor. Ambos se convirtieron en comerciantes exitosos: Limón, un hotelero y Gabaldon, un comerciante de alimentos marinos.

Limón expresa sentirse fascinado por la historia de Gabaldon durante décadas, de quien sus hazañas heroicas han fascinado a veteranos Méjico-americanos así como las de Audie Murphy, el soldado más condecorado de la Segunda Guerra Mundial. “Decidí dedicarme a este proyecto porque soy un sobreviviente de Pearl Harbor y yo tuve un odio tremendo a los japoneses; luego escuché acerca de Gabaldon y me ablandé” –dice Limón.

Gabaldon, quien sirvió en el Pacífico Oeste fue reconocido por haber capturado cientos de prisioneros de guerra japoneses, mayormente por persuasión.



Guy Louis Gabaldon – 1942

Su dedicatoria de la Cruz Naval lee: Por su trabajo en el frente enemigo, entró valientemente por las cuevas, edificios y la jungla, frecuentemente en cara a fuego hostil del enemigo y resultó exitoso no solo en obtener información vital sino en capturar a más de miles de ciudadanos y tropas.” El arma más eficiente de Gabaldon fue su conocimiento del idioma japonés, el cual aprendió cuando era niño en el este de Los Angeles.

Fue el primero de siete hermanos y creció en una pequeña casa. Gabaldon pasó mucho tiempo en las calles donde fue amigo de dos hermanos japoneses. Fascinado por sus costumbres, este comenzó a pasar más tiempo en su hogar y eventualmente se mudó con ellos. Vivió con su familia adoptiva por 6 años, aprendió el idioma y sus tradiciones, hasta que la Guerra comenzó en 1941 y fueron enviados a un campo intermitente.

Gabaldon, que para ese entonces tenía 17 años se enlistó en la Marina. Fue enviado a pelear en la guerra en Saipan, una de las islas Marianas (uno de los escenarios donde más intensa fue la batalla) y es donde actualmente vive luego haber hecho negocios en California y Méjico durante años.

Hablando por teléfono con él desde Saipan la semana pasada, Gabaldon comenzó a relatar su experiencia de guerra: en su primer día de guerra este mató a 33 soldados japoneses, pero luego se llenó de remordimiento. Entonces comenzó a irsesolo y hablando el japonés que había aprendido con su familia persuadió a los soldados japoneses a rendirse diciéndoles que serían tratados bien, se les daría comida, agua y servicios médicos. Él capturaba seis soldados a punto de pistola, pero dejaba ir a tres de ellos diciéndoles que regaran la voz acerca del trato justo que se les daba a los prisioneros de guerra.

Este les dejaba ir y les decía que si no regresaban le volaría los sesos a los tres que se habían quedado. Esto era un riesgo, pero funcionó. De este modo logró capturar 800 prisioneros en un solo día. Gabaldon guarda un poco de resentimiento hacia la decisión de la Marina de otorgarle la Medalla de Plata en lugar de la Medalla de Honor, aún cuando luego de que la película “Hell to Eternity” provocara que muchas cartas fuesen escritas acerca de su valiente labor y su condecoración fue ascendida a la Cruz Naval.

Gabaldon comenta que no desea el premio porque es un latino, pero entiende que se le debe una explicación debido a su récord militar. Este afirma haber capturado más prisioneros que el Sargento Alvin York, quien recibió la Medalla de Honor después de que mató a 25 soldados alemanes y capturó a 132 en Francia en el año 1918. “Ningún méjico-americano ha sido premiado con la Medalla de Honor” en ninguna de las guerras.

“Creo que fue un discrimen por el Cuerpo de la Marina”.

Desde entonces, 37 latinos han recibido la Medalla de Honor por su valentía en el combate en todas las ramas del servicio militar, pero Gabaldon a pesar de ser nominado en 1944, todavía espera por ser escogido. Limón dice que esto es una injusticia especialmente porque Gabaldon usó la voluntad en lugar de las armas para capturar a sus prisioneros.

“Él usó su propio idioma y no los privó de su vida, no los mató”- dice Limón-“En el proceso, él salvó la vida de los japoneses pero a su vez probablemente salvó muchos soldados americanos que pudieron habérseles enfrentado en la batalla.”

Nota del Editor:

Incluí esta historia porque enseña que aún en circunstancias extremas, el poder de la comunicación puede transformar una situación. Esta es una historia compleja por muchas razones, una es que Gabaldon usó el engaño, la coerción, la compasión y la verdad ¡todas a la vez! No recomiendo que nadie mienta ni amenace a otros con el daño, pero no estoy en una zona de guerra, y como la guerra siempre incluye el engaño, Gabaldon pudo haber usado ese engaño para matarlos si esa hubiese sido su intención.

Mi sentir acerca de esta historia es que por haber vivido en una familia japonesa, Gabaldon no solamente aprendió a hablar su idioma sino también aprendió a apreciar y querer a los japoneses (su familia adoptiva) como personas reales. Esto le hizo arriesgar su propia vida para salvar la vida de los japoneses (que probablemente eran vistos por los otros americanos como “el enemigo”).

¿Por qué los soldados japoneses le creyeron?

Su verdadera preocupación por ellos pudo haber sido expresada en el comportamiento de Gabaldon por simplemente ir a hablar con ellos, por su tono de voz, lo cual entiendo debió haber sido algo difícil de disimular y algo difícil de hacer.

Una lección que puedo obtener de esta historia es que el hacer la paz demanda más destrezas y esfuerzo mental que hacer la guerra. Otra lección es que muchas más cosas son posibles de las que creemos. ¿Qué lección te llevas de esta historia?

    Fecha y hora actual: 23/10/2017, 6:34 am