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Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

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Xicoténcatl
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Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Mensaje por Xicoténcatl el 20/9/2012, 10:20 pm

Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Luis Ignacio Sánchez Rojas

IIH-UMSNH

Durante buena parte del siglo XIX, el ejército mexicano sufrió una serie de carencias que nose resolvieron y que, incluso, enraizaron en la institución militar con el paso de los años. Estos problemas fueron heredados por el dilatado régimen de Porfirio Díaz el cual, en lugar detratar de resolver dichas dificultades, pareció tratar de acentuarlas.

Los motivos para tales acciones sobraban: en primer lugar, el ejército había jugado un importante papel como rector de los destinos políticos de México desde su emancipación de España, lo que hizo suponer al presidente Díaz que, si el ejército continuaba fortalecido, podría ser autor de algún golpe de estado que lo derrocara del poder. En segundo lugar, su número de efectivos, que probablemente rebasó los 100 mil hombres al momento de la expulsión de los franceses en 1867, y que nuevamente se elevó con motivo de las luchas durante la Revolución de Tuxtepec, resultó una pesada carga para el tesoro nacional, exhausto a causa de las numerosas erogaciones que, para el sostenimientode la milicia, se habían estado haciendo, lo que afectó a otras ramas de la administración pública que merecían una atención prioritaria, tales como la de Fomento, Hacienda, Gobernación, etc., cuyo fortalecimiento era indispensable para reactivar y desarrollar, después de la guerra, los diversos sectores económicos del país, como la agricultura, el comercio y la industria, paralizados hasta entonces por la inestabilidad reinante en la nación. En tercer lugar, los numerosos caudillos y jefes militares regados por todo el país supusieron un serio obstáculo para una centralización efectiva del poder, un ingrediente indispensable si se quería la pacificación del país y su desarrollo económico, así como la atracción de inversiones extranjeras.

Ante el panorama anterior, es fácil darnos cuenta del por qué don Porfirio vio en el ejército un peligro más que un instrumento fácilmente controlable, por lo que decidió debilitarle. Así, se desmovilizó a una buena cantidad de efectivos y cuerpos armados que habían participado en la Revolución de Tuxtepec para encumbrarlo al poder, dejando al ejército con unos 25 mil hombres, cifra que varió poco durante todo el régimen porfiriano.

Con esta reducción, además de debilitar al ejército numéricamente, también se lograba otro objetivo: el ahorro de dinero. Con una milicia poco numerosa, el erario nacional tendría que erogar menos recursos para su manutención, lo que significaría, a su vez, una mayor cantidad de dinero para los otros ramos de la administración que necesitaban ser fortalecidos para lograr un desarrollo económico: Fomento y Hacienda.

Con la cuestión de los caudillos y jefes militares que podían desafiar la autoridad de Díaz, éste llevó a cabo lo que Bulnes definió como la “nulificación de los próceres bélicos”, que no consistió más que en una serie de medidas políticas tomadas por Porfirio Díaz para que los caudillos regionales perdieran el mando de sus ejércitos, a cambio de una gubernatura y la posibilidad de enriquecerse. De esta manera, al terminar el periodo de la gubernatura,el caudillo quedaba sin fuerzas que mandar, “quedando sin más cargo que el de general en cuartel, de un cuartel que no existía, o de divisionario sin división, encargado de estudiar la influencia del clima ruso en la caballería mexicana, por si algún día fuera necesario despacharla a Siberia”.

Además de lo anterior, y a pesar de no estar sancionada por la ley, se permitió, durante todo el periodo porfiriano, la “odiosa” práctica de la leva, es decir, la consignación forzosa de individuos al ejército, lo que provocó que los cuarteles de la milicia nacional se encontrara llena de hombres con una escasa o nula moral de combate, con una capacitación técnica mínima, y con un muy exacerbado deseo por escapar, lo que redundó en un índice de deserción muy alto.

Lo anterior, obviamente, hizo que los elementos combatientes del ejército seencontraran bastante alejados de una mínima eficacia.

La situación del ejército ya descrita se mantuvo durante toda la administración Porfirista hasta el año de 1900, cuando el entonces Ministro de la Guerra, el general Felipe Berriozábal murió, dejando el cargo vacante.

Ante tal circunstancia, el general Bernardo Reyes fue elegido para ocupar tan alto puesto y, dados sus conocimientos de la milicia nacional, así como su preocupación por el mejoramiento y dignificación del ejército, fue que vio la oportunidad de llevar a cabo algunas de sus ideas, ya expresadas en sus Conversaciones militares, publicadas originalmente en 1879, y en su Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, publicado en 1885.

En dichos textos, el general Reyes se ocupó de los diversos problemas que el ejércitovenía sufriendo desde que el país se había emancipado de la Corona Española, y que habían persistido hasta sus días. Hizo hincapié en el escaso espíritu de cuerpo, la deserción y la mala organización que había sido la regla y no la excepción al interior de la vida militar, pero en loque puso especial énfasis fue en los graves problemas de la leva y la escasa educación de losreclutas, que él creía habían permeado la vida militar profundamente y que, por lo mismo, necesitaban ser corregidos.Fue así como, cuando ocupó la titularidad de la Secretaría de Guerra el 25 de enero de1900, Bernardo Reyes se avocó por el mejoramiento y dignicación del ejército, así como poruna mejor administración y una mayor economía, persiguiendo con rmeza los despilfarros y los robos, inspirado siempre por el bien del ejército.

Entre las primeras acciones que el nuevo y enérgico ministro de la guerra llevó a cabo,
fue la de mejorar y expandir el número de escuelas de tropa, las que habían sido instauradas en 1898 por su antecesor, el general Felipe Berriozabal,pero a las que escasa atención se leshabía hecho. Esta acción obedeció a que el general Reyes estuvo siempre convencido de quela instrucción de los elementos del ejército era una de las armas más eficaces para imbuir,especialmente en la tropa, los sentimientos del deber, patriotismo y abnegación que, segúnél, debía de tener todo soldado, sin mencionar que de esta manera se elevaría la moral y el sentimiento de cuerpo se fortalecería.

Otra cuestión importante fue la de los sueldos, en especial la de los soldados, la clasemás sufrida de la milicia nacional. Reyes trató de mejorar la situación de esta parte delejército al aumentar sus haberes,con lo que buscaba incentivar el reclutamiento y hacer disminuir la tasa de deserción.

Además de la mejora en los sueldos, el ministro de guerra se dio cuenta de que algunos individuos de tropa se “distinguían en el cumplimiento de sus deberes, así como por su
aplicación y espíritu militar”, por lo que se dispuso que dichos elementos pudieran ser promovidos a cabos o sargentos, lo que implicaba un gran avance en su condición militar.

Esto sirvió, nuevamente, como un estimulo para fustigar a los soldados a que se preparasen parahacerse acreedores a estos reconocimientos y, por supuesto, para evitar que desertaran.

De igual manera, se dotó de mejor armamento al ejército y se invirtió en investigaciones por mejorar los instrumentos bélicos existentes, como el cañón Saint Chamond-Mondragón y la carabina Mondragón.

Durante este periodo, varias casas fabricantes de armassurtieron a México,en especial la casa Krupp, de origen alemán, y la Saint Chamond, de ori-gen francés. Sin mencionar los contratos hechos con diversos astilleros tanto estadounidenses como italianos, para la construcción de buques de guerra.

Lo anterior permitió al ejército estar dotado de mejores herramientas y mejorar su adiestramiento en armas más modernas, de las que México carecía hasta entonces.

No obstante lo anterior, la reforma más importante fue la de la Segunda Reserva, cuyo
propósito era sencillo: crear un cuerpo de voluntarios quienes reunieran ciertos requisitosde instrucción, como los profesionistas o aquellos que ejercieran algún ocio que hubiese exigido cierta educación, tales como artesanos, estudiantes, profesionistas, burócratas y hacendados, es decir, se buscaba reunir e instruir a la naciente clase media mexicana, cuyosmiembros, al ser aceptados en la Segunda Reserva, recibirían el grado de subteniente y, silo deseaban, podrían enrolarse de manera permanente en el ejército federal con tan sólo unligero aumento en el conocimiento de ciertas materias. Se reunirían sólo un día por semana(los domingos) a recibir instrucción militar, no serian llamados al servicio activo más que enel caso de guerra extranjera, es decir, que no podrían ser llamados para combatir contra losindios mayas o yaquis, ni contra gavillas de salteadores. Tendrían ciertas prerrogativas, talescomo vestir uniforme y —esto es importante—, no aparecer en las listas de reclutas que tendrían que ser enviados a servir en el ejército.El objeto de esta Segunda Reserva era la capacitación de oficiales que pudieran mandar con éxito a un ejército de más de 70 mil hombres que, en el caso de guerra extranjera,tendría que levantarse de manera inmediata. En este sentido y por las características mencionadas de los reservistas, podría considerarse a esta institución como formada por una éliteposeedora de cierta educación y deseosa de una mejora en la escala socio-económica.De esta manera, el proyecto de creación de la Segunda Reserva fue presentado como un estudio al Congreso y aprobado, con el apoyo de Porrio Díaz, el 31 de octubre de 1900.

Un mes más tarde, el 27 de noviembre, se expidió la circular número 284, que regulaba los uniformes que habrían de vestir los ociales reservistas, de acuerdo al arma al que pertenecieran (infantería o caballería).

No fue sino hasta inicios de 1901, el 5 de febrero, que con la circular número 290 se procedió a poner en conocimiento de las autoridades militares y políticas correspondientes, el contenido del artículo 236 de la Ley Orgánica del Ejército Federal, que expresaba lascondiciones necesarias para que un ciudadano pudiese convertirse en ocial reservista, así como sus obligaciones y derechos.

Para ser ocial reservista se precisaba ser mexicano, de 18 a 45 años de edad —aunquelos menores de 21 años tenían que exhibir un permiso escrito de sus padres o tutores—, de mostrar buenas condiciones de salud y presentar un examen sobre un reducido número de materias.

Tras la aprobación, el aspirante quedaría inscrito en calidad de “reservista”, nopudiendo ser llamado al servicio de las armas más que en los casos de “peligro para la Patria” y “guerra extranjera”, a la cual asistiría en calidad de ocial y no como simple soldado, “como tiene la obligación de hacerlo todo ciudadano en semejante caso”.

Entre los beneficios que podrían obtener aquellos que formaran parte de esta Segunda Reserva, se encontraban el del derecho a gozar de las consideraciones y privilegios inherentes a su jerarquía militar en todo tiempo, así como usar un uniforme especial y, si lo deseaban, causar alta en el ejército activo con tan sólo una ligera ampliación de conocimientos respectoal servicio militar. Además, serían juzgados por la ley marcial sólo al encontrarse en servicioactivo. Si portaban el uniforme, debían “conducirse con corrección y ser corteses con los jefes y oficiales de mayor categoría”.

Como puede verse, los atractivos para unirse a la Segunda Reserva eran bastante grandes ya que, aunque no se mencionan sueldos —los que seguramente aplicarían sólo durante el servicio activo—, sí auguraban el inicio de una mejoría en el ámbito socio-económico para cualquier nuevo aspirante que estuviera dispuesto a seguir la carrera de las armas,además del prestigio de ser un ocial y portar un uniforme.

Otro punto debe tenerse en cuenta. A inicios del siglo XX y debido a la política de creación de escuelas y expansión de la educación, así como por la estabilidad que se vivía en el país, un nuevo y deseado sector social había surgido: la clase media. No obstante, este sector se encontró con insuperables dicultades para progresar en los ámbitos políticos y administrativos debido a la férrea cerrazón de dichos círculos, originada por la política centralista del régimen, que basaba la asignación de puestos burocráticos, políticos, etc., en virtud delas relaciones que el individuo aspirante —y su familia— tuviesen con las altas esferas sociales, detentadoras del poder. Por tal motivo, cuando se abrió la posibilidad, con la Segunda Reserva, de escalar puestos en la jerarquía militar, esta emergente clase media se sintió bastante motivada a hacerlo y, como parece haber sucedido, no dudó en llevar a cabo dichatarea.Además, se efectúo un amplio movimiento de propaganda para dar a conocer e invitara los interesados a unirse a la Segunda Reserva, para este efecto, se formó una junta centralen la ciudad de México, cuyo objeto fue impulsar la creación de círculos pro-reservistas en las capitales y municipios de los estados de la República. La junta central estuvo compuesta por Antonio Ramos Pedrueza (quien tuvo, según Niemeyer, la idea original acerca de la Segunda Reserva) como presidente, y a Francisco Martínez López, A. Maldonado, R. Lozano Saldaña,Alonso Rodríguez Miramón y Fidencio Hernández, como miembros de la comisión de propaganda.

Junto con la inauguración de estos círculos, se comenzó a editar el Boletín del Oficial Reservista, publicación “eventual” y gratuita, que fungió como el “órgano del Círculode Propaganda de la Institución de Ociales Reservistas”. Su función era la de recopilar y tener a mano las disposiciones y circulares “emanadas de la Secretaria de Guerra y Marinay referentes a la Institución de la Segunda Reserva”. El precitado boletín se encontraba di-rigido, principalmente, a la “juventud ilustrada del país”, cuyo deber era, según la misma publicación, la de “gurar en la primera línea en el futuro Cuerpo de Ociales Reservistas”.

El primer número se publicó el 28 de abril de 1901 y, entre otras cosas, incluyó las circulares y disposiciones que dieron vida a esta institución, así como ciertas consideraciones sobre suimportancia y reexiones en cuanto a lo benéco de su implantación.

Esta reforma tuvo además una importante virtud: la de ser barata, pues se apeló al bajo costo que la ocialidad reservista habría de tener, y a los sentimientos patrióticos que todo ciudadano de conocida reputación y clase social debía de mostrar, los cuales serviríande ejemplo a sus connacionales.

El éxito de don Bernardo en la gestión de su ministerio fue contundente. José R. del Castillo, un escritor cercano a los acontecimientos dijo que, durante el servicio del general Reyes, “el ejército fue uniformado, alimentado, organizado, disciplinado, instruido y moralizado como tenía que serlo”.

Parte de ese éxito lo debió a la Segunda Reserva, que fuetan bien aceptada por la sociedad mexicana que, para nes de 1902, había 210 unidades de reservistas en toda la República, compuestas de 30,433 hombres recibiendo entrenamiento.Incluso estudiantes menores de edad se sintieron atraídos y solicitaron entrenamiento.

Sin embargo, fue este éxito el que acarreó a Reyes toda una serie de problemas y acusaciones en su contra. El llamado grupo “científico”, al darse cuenta de la amenaza que significaba el poder e inuencia del enérgico Ministro de Guerra, y del uso “incorrecto” que podía dar al ejército y a la Segunda Reserva para elevarlo a la presidencia de la República, decidieron quitarle del camino e iniciaron una dura guerra “sucia” en su contra. Los críticos de la oficialidad reservista decían de ésta que era una “maniobra teatral”, “una organización pretenciosamente ‘creada para preparar al país contra la guerra extranjera, pero que no era más que un arma política’ que habría de ser usada por el general Reyes para elevarse a sí mismo a la primera magistratura del país”. El mismo ministro de Hacienda, José Yves Limantour —quien era considerado el jefe de los “cientícos”—, se refería a la Segunda Reserva “como ‘un ejército puramente reyista’ que en un futuro serviría a don Bernardo para provocar una revolución, siendo, como eran, todos los instructores partidarios deReyes”.

A su vez, el periódico Regeneración dio la voz de alarma a los jóvenes que se habían inscrito como reservistas o que tenían el deseo de hacerlo pues —aseveraba el diario— “corrían el grave peligro de servir de escalón para que el Gral. Reyes pueda llegar al logro de susambiciones políticas”, debido a que, según el mismo diario, el reservismo no era “más que un pretexto para encumbrar al General Reyes a la dignidad de Presidente de la República”. Se trataba pues, según Regeneración, de la creación de un partido —el reyismo— con un plan de acción y un objetivo político bien denidos.

Lo anterior, junto con otro tipo de cuestiones, como su severidad y cierto autoritarismo, además del enfrentamiento con los científicos, resultó en su renuncia como ministro de Guerra en diciembre de 1902. Poco después de la renuncia de Reyes al Ministerio de Guerra, Díaz, mediante un de creto, disolvió la Segunda Reserva y, con ella, la posibilidad de reformar las antiguas y viciosas prácticas por las que se había distinguido no sólo el ejército, sino las fuerzas armadas engeneral, lo que ocasionó que persistieran los abusos, la corrupción y la baja moral en dichoscuerpos, así como la inconformidad y descontento de la sociedad en general que, nalmente,era la que resentía las políticas de manga ancha de las que hacían un constante uso los elementos coactivos del régimen. Así terminó el intento de modernización del ejército mexicano.

Fuentes y referenciasArchivosAERFM Archivo Electrónico Ricardo Flores Magón http://www.archivomagon.net/AGEV Archivo General del Estado de VeracruzAGN Archivo General de la NaciónCD-UANL Colección Digital – Universidad Autónoma de Nuevo León http://cd.dgb.uanl.mx/Diarios

Diario Ocial del Supremo Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos (Ciudad de México)

El Imparcial (Ciudad de México)El Diario del Hogar (Ciudad de México)Regeneración (Ciudad de México)Revistas

Boletín del Ocial Reservista (Ciudad de México)

BibliografíaBENAVIDES HINOJOSA, Artemio

Bernardo Reyes, un liberal porfrista

, Tusquets, México, 2009, 380 pp.

BULNES, Francisco

El verdadero Díaz y la revolución

, Editorial Eusebio Gómez de la Fuente, México, 1920, 430pp.GUERRA, François-Xavier

México: Del Antiguo Régimen a la Revolución

, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, 2vols.

Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Guerra y Marina

, presentada al Con-greso de la Unión por el secretario del ramo, General de División Bernardo Reyes, comprende

del 1º de julio de 1901 al 31 de diciembre de 1902, (Anexos) Tomo I, Topografía de la Ocina

Impresora de Estampillas, Palacio Nacional, México, 1903.

Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Guerra y Marina

, presentada al Con-greso de la Unión por el secretario del ramo, General de División Manuel González Cosío,

comprende del 1º de julio de 1906 al 15 de julio de 1908, (Anexos), Talleres del Departamento

de Estado Mayor, Palacio Nacional, México, 1909.NIEMEYER Jr., Eberhardt Victor

El General Bernardo Reyes

, Gobierno del estado de Nuevo León, Centro de Estudios Hu-manísticos de la Universidad de Nuevo León, Monterrey, México, 1966, 261 pp.REYES, Bernardo

Conversaciones militares escritas para las academias del 6º regimiento de caballería per-manente

, por el jefe del mismo, coronel C. Bernardo Reyes, San Luis Potosí, 1879, 3ª ed.,

corregida por el autor, 1886, Imprenta del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores,Monterrey, México, 92 pp.

Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guar-dia Nacional

, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, 81 pp.RODRÍGUEZ KURI, Ariel, y, TERRONES, María Eugenia“Militarización, guerra y geopolítica: el caso de la ciudad de México en la Revolución”, en

Relaciones, revista de estudios de historia y sociedad

, núm. 84, otoño 2000, vol. XXI, El Co-

legio de Michoacán, México, 2000, pp. 175-224.

http://unam.academia.edu/LuisSanchez/Papers/444185/Bernardo_Reyes_y_el_intento_de_modernizacion_del_ejercito_mexicano_1900-1902
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Re: Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Mensaje por Motul Ajaw el 20/9/2012, 10:43 pm

Que buen tema y bien interesante en especial por eso de el fusil mondragony el cañon de campaña que segun tengo entendido tuvieron adelantos significativos en cuanto a los mecanismos.

Espero los comopañeros expertos emplien este tema tan interesante.
mas 1 compa se lo gano con creses alabado
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Re: Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Mensaje por Monakyo101 el 20/9/2012, 11:06 pm

Usted siempre trayendo tan buenas aportaciones compañero Xicotencatl.+ Firmes
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Re: Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Mensaje por Xicoténcatl el 21/9/2012, 12:40 am

Monakyo101 escribió:Usted siempre trayendo tan buenas aportaciones compañero Xicotencatl.+ Firmes

Compañero Monakyo me agrada que las aportaciones que hago le gusten, sin embargo, todo el crédito es para los autores de dichas publicaciones, yo sólo tengo la fortuna de encontrarmelas.

Por cierto, que interesante es el estudio de la historia mexicana. Saludos!
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Re: Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Mensaje por Enemigo Público el 21/9/2012, 12:41 am

+1 Compañero, excelente tema.

No hay duda que siempre ha habido generales visionarios y por desgracia del país, políticos mezquinos.
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Re: Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Mensaje por Xicoténcatl el 21/9/2012, 12:48 am

Enemigo Público escribió:+1 Compañero, excelente tema.

No hay duda que siempre ha habido generales visionarios y por desgracia del país, políticos mezquinos.

Al finalizar la lectura de éste artículo me vino a la mente la fábula sobre el pescador y los cangrejos mexicanos; coincido con su comentario.

Gracias por el +1, Enemigo Público. Saludos!
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Re: Bernardo Reyes y el intento de modernización del ejército mexicano,1900-1902

Mensaje por Monakyo101 el 5/2/2017, 8:52 pm

La instrucción militar como parte esencial de la educación civil durante el Porfiriato.


Posted on 23 octubre, 2013 by Luis I. Sánchez

Escuela Industrial Militar. Salón Escolar. Año: 1902

Probablemente afirmar que la “educación” ha sido y es una de las actividades más importantes para el progreso de un país es innegable, y me parece que es una afirmación que ha durado ya muchos años. Prueba de esto es que en el [url=http://maps.google.com/maps?ll=19.05,-99.3666666667&spn=10.0,10.0&q=19.05,-99.3666666667 (mexico)&t=h]México[/url]decimonónico, la educación fue considerada (y hasta cierto punto lo sigue siendo) como una “panacea” que ayudaría a desterrar de la nación todas las trabas que su traumática historia le había heredado, y que pondrían al país en las tan anheladas vías del desarrollo y el progreso. Esta forma de ver a la educación como remedio de todos los males cobró aún mayor fuerza con la llegada de la etapa de paz por la que es conocida (entre otras cosas, desde luego) el Porfiriato.
De esta forma, durante dicha época se desarrollaron una serie de preocupaciones por parte de la elite dominante tendientes a la regeneración de la sociedad, siendo la educación “una de las herramientas básicas con la que los grupos dirigentes imaginaron resolver todos los problemas del país a lo largo del siglo XIX”. La postura de los pedagogos e ideólogos de la época se avocó a la unificación del país por medio de la educación, proyecto que ahora se mostraba más posible de realizar, dadas las condiciones de paz, progreso y seguridad que para entonces ofrecía la nación.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn1_3201][1][/url] De esta manera, lo que se buscó fue la implantación de una política educativa que formara ciudadanos con valores cívicos y morales, los cuales ayudarían activamente al progreso del país, cuestión que se vio traducida en una continua tarea de fomento por parte del Estado mexicano por “conformar una moral asociada con la ética por el trabajo”, creando así “un individuo afianzado en los valores del progreso y dedicado a una empresa productiva”.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn2_3201][2][/url]
Así, se buscó “hacer de los educandos ‘ciudadanos particularmente mexicanos’, por lo que se recomendó que se les inculcara ‘el amor hacia la patria y a sus instituciones, así como el propósito de contribuir al progreso del país y al perfeccionamiento de sus habitantes”.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn3_3201][3][/url] Una de las formas que los pedagogos e intelectuales de la época consideraron como de mayor eficacia para inculcar en los alumnos estas ideas patrióticas y cívicas, fue la instauración de la enseñanza de la historia, pues “estaba claro que la importancia de esta materia radicaba en la formación de ciudadanos cumplidos y de mexicanos unidos para lograr la paz, el progreso y, en caso necesario, defender la integridad nacional”.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn4_3201][4][/url]
Como es fácil imaginar, una política educativa cuyo fin fuera la creación de un nuevo tipo de ciudadano, comprometido activamente con la sociedad en la cual se desenvolvía, tenía que poner especial atención en la instrucción de los miembros más jóvenes de la misma. Así, “‘pensar a los ciudadanos en el siglo XIX pasaba por un proceso de diferenciación de la infancia como la etapa clave para cimentar y construir los nuevos valores”, lo que otorgó al periodo de la niñez una importancia vital, considerándolo “como el lugar privilegiado para la formación de esta moral”.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn5_3201][5][/url]
Esta visión de la educación como “panacea social” fue compartida por diversos grupos dirigentes durante todo el Porfiriato, tal como la corriente higienista que tanta importancia cobró durante esta época.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn6_3201][6][/url] Por su parte, algunos mandos superiores del ejército no fueron la excepción en cuanto a sopesar los benéficos resultados que podría traer la educación a los cuarteles.
Así, esta percepción permeó, y de manera considerable, el ámbito castrense mexicano, siendo Bernardo Reyes uno de los militares que mayor atención puso al problema de la educación en el ejército, pues ésta era especialmente importante en la profesión militar, ya que un error cometido por la falta de educación podía acabar con numerosas vidas. Según Reyes,
el filósofo que se extravía en una doctrina; el comerciante que yerra en un cálculo; el artista que puede embellecer su obra, pierden poco, su fortuna o su reputación de hábiles; pero el soldado que se equivoca acaba con millares de vidas, compromete o pierde la causa que defiende, destruye los elementos que se le confían; arruina a su patria.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn7_3201][7][/url]
Por esto, la educación debía de ser una de las bases fundamentales que caracterizara a los elementos del ejército.
Además de lo anterior, la “ilustración” de la casta militar resultaba una tarea bastante importante, puesto que para la época porfiriana, el grueso de los soldados que conformaban la tropa del ejército carecían por completo de las más mínimas nociones de instrucción, lo que afectaba la composición interna de la institución militar, al no contarse con individuos con un ideal patriótico y que sirvieran en las armas con esmero, dedicación y convicción. El profesor militar Francisco Marín se refirió —con mucho desaliento—, a este hecho en 1907, afirmando que:
¡Dieciocho mil soldados sin educación intelectual ni moral, integran el Ejército Nacional compuesto de veinticinco millares de hombres…! […] Nuestra tropa es inculta, y lo será, hasta el ansiado instante histórico en que sea coronada la colosal obra de educación que realizan juntas la Secretaría de Guerra y la de Instrucción Pública.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn8_3201][8][/url]
Pero si bien la educación era un asunto de la mayor importancia dentro de las instituciones militares, probablemente era aún mayor la preocupación del general Reyes por instaurar una educación de corte marcial en las escuelas de educación primaria, con el objeto de que no sólo los militares de carrera (ya fuesen soldados rasos, oficiales o jefes), sino que el grueso de la población pudiera acceder a la instrucción militar desde “su más tierna infancia”, esto con el propósito de que se inculcara en las mentes de la juventud mexicana una serie de valores cívico-marciales tendientes a generar un sentimiento unidad y amor a la patria, y el consiguiente deseo por defenderla.
Con este proyecto en mente, el general Reyes escribió dos ensayos en los cuales se dedicaba a desmenuzar los diversos problemas que aquejaban al ejército, así como las posibles propuestas para solucionar tales deficiencias. El primer ensayo se tituló Conversaciones Militares[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn9_3201][9][/url] y trató diversos deficiencias que aquejaban al ejército mexicano, pero no fue sino hasta el segundo, titulado Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional,[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn10_3201][size=9][size=16][10][/size][/url] y publicado en 1885, en el que abordó el problema de la instrucción militar en las escuelas primarias de modo más directo.[/size]
Así pues, Reyes propuso la introducción, con la ayuda y acuerdo de los gobernadores de los estados, de un moderado régimen semi-militar en todas las escuelas de la República, toda vez que, según el autor, para que la sociedad adoptara el servicio militar obligatorio, tenía que principiarse por inculcar en los niños y jóvenes el amor a la patria y el sentido del deber para con ésta, a todas las clases sociales de un modo práctico y de manera temprana, por lo que la solución se encontraba en implantar en los planes de estudio vigentes, cursos y prácticas que tuvieran que ver con la formación militar:
El plan general desarrollado por medio de adecuados reglamentos en que la disciplina tendría gran parte, consistiría en emplear las horas en que no hay ocupación expresa en los educandos, para iniciarlos del modo más ameno posible en las ideas y en las prácticas que sirven de preparación para obtener mayores conocimientos militares; pudiendo desde luego ser útiles a los jóvenes en caso de emergencia; enaltecida ya con educación tal, la virilidad de su espíritu y desarrollada higiénicamente la robustez material por medio de los ejercicios tácticos.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn11_3201][size=15][11][/size][/url]
De esa forma tales enseñanzas irían echando raíz en la vocación de los jóvenes, lo que permitiría que muchos de éstos adoptaran la carrera de las armas por verdadera convicción y no por obligación, como sucedía entonces. Esto revitalizaría al ejército al contar con verdaderos elementos útiles dentro de sus filas, que tuvieran aprecio a la clase militar y que no desdeñaran pertenecer a ella.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn12_3201][size=9][size=16][12][/size][/url][/size]
A pesar de que dicha medida no fue tomada en cuenta en su momento (aunque en 1896 se retomaría un esbozo de la misma), probablemente por lo radical de su naturaleza y sus resultados, que habrían provocado la militarización de prácticamente toda la sociedad —algo inadmisible por buena parte de los grupos dirigentes de entonces, identificados con un movimiento civilista, opuesto lógicamente a cualquier intento militarista—, Reyes no olvidó tales ideas reformistas y a su llegada al Despacho de Guerra en 1900, tuvo la oportunidad de llevarlas a la práctica.
Aunque no logró establecer las prácticas militares a las que aspiraba, sí logró hacer que se usara una cartilla de ejercicios militares en todas las escuelas primarias del país. Dicha cartilla no serviría como un libro de texto sobre el cual el alumno estudiaría directamente, sino que dicho documento sería usado única y exclusivamente por el profesor encargado de la enseñanza, quien con base en los lineamientos de la cartilladebería de impartir sus lecciones orales. Así lo expresó el Diario Oficial el 23 de mayo de 1901:
Dada cuenta del dictamen emitido por la Comisión nombrada por esa Dirección [General de Instrucción Pública] para estudiar la conveniencia de adoptar en las Escuelas Nacionales Primarias la Cartilla de Ejercicios militares, mandada formar para ese fin por orden de la Secretaría de Guerra; el Presidente de la República, en vista de que no se trata de un libro que deba servir de texto para que en él estudie el alumno, sino de las bases para que el Profesor de sus lecciones orales, ha tenido a bien disponer: que mientras llega la oportunidad de cumplir con lo preceptuado en la fracción III, artículo 67 de la ley de 3 de junio de 1896, se adopte la expresada cartilla, de la cual acompaño un ejemplar, a fin de que, según ella, den los Profesores sus clases orales relativas a la expresada materia.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn13_3201][size=15][13][/size][/url]
Sobre la citada ley de 3 de junio de 1896 —cuyo nombre oficial fue el de Ley reglamentaria de instrucción obligatoria en el Distrito Federal y Territorios de Tepic y la Baja California—, valdría la pena decir un par de cosas: Su importancia radicó en que dicha disposición buscó unificar los planes de estudio para todas las escuelas primarias en los territorios directamente administrados por la federación, así como la obligatoriedad de tal instrucción para los niños y niñas de 6 a 12 años de edad (art. 1º); además, se afirmó el carácter gratuito y laico de la instrucción impartida en las escuelas oficiales (art. 2º); pero el artículo que verdaderamente interesa para la cuestión de la instrucción militar en la educación civil, es el 3º de esta ley, pues expuso el programa de enseñanza el cual incluyó lagimnasia y los ejercicios militares como parte del plan de estudios obligatorios[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn14_3201][size=9][size=16][14][/size][/url] con los que, junto con la cartilla de instrucción militar, se buscó dar una preparación a los niños que estuviera más orientada a la disciplina y rigor castrenses, con el objeto, como ya se ha mencionado, de infundir en las generaciones jóvenes un verdadero amor por la patria, con el cual se lograría un buen servicio en las armas.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn15_3201][size=16][15][/size][/url][/size]
Además de lo anterior, también se buscó atraer a la naciente “clase media” de principios del siglo XX hacia el ejército, pues según el pensamiento de Reyes, los individuos de esta clase social, preparada, profesionista y con una formación cívica considerable, podrían fungir como excelentes oficiales de reserva que entrarían en funciones para encuadrar grandes cantidades de tropa en el caso de que la soberanía nacional peligrara. Por ello, el general Reyes ideó la creación de laSegunda Reserva y, con ella, un manual que al estilo de lacartilla de ejercicios militares, pudiera ser usado por los instructores para formar con buen éxito a los aspirantes a reservistas, llamada sencillamente Manual del oficial subalterno.[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftn16_3201][16][/url]
Sin embargo, las desavenencias políticas y otros factores impidieron que Reyes continuara su labor reformadora, la que se detuvo en seco en diciembre de 1902, cuando firmó su renuncia al Ministerio de Guerra y volvió a la capital de Nuevo León a retomar su puesto de gobernador.
Para terminar, hay que mencionar que no fue Reyes el último que habló de la instrucción militar en la educación pública, pues de hecho la idea germinal prevalece incluso en nuestros días: el artículo 3º de la Ley del Servicio Militar dice, de manera expresa, que: “La Secretaría de la Defensa Nacional prestará toda clase de ayuda a las autoridades educativas de los Estados en que no haya coordinación con la Federación en esta materia, para el cumplimiento de las funciones de instrucción militar a que se refiere la fracción I del artículo 31 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a fin de intensificar la eficacia de la instrucción, de unificar los sistemas para impartirla y de controlar los resultados”.
Como vemos, una idea bastante vieja (ya el barón Antoine Henri de Jomini había hablado al respecto en su obra El arte de la guerra, de la que seguramente abrevó el general Reyes para formular sus reformas), y con una actualidad palpable pero que, al menos en el caso de México, no se lleva a cabo.
 


Recursos digitales descargables:
JOMINI, Baron Antoine Henri de, The Art of War: Restored Edition, Legacy Press Books Classics, 2009, 372 pp.
Ley del Servicio Militar, 23 de enero de 1998.
Manual del oficial subalterno, Talleres de Ramón de S. N., Callejón de Santa Inés núm. 5, México, 1901, 156 pp.
REYES, Bernardo, Conversaciones militares escritas para las academias del 6º regimiento de caballería permanente, por el jefe del mismo, coronel C. Bernardo Reyes, San Luis Potosí, 1879, 3ª ed., corregida por el autor, 1886, Imprenta del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, Monterrey, México, 99 pp.
REYES, Bernardo, Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, 145 pp.
SIERRA, Justo, Manual escolar de historia general, Tipografía de la oficina impresora de estampillas, Palacio Nacional, México, 1904, 611 pp.
Nota: El manual del oficial subalterno, el escolar de historia general, y los dos ensayos del general Reyes, fueron tomados de la excelente Colección Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
 


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[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref1_3201][1][/url] Castillo Troncoso, Alberto del, “Entre la criminalidad y el orden cívico: imágenes de la niñez durante el Porfiriato”, enHistoria Mexicana, vol. 48., núm. 2, México, 1998, p. 297.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref2_3201][2][/url] Miranda Ojeda, Pedro, “La importancia social del trabajo en el México del siglo XIX”, en Historia, v. 25, núm. 1, Sao Paulo, 2006, p. 123.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref3_3201][3][/url] Bazant, Mílada, Historia de la educación durante el Porfiriato, El Colegio de México, México, 1993, p. 42.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref4_3201][4][/url] Bazant, Mílada, Historia de la educación durante el Porfiriato, El Colegio de México, México, 1993, p. 64.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref5_3201][5][/url] Castillo Troncoso, Alberto del, “Entre la criminalidad y el orden cívico: imágenes de la niñez durante el Porfiriato”, enHistoria Mexicana, vol. 48., núm. 2, México, 1998, p. 301.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref6_3201][6][/url] Para mayor información sobre los objetivos, métodos y desafíos que debió de enfrentar dicho grupo en la Ciudad de México, véase, Agostoni, Claudia, Monuments of progress.Modernization and public health in México City, 1876-1910, Calgary, University of Calgary Press / University Press of Colorado / Universidad Nacional Autónoma de México, 2003, 231 pp.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref7_3201][7][/url] Reyes Bernardo, Conversaciones militares escritas para las academias del 6º regimiento de caballería permanente, por el jefe del mismo, coronel C. Bernardo Reyes, San Luis Potosí, 1879, 3ª ed., corregida por el autor, 1886, Imprenta del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, Monterrey, México, pp. 22-23.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref8_3201][8][/url] Memoria de Guerra, 1906-1908, anexos, p. 248.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref9_3201][9][/url] Reyes Bernardo, Conversaciones militares escritas para las academias del 6º regimiento de caballería permanente, por el jefe del mismo, coronel C. Bernardo Reyes, San Luis Potosí, 1879, 3ª ed., corregida por el autor, 1886, Imprenta del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, Monterrey, México, pp. 25-26.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref10_3201][10][/url] Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, 145 pp.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref11_3201][11][/url] Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, pp. 48-49.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref12_3201][12][/url] Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, pp. 50-51.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref13_3201][13][/url] Diario Oficial, 23 de mayo de 1901, t. LIV, pp. 6-7. La fracción III del artículo 67 de la ley de 3 de junio de 1896 no hace referencia más que a la atribución que tenía el Director General de Instrucción Primaria, de “Proponer al Ministerio del Ramo, cuatro meses antes de la terminación del año escolar, las obras que han de servir de texto al año siguiente [para] las escuelas oficiales de instrucción primaria del Distrito y Territorios federales; a cuyo efecto examinará y estudiará las que deben proponerle, con un mes de anticipación, las dos Escuelas Normales establecidas en el Distrito Federal y las que le sean consultadas por los directores de las escuelas primarias y por los particulares”, Colección Digital – Universidad Autónoma de Nuevo León (CD-UANL, en lo sucesivo) Dublán, Manuel y Lozano, José María, Legislación Mexicana, o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República, arreglada por los licenciados Adolfo Dublán y Adalberto A. Esteva, continuación de la ordenada por los Lics. Manuel Dublán y José María Lozano, edición oficial, México, 1908, t. XXVI, p. 234.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref14_3201][14][/url] CD-UANL, Dublán, Manuel, Lozano, José María,Legislación Mexicana, o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República, arreglada por los licenciados Adolfo Dublán y Adalberto A. Esteva, continuación de la ordenada por los Lics. Manuel Dublán y José María Lozano, edición oficial, México, 1908, t. XXVI, p. 223.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref15_3201][15][/url] A pesar de las disposiciones citadas, no es posible saber a ciencia cierta si la cartilla de ejercicios militares fue en efecto utilizada o, si sus preceptos fueron implementados, qué grado de penetración tuvo en las escuelas y sus respectivos efectos en los alumnos. No obstante, podría inferirse que dicha cartilla fue el antecedente a los modernos ejercicios llevados a cabo por los estudiantes en la materia “educación física” y que en 1905, fue conocida como “cultura física”, que debía practicarse mediante ejercicios corporales, Bazant, Míalda, Historia de la educación durante el Porfiriato, El Colegio de México, México, 1993, p. 43.
[url=https://facetashistoricas.wordpress.com/Users/luis/Documents/My Box Files/Blog/#_ftnref16_3201][16][/url] Manual del oficial subalterno, Talleres de Ramón de S. N., Callejón de Santa Inés núm. 5, México, 1901, 156 pp.

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